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Opinión

  • | 2016/06/21 16:00

    “La lista negra de Hollywood: Trumbo” Jay Roach, 2015

    Trumbo es antes que nada el símbolo de una tragedia, entre imagen e imagen además de oprobio y atropello, también se filtra fortaleza, heroicidad y entereza de carácter y pensamiento.

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Existe un vago y difuso conocimiento sobre la confluencia de ciertos acontecimientos inmediatos a la finalización de la segunda guerra, acaecidos en los Estados Unidos, como son la llamada guerra fría en que de tener como aliados a los rusos para vencer a Hitler, pasaron luego a ser lo más terrible de la humanidad y quien tuviera algo de simpatía por ellos, fue considerado enemigo público, perseguido y diezmado. Que adquiere ribetes tanto de grotesco y ridículo como de abuso y atropello, cuando dicha persecución se centra en algunos intelectuales y personas pertenecientes a su poderosa industria fílmica; hecho conocido como la caza de brujas de Hollywood, que por ser quienes eran, todos famosos y populares, gana dimensiones públicas insospechadas.

Por ello mismo se llena inmediatamente de mitos y equívocos, que con el transcurrir de los años han ido aumentando, de tal forma que cada vez más se distorsiona y se mitifica lo sucedido realmente y que sirvió, además, para ocultar la verdadera gran caza de brujas que se realizó simultáneamente en universidades y centros de enseñanza contra todo profesor o intelectual que simpatizara con ideas socialistas o de carácter progresista, sin la menor difusión y sin que nadie lo supiera, pues toda la gente y los medios estaban con la sensación mediática del momento que era ver a sus estrellas envueltas en estas acusaciones.

Hacia allá apunta la película de esta ocasión, a relatar y a escenificar en la vida de un individuo un lamentable hecho que recorre la existencia de la humanidad misma, cuando los que detentan el poder y en la defensa de su status quo acuden a penalizar y a satanizar las ideas de quien piensa diferente, así atacar a quien tiene pensamientos distintos es la mejor defensa de sus intereses y conservación de su posición de poder, donde ese inmenso aparato llamado estado, a través de su gobierno, sistema judicial y policivo, se encargan con saña y alevosía de perseguir y ejecutar al disidente, al que no acepta que le digan cómo debe pensar y actuar.

El librepensador siempre ha sido la principal víctima y ya desde la tragedia griega con Antígona de Sófocles hasta el día de hoy, pasando por los dramas de la Ilustración o el Guernica de Picasso, son muchas las representaciones pictóricas y literarias que aluden a esta temática de permanente actualidad y que con gran valor civil muchos desarrollan como una forma más de oponerse a que ello se perpetúe, o que se olvide a través del silencio y del ostracismo.

El relato se centra en recrear momentos importantes en la vida de Dalton Trumbo, el famoso guionista de Hollywood que para el año de1947, cuando empieza toda esta ignominia, ya se ha convertido en el más célebre de todos los guionistas y es el más talentoso de la mayor industria del cine en el mundo. A través de escenificar diversos episodios sobre Trumbo, también se van presentando como en una especie de trasfondo, mérito del guión, muchos aspectos de carácter comercial de esta megapoderosa empresa que produce millones y millones de dólares anualmente. Agregando algunos datos personales sobre famosos actores desde el punto de vista político, algo que las revistas de chismes nunca podrían plantear (pues sus editores como lectores no distinguen entre el pensamiento de un Che Guevara y un George Bush). Así se confirma el carácter reaccionario de un John Wayne, Robert Taylor o Ronald Reagan, a su vez de los que están a su favor y lo apoyan como Gregory Peck y Kirk Douglas.

También se ilustra el papel que jugó el famoso actor Edward Robinson, recordado por muchas cintas del llamado cine negro, quien primero lo apoyó y luego se retractó públicamente. De estos últimos sí que hubo muchos que ante los medios modificaron sus opiniones y le retiraron su apoyo, de ellos el más conocido y sonoro caso es el de Humphrey Bogart (Se sabe biográficamente que Trumbo escribió pidiéndole colaboración a famosos escritores contemporáneos como Ernest Hemingway, Tennessee Wiliams, Wiliam Faulkner y John Steinbeck, de los que nunca recibió ni siquiera respuesta).

La escenificación de todos estos sucesos tiene muy en cuenta presentar a algunos de los otros implicados, en cuanto que son amigos y allegados de Trumbo, los que fueron denominados como “los diez de Hollywood”, término que se presta para equívocos, pues en realidad fueron cerca de 300 personas del medio fílmico quienes fueron llamadas a declarar ante el comité de acusaciones del Congreso. En lo que sí parece algo confusa la narración es en algunos momentos en que de pronto cae en volver todo una cuestión personal de odio, de envidia y de celos por parte de la persona que muy bien encarna la actriz Hellen Mirren, de tal forma que figura como que ella es la causa de todo y nada más.

En lo que sí puntualiza y enfatiza el guión, específicamente, es en la parte relacionada con el hecho de que al ser condenados por desacato, única figura jurídica que lograron para poder encarcelarlos, cuando salen todos ellos están sin trabajo y acuden a seguir escribiendo con seudónimo para los empresarios de Hollywood. Doble ironía, capitalismo a fin de cuentas, pues la misma industria que los abandonó y los entregó a sus verdugos, ahora los recibe clandestinamente, de tal forma que les paga cualquier bagatela a los mejores y más talentosos, logrando a cambio grandes películas y como siempre, con inmensos ingresos taquilleros.

Esto de escribir con seudónimo como práctica de sobrevivencia y a la vez de burlarse del veto establecido a los que estaban en la lista negra, ya había sido llevado a la pantalla grande, hace ya 40 años, exactamente en 1976 cuando Martin Ritt dirige “El testaferro” (The Front) con guión de Walter Bernstein, quien tuvo que vivir algo de las secuelas de dicha lista negra y por tanto escribe con mucho conocimiento de causa sobre aquellos amargos y duros años, con la actuación como protagonista de Woody Allen. Tímidos planteamientos sobre aquella época, muy comprensible por cierto, pero que ya alguien se atrevía a exponer, y se podía hacer, quizás, porque dos años atrás había tenido que renunciar a la presidencia de los Estados Unidos, Richard Nixon, quien por aquellos años era un joven representante a la Cámara por el estado de California, quien estuvo muy activo en dicha persecución y fue el ayudante perfecto del senador McCarthy en aquella caza de brujas. Muchas son las fotos en que se le ve como asistente del gran inquisidor y en la película que hoy se comenta, su director Jay Roach se las ingenia muy bien para intercalar dichas fotos.

Así que tiene cierto sabor a desquite, aunque sea un amargo triunfo, cuando Trumbo con seudónimo gana en dos ocasiones el premio Oscar, que no puede recibir, producto de esta “deshonra nacional” como él mismo dirá años más tarde sobre lo que tuvieron que soportar y sufrir durante largos años. La película viene a demostrar que Dalton Trumbo es mucho más que su  trágica vida personal con todos los avatares e injusticias que tuvo que vivir y soportar (En el 2007 se realizó un interesante documental “Trumbo”, dirigido por Peter Askin y con guión de uno de sus hijos, Christopher Trumbo, quien partiendo de muchas de sus cartas, de las cuales algunos fragmentos son leídos por famosos actores, elabora un retrato muy personal e íntimo de su padre, el talentoso guionista de la llamada época de oro de Hollywood).

Trumbo es antes que nada el símbolo de una tragedia, una especie de mártir y aunque la película acude básicamente a lo personal, entre imagen e imagen además de oprobio y atropello, también se filtra fortaleza, heroicidad y entereza de carácter y pensamiento. Hace pocas semanas se acaba de morir un gran atleta y deportista, el gran Alí campeón de boxeo, pero más grande que sus hazañas deportivas, lo fue por no ceder un ápice en sus convicciones, no importa la cárcel y todas las demás injusticias de las que fue víctima. Por ello quedan por siempre en el corazón de los pueblos, de manera imborrable y como Trumbo (que por algo escribió ese guión libertario sobre el famoso esclavo romano Espartaco), pasan a la historia como ejemplo de lucha y resistencia, y antes que nada, de nunca ceder ni llegar a modificar principios y creencias ante un descomunal aparato estatal que se ensaña contra los que piensan y actúan diferente, contra los que reivindican el derecho a la libertad de pensamiento. Esta ominosa lista será recordada como una página negra de la denominada mayor democracia del mundo.

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