10 noviembre 2012

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¡Tú también puedes ser secretario de Petro!

Por Daniel Samper OspinaVer más artículos de este autor

OPINIÓNMe gusta que ponga al Acueducto a recoger la basura: no en vano el agua de Bogotá comienza a ser impotable, como él.

¡Tú también puedes ser secretario de Petro!.

El aviso clasificado decía: “¿Buscas un empleo temporal? ¿Te gustaría tener una experiencia laboral de tres meses? ¡Tú también puedes ser secretario de Petro! Ingresa ya mismo al gabinete y haz una práctica como secretario de cualquier cartera. Gerencia TransMilenio y maneja pasajeros como si fueran
vacas. ¡Permite que te nombren en la Secretaría de Gobierno y reemplaza al alcalde Petro cada vez que ingrese a la clínica!”.

Dudé mucho antes de llamar. La verdad es que me daba pereza regresar a la izquierda: ¿otra vez ponerme las desjetadas botas de gamuza que heredé de mi papá y el chal de lana con el que duerme el perro? ¿De nuevo dejarme crecer la greña en la parte trasera de la calva, a la manera de Daniel García Peña?

Sin embargo, dada mi conciencia ecológica, decidí regresar, qué diablos: ser de izquierda es la manera más efectiva de ahorrar agua. El verdadero militante nunca se baña.

Recorte en mano, me dirigí al Palacio Liévano y ante el alcalde mayor tomé posesión del cargo. Y si aprovecho este espacio para renunciar, hago énfasis en que lo hago por motivos personales; no por diferencias con él, a quien valoro casi tanto como lo han valorado últimamente los médicos de la Santa Fe.

Como rompí récord de permanencia en el cargo, no quiero parecer desagradecido: trabajar en la Alcaldía fue una experiencia única en la que cada día era una sorpresa. No nos sometían a la tediosa rutina de trazar metas y cumplirlas. El único momento fijo era “la hora pico”, que sucedía cuando Petro besaba a su mujer para refrendar ante nosotros la política del amor. ¡Maledicentes quienes sugirieron en los pasillos del Palacio que el chichón del alcalde fue porque su esposa lo esperó, sartén en mano, luego de una sórdida noche de juerga! ¡No señor! ¡En la izquierda la sartén solo sirve para hacer ‘cacerolazos’! ¡Quienes le dan al alcalde en la cabeza son los medios, solamente, porque nadie ama tanto a su mujer como el funcionario de izquierda. Y al precio que sea: miren la tragedia del mismo Daniel García Peña y su esposa, un matrimonio militante que se hizo nombrar en la Alcaldía al mismo tiempo y que terminó en la calle en simultánea con una renuncia heroica en la que le recordaban a Petro que un déspota, por ser de izquierda, no deja de ser un déspota. Ya desempleados, dejaron de almorzar en Harry´s y regresaron al vino de caja en el chorro de Quevedo, al Mustang suelto, al canelazo gratis del teatro La Mama. La gente de izquierda sin cargo burocrático hace unas cosas horribles, pobre gente. Por fortuna, García Peña no es dogmático y se hizo nombrar cónsul de este gobierno de derechas en París: porque un burgués, por ser de izquierda, no deja de ser un burgués.

Yo era de los que criticaba al alcalde desde afuera, no lo niego. Creía que estaba rodeado por secretarios que parecían salir de rumba con Julio Nava porque ninguno tenía perfil: ¿por qué no salir de la señora Flechas, cuyo apellido es una indignante paradoja, y nombrar en la Secretaría de Movilidad a Piedad Zuccardi, por ejemplo, que sí sabe de desplazamientos?

Pero mis prevenciones se desboronaron durante estos cuatro días en que trabajé con el doctor Petro, y hoy en día celebro su gestión: aplaudo que le declare la guerra a los constructores y amenace a quienes viven en el barrio Santa Ana: son formas de gobierno que envidaría el mismo Chávez; me gusta que ponga al Acueducto a recoger la basura: no en vano el agua de Bogotá comienza a ser impotable, como él. Y apruebo que construya TransMilenios sin retornos: al fin y al cabo acá los únicos que tienen retornos son los contratistas.

Dejo en claro que si renuncio es por idénticas razones a las que adujo el doctor Navarro Wolff para dejar su puesto: y es que quiero pasar más tiempo con los hijos de él.

Le deseo la mejor de las suertes al alcalde. Quiera Dios que la captura de alias el Gomelo intimide a Gina Parody y que los concejales le marchen cuando estrenen las 45 camionetas que se quieren comprar: las merecen para utilizar los subsidios de gasolina que se asignan entre ellos. Solo pido que las consigan con parachoques, por si Ati Quigua repite curul, y que Roy Barreras siga el ejemplo y compre de a dos camionetas por senador, como quería: una para la esposa y otra para la moza.

También agradezco a mis excompañeros de gabinete, en especial a la perrita Bacatá, con quien el alcalde solía posar en los medios. Al principio resultaba extraño que un alcalde se retratara con un gozque callejero: aparecía en fotos de prensa con los ojos vidriosos y el pelo despelucado, y parecía que tuviera rabia. Y lo mismo se podría decir de Bacatá. Pero la perrita no es de malas pulgas, a diferencia de él; y le regaló el collar a su amo, porque sabe que terminará perdiéndose.

Por último, ruego al alcalde que siga mi ejemplo. No nos engañemos: cualquiera sabe que el único que falta por abandonar su gabinete es él. El gabinete del baño, para empezar, donde, por instinto guerrillero, trataba de combinar todas las formas de ducha; pero también el gabinete distrital. Señor alcalde: renuncie. Alargue “la hora pico” con su esposa. Vivan a fondo la política del amor. Y permítanos sobrevivir con lo que nos dejó de ciudad luego de su paso.
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