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Opinión

  • | 1993/05/03 00:00

    TV o no TV

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EL PROBLEMA DE LA MALA EDUCACION de unos niños
barranquilleros logró por fin que la sociedad colombiana se le midiera a un debate largamente aplazado: el de cuáles son los valores que queremos que transmita nuestra televisión, para proteger a nuestros hijos de las indudables influencias no siempre buenas que ella produce.
Lo que sucede es que no se utilizaron los canales apropiados, y que en el fondo de este debate, nadie entendió nada. La viuda de Vargas está equivocada si cree que ahora sí tendrá niños educados. El juez está equivocado si aspira a que su desvertebrada providencia pase el examen de la Corte Constitucional. El Consejo Nacional de Televisión está equivocado si cree que, solo por prohibirlos, desaparecerán el sexo y la violencia en nuestra televisión. Y los no pocos televidentes que se sienten interpretados con este incidente, también están equivocados si creen que eliminarán la violencia del país eliminándola de la televisión. Eso solo sirve para calmar las conciencias. La violencia y la pornografía seguirán en las calles.
Lo que hizo la viuda de Vargas sería equivalente a demandar a los fabricantes de cuchillos porque los niños se cortaron jugando con ellos en la cocina. La tutela es una acción individual que debe producir consecuencias individuales, exactamente el restablecimiento de un derecho que le ha sido vulnerado al tutelante. Para lo que no se inventó definitivamente fué para que el problema de unos niños necios, o mal influenciados, se convirtiera en el problema de todo un país y de sus autoridades.
Pero la viuda de Vargas está en libertad de hacer lo que quiera con sus hijos, y de intentar ingeniosas carambolas con la tutela que le da la ley. Otro cantar es el del juez Israel Bosiga, cuya providencia (pocos de los que en este debate han opinado se la han leído: yo me la leí) contiene una mezcla de sentido común con insensatez jurídica. El juez dice claramente en su providencia que no le concede a la viuda de Vargas la tutela porque no es posible probar que la mala educación de sus hijos se deba a la mala influencia de las novelas que ven.
Pero a cambio, se saca del bolsillo el artículo 44 de la Constitución, que habla de algo tan supremamente gaseoso como el "derecho de los niños a su desarrollo armónico e integral", para conceder la tutela de los Vargas y para hacerle a la televisión colombiana ciertas recomendaciones en las que inevitablemente el juez patina.
¿Cuál es el umbral de la violencia y del sexo aptos para niños, y el sexo y la violencia que no lo son? Mientras que el juez ordena categóricamente que el primer tipo se elimine de la televisión. al segundo tipo, el apto, le impone el requisito de aparecer acompañado de un aviso que les indique a los padres que deben ver el programa en compañía de sus hijos. Hasta donde yo tengo conocimiento, existe entre las autoridades de televisión un organismo encargado de vigilar que ciertas escenas de televisión no desborden unos parámetros que solo son gobernados por el buen gusto y por el sentido común, y no por ningún inexistente sexómetro o violentómetro. De hecho, en varias oportunidades algunas programadoras han sido sancionadas por traspasar este umbral. Pero a jusgar por las quejas de la viuda de Vargas al juez no le parece que este organismo de vigilancia esté funcionando, y por eso le solicita a la Procuraduría investigar si ha cumplido eficientemente o no sus funciones de vigilancia de la programación.
Al miedo ante la perspectiva de esa investigación es al que yo atribuyo la extraña forma como el Consejo Nacional de Televisión acogió las recomendaciones del juez.
Se lavó las manos, reproduciendo al pie de la letra la prohibición de que no podrá haber sexo o violencia "no aptas para niños". pero sin hacer ningún esfuerzo por esclarecer hasta dónde llega lo apto. Luego impone el control previo (¿o censura?) sobre cierta programación. Y finalmente impone inauditas restricciones sobre la emisión de los espacios noticiosos diurnos, trastocando bruscamente su naturaleza, que es la de ser transmisores de hechos que tienen determinada trascendencia para el país o para el mundo.
Es una lástima que, por cuenta del episodio de los Vargas, estemos "judicializando" un tema tan trascendental como el del tipo de televisión que queremos en Colombia para nosotros y para nuestros hijos.
Por lo pronto, lo único positivo es que el tema por lo menos se se está moviendo. Pero yo desde ahora auguro, para los protagonistas inmediatos de este episodio, las siguientes cosas: los niños Vargas no se volverán más formales. Al juez se le caerá su providencia por razones jurídicas Y al Consejo de Televisión le lloverán demandas por extralimitación con respecto a las peticiones del juez.
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