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Opinión

  • | 2017/07/26 06:03

    Al oído del Congreso

    Que las mesas directivas del Congreso sean controladas por legisladores de una región no garantiza nada, pero sí, en el caso de la costa, es una esperanza para que algunas decisiones centrales que están engavetadas y que son necesarias para la región reciban el empuje adecuado.

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El último año de un Gobierno, el famoso periodo del Sol a las espaldas, por lo general es más para cortar cintas tricolores y apurar lo que falta para dejar el legado en la historia. El del presidente Juan Manuel Santos parece ser la excepción a esa regla a juzgar por la agenda legislativa que ha anunciado y cuyo núcleo central son las iniciativas pendientes para consolidar la paz, además de otros asuntos que están clamando empujones a gritos como el estado de la economía.

No será un año fácil en materia legislativa, entre otras razones porque es un año electoral en el que los congresistas buscarán repetir curul, pero además es un hecho evidente que esa misma situación genera problemas de gobernabilidad y presiones de todo orden para la Casa de Nariño. Este es uno de los motivos por los que hasta hoy todo el gabinete está interino. Un último año de Gobierno en Colombia, por las dinámicas de nuestra política, termina siendo casi el equivalente al ‘pato cojo’ (lame duck) de EE.UU., el periodo en que el saliente ya tiene sucesor elegido y tiene margen estrecho de acción. Acá le nombramos sucesor al presidente desde antes de elecciones.

Iniciativas como la creación de las 16 circunscripciones especiales de paz, la ley estatutaria para la Jurisdicción Especial de Paz, la reforma política, el proyecto de ley de tierras o el que crea el catastro multipropósito, que hacen parte de un paquete de 13 propuestas del Gobierno, hablan de la complejidad de las tareas que deben liderar el ministro del Interior en el Capitolio y sus colegas.

Desde la cúpula del Congreso, la costa tiene una gran responsabilidad con el país considerando que acaban de ser elegidos el conservador barranquillero Efraín Cepeda Sarabia, como presidente del Senado, y en las vicepresidencias los cartageneros Andrés García Zuccardi y Antonio José Correa, de los que se esperaría, de paso, que organicen de verdad a la llamada bancada costeña en torno de propósitos regionales. Tarea que deberían hacer de la mano de los ministros que representan nuestra región.

Ellos, los políticos, saben de sobra que el Caribe tiene asignaturas pendientes en muchos campos: la autonomía regional, la superación de las brechas de competitividad, la calidad de servicios públicos como energía, alcantarillado y acueducto, aseo y gas, transporte de pasajeros, infraestructura de transporte, conectividad digital y la promoción de calidad educativa en todos los niveles, dando acceso a programas como Ser Pilo Paga no solo a las universidades sino a los programas acreditados; las nuevas oportunidades que se abren con el posconflicto y acciones de futuro que no dan espera como la adaptación al cambio climático de nuestras ciudades costeras. En buena hora el senador Cepeda se ha comprometido con la necesidad de prevenir y detener la destrucción de la Ciénaga Grande de Santa Marta.

Que las mesas directivas del Congreso sean controladas por legisladores de una región no garantiza nada, pero sí, en el caso de la costa, es una esperanza para que algunas decisiones centrales que están engavetadas y que son necesarias para la región reciban el empuje adecuado. El presidente Santos también las sabe, pero falta que alguien las patine.

*Rector Universidad Autónoma del Caribe

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