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Opinión

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Un alcalde puede ser lo peor del mundo. El refranero está lleno de advertencias en contra de los alcaldes, incluso más que en contra de las suegras, o del granizo que acaba con las cosechas, o de las patadas de mula. Pero a la vez, y mucho más que una mula o una suegra, un alcalde es siempre inevitable. Dentro de ocho días se eligen alcaldes en Colombia, en medio de la habitual demencia que son las elecciones colombianas. Y todos ellos, una vez elegidos _mal, o bien, con amenazas o sin ellas, con fraude, como sea_ serán inevitables. Son mil o más. Voy a hablar solamente del de Bogotá, para no ir más lejos.Hay una docena de candidatos a la Alcaldía Mayor de Bogotá. Casi ninguno es serio. Y sin embargo esta inmensa y caótica y terrible y espléndida ciudad de Bogotá, que es mi ciudad, necesita un buen alcalde. (Y unos buenos concejales, y unos buenos ediles). Necesita, aun cuando a lo mejor no lo merezca, un alcalde serio.Para su tamaño _cerca de seis millones de habitantes_ Bogotá es tal vez la capital que entre todas las del mundo acumula más horrores y más terrores económicos, estéticos, higiénicos, ecológicos, lógicos. La miseria, la violencia, la ineptitud, la corrupción. El cielo envenenado, el suelo bombardeado, la convivencia de cuchillos. Y el saqueo. Todas las grandes ciudades del mundo han sido saqueadas una vez, o dos: Bogotá es saqueada a diario, no sólo por sus propios habitantes, sino por sus autoridades municipales. Por sus alcaldes. En 40 y pico de años de vida consciente recuerdo algunos menos malos que otros, pero no recuerdo ninguno bueno. Y, sobre todo, ninguno serio. El más reciente, Antanas Mockus, que tantas esperanzas despertó y que a continuación las frustró todas, fue por eso tal vez el más dañino. Un payaso. Bogotá está llena de payasos _vayan y vean: en zancos, con narices de payasos, con altavoces, idénticos a Mockus_, y lo que necesita, ya que es tan inevitable como una suegra, es un alcalde que por lo menos sea serio. Pero los candidatos que hay para la Alcaldía no parecen muy serios. A ver:
Jaime Castro: no dudo de que con los años y con los desengaños hasta Jaime Castro se haya vuelto un hombre serio, e incluso creo que lo fue cuando fue alcalde (sobre todo por contraste con su predecesor, aquel Andrés Pastranita que nos dejó la Troncal de la Caracas); pero es difícil para los bogotanos tomar en serio como candidato a alcalde a alguien que ya fue alcalde.
Rudy Hommes: un señor que utiliza la rectoría de una universidad prestigiosa como colchón para rebotar hacia otro puesto que le sirva a su vez de trampolín para caer más arriba no es serio.
Juan Diego Jaramillo: no sé si ustedes lo leían cuando era columnista en El Siglo; no sé si lo leían cuando era columista en El Tiempo. Yo sí lo leía. No es serio.
Enrique Vargas Lleras: alguien que dice querer "regir los destinos de la capital" no puede ser tomado en serio. Se toma a sí mismo demasiado en serio.
Antonio Galán, hermano del difunto: no ha sido serio en ninguno de los muchos puestos públicos que ha ocupado por su condición de huérfano, aunque de ellos haya salido en hombros de sus subordinados. Eso mismo demuestra que no es serio.
Carlos Ossa: se retiró, al darse cuenta de que lo suyo no era serio.
Carlos Moreno de Caro: tan poco serio es, que, al margen de raponear tapas de alcantarilla y recibir la bendición viceepiscopal de Enrique Gómez Hurtado, hermano del mártir, hijo del monstruo, ha sido el único propietario de una universidad a quien en Colombia le han cerrado, por poca seria, su universidad. Cuando en este país no hay ningún negocio más sagrado que ese. Hay mil, incluida la de Hommes. Y en los últimos 500 años sólo ha sido cerrada por poca seria una: la de Moreno de Caro.
Queda Enrique Peñalosa. Y la verdad es que parece ser no solamente el único serio de todos los candidatos a la Alcaldía de Bogotá, sino el único bogotano serio de los últimos tres o cuatro siglos. Por una sola razón: que su única ambición es la de ser alcalde de Bogotá. Lleva 10 ó 15 años intentándolo. Ha estudiado el tema. Ha escrito libros _y no sólo discursos_ al respecto. A diferencia de los demás bogotanos, que consideran que el único cargo acorde con su dignidad es la Presidencia de la República, y que la Alcaldía de la capital es un puestico secundario para boyacenses, paisas, caleños, girardoteños o manizalitas, Peñalosa piensa _o me parece que piensa_ que se trata de una misión de primordial importancia. Bogotá: no es ninguna pendejada. Bogotá: es que, caray, son seis millones de personas. Bogotá: ¿ustedes se han dado cuenta de lo que podría ser Bogotá, si la dejaran?En fin: el voto es secreto.
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