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Opinión

  • | 1987/10/05 00:00

    UN BARCO EN EL RIO DIJIAN

    El presidente Barco, con motivo de su viaje, nos dio una estupenda lección de geografía.

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Todo presidente tiene que hacer un viaje. Por lo menos uno. Forma parte de la rutina presidencial, da imagen, distrae temporalmente la atencion pública de los problemas internos y, de paso, le permite a mandatario descansar por corto tiempo de las tensiones inherentes a su cargo.
Más allá de las razones enumeradas, los viajes presidenciales no sirven para nada más. Ni cuando Belisario logró arrancarles una ovación a las Naciones Unidas con la historia de sus pies descalzos, su origen arriero y su melodramático tercer mundismo. Ni 4 años antes, cuando Turbay, literalmente, iba "pidiendo pista" con su comitiva por los paises europeos. Los viajes presidenciales son eventos protocolarios, no sesiones de trabajo. A ellos se llevan previamente preparados, unos convenios de "cooperación técnica, comercio exterior e intercambio tecnológico" que constituyen una rutina para el embajador o el cónsul colombiano del respectivo país, pero que le sirven al Presidente para justificar a s regreso el periplo. De resto, la mayor parte del tiempo de su viaje los presidentes lo invierten en colocar ofrendas florales, asistir a banquetes, visitar aburridisimas fábricas y conversar de trivialidades con los mandatarios anfitriones.
Si los viajes presidenciales no son importantes, la gente si piensa que lo son. Se siente honrada de que el Presidente se codee con "la pesada" de la política internacional. Eso le da a mandatario imagen de estadista, mejora en las encuestas, y le brinda un elemento propagandistico. Pero ni Barco, ni ninguno de sus antecesores, han logrado que sus viajes coincidan con una apropiada coyuntura interna. Esto no es Suiza. Y por eso siempre podrá alegarse que el Presidente de turno no escogió el momento apropiado para ausentarse del país.
Como lo mismo se dijo del viaje de Barco, el Presidente resolvió aparecer por la televisión para darnos una formidable lección de geografía, al justificar su viaje con el ingenioso pretexto de que su meta es la apertura comercial del Pacífico. Nos explicó que en este océano tienen sus costas no sólo países como Estados Unidos y la URSS, sino también China y Japón, Indonesia, India, Australia Nueva Zelandia, Singapur ("que por su tamaño, población y acelerada industrialización son objeto de admiración de economistas y políticos") además de Canadá, México, Ecuador Perú y Chile. Pero lo más impresionante y sorpresivo fue su afirmación de que en este océano hay "grandes reservas minerales y alimenticias".
Para tranquilizar a los que le criticaron la oportunidad de su viaje, afirmó que en la actualidad "las tensiones con el hermano país de Venezuela han disminuido significativamente". Es probable que él ignorara que apenas ocho horas antes dos aviones F-16 venezolanos habían sobrevolado nuestro espacio aéreo en Arauca, con la correspondiente protesta diplomática colombiana. Y expresó su seguridad de que "el gobierno, ni la industria, ni los sindicatos, ni las universidades, ni la mayoría de colombianos se dejarán paralizar por los violentos" mientras él recibe un doctorado "honoris causa" en Corea el 9, visita una fábrica en la China el 11 y habla ante el Congreso filipino el 16.
En todo caso, Barco tranquilizó a los colombianos con la noticia de que "gracias al avance de las telecomunicaciones", estará permanentemente en contacto telefónico con el ministro delegatario, doctor Londoño. Esto le permitirá la hazaña de enterarse desde el otro lado del continente si ya mataron a algún otro condenado a muerte de la siniestra "lista de los 22", si los barcos de guerra venezolanos están anclados o si, por el contrario, están en permanente movimiento por nuestras costas guajiras, si el famoso plan para acabar con la vida de personas representativas de todas las tendencias políticas, denunciado en el último Consejo de Ministros, ya se puso en marcha como estaba programado, si dentro de la medida gubernamental de aumentar las penas para los delitos contra el orden público ya se ha producido por lo menos una captura acreedora de pena sencilla, si las FARC ya volaron el puente sobre el río Hacha, en Florencia, si el asesinato de un nuevo miembro de la UP se produjo por la noche o por la mañana, si ya comenzó a adelantarse el vasto plan subversivo para tomarse cuarteles militares y unidades policiales en Medellín recientemente descubierto por las autoridades, si algún nuevo profesor de la Universidad de Antioquia o actriz de televisión viajó fuera del país, si la demanda contra los 90 juzgados especializados en orden público recientemente creados por el gobierno prosperó, si la medida de pedirle salvoconducto a los sicarios funcionó, si el número de 22 muertos que puso Medellín el fin de semana antepasado se superó, si el presidente de la Asamblea del Caquetá herido por sicarios se salvo, si los ocho fusilados el mismo día en Bucaramanga fueron más bien 7, si hay más jueces detenidos por andar de "cuchis" con Los Priscos, y si sonó convincente el comunicado del Ejército en el que sus miembros se declararon inocentes de los "siniestros planes que los enemigos del orden público pretenden endilgarles". Ah, y de paso, el Presidente podrá aprovechar la llamada de larga distancia con el canciller para preguntarle por el delicadisimo estado de salud de su ministro de Gobierno, o para averiguar si la caída del ministro de Justicia aguanta hasta su regreso de Oriente.
Es una lástima que la visita de Barco al Japón no hubiera podido concretarse, por la vacilación del gobierno japonés. Pero está Corea que, según Barco, "ha vivido un notable proceso de desarrollo". Y está China, que, de acuerdo con Barco, presenta un "proceso asombroso de modernización". Y está Filipinas, que le permitirá a Barco, según sus propias palabras, el honor de pronunciar en el parlamento "el primer discurso de un jefe de Estado extranjero, ¡desde las pasadas elecciones¡" . Pero que además está Corazón Aquino, que impresiona particularmente al ministro Cepeda y a su pupilo, el politólogo Rodrigo Pardo, autor de los discursos internacionales de Barco, porque aparece con frecuencia en la revista Time, la favorita de ambos. Entrevistarse en estos momentos con Cory Aquino da caché, qué caray.
El país, como lo afirmó Barco en su alocución televisada, se puede gobernar por teléfono. Pero lo que sí no se puede hacer por teléfono es conocer el río Dijian, en las cercanías de Quilin, en la China Continental, donde Barco estará navegando a la 11.30 horas del domingo 13 de septiembre de 1987.
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