Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2010/09/04 00:00

Un busto para Uribe

Pedimos a gritos que Uribe abandone su cátedra en una universidad extranjera, donde dicta Chuzadas II en una facultad de Tecnología, y regrese al país.

Un busto para Uribe

No falta quien quiera verlo caído, pero yo, al menos, me permito estar de acuerdo con ese prohombre que es Juan Lozano, con ese ejemplo de rectitud que es Fabio Valencia Cossio, y pido respeto para el ex presidente Uribe. Ahora está de moda atacarlo. ¿De cuándo acá se le acusa de traidor a la patria y hay quienes señalan, incluso, que la reelección fue ilegal? ¿Qué significa que haya sido ilegal? ¿Qué no existió? Si el segundo periodo de Uribe fue ilegal, sea este el momento de hacerle un reconocimiento al doctor Andrés Uriel Gallego, que fue el único que cumplió la ley porque nunca hizo nada.

Yo, en cambio, me permito reivindicar a Álvaro Uribe. Pocos, como él, merecen un lugar en nuestra historia patria. Ayudado, claro, porque ¿a quién queremos engañar?: el ex presidente podía ser muy querido y todo, pero era muy mal hablado, muy grosero. Daban ganas de lavarle la boca con agua y con Jabón, sobre todo con Jabón, en caso de que estuviera vivo, claro.

Por fortuna, los mismos libros de historia se encargarán de corregir su vocabulario y magnificar su presencia. ¿Con qué palabras grandilocuentes los manuales escolares del futuro maquillarán la vida agropecuaria del presidente Uribe, sus ordinarios gustos de chapotear en ríos carmelitos, de insultarse con peluqueros, de capar caballos? Me imagino que lo van a describir como un hombre fornido, parecido a Pepe Cortisona, que se metía en caudalosas vertientes cristalinas a rescatar ministros, y que en lugar de gritarles a unos indígenas que no le dijeran marica, que no le dijeran paraco, imploraba con grandeza de prócer: "Nativos: no me llaméis alambicado, no me llaméis reformador; de lo contrario, os lastimaré el rostro, por féminas".

La Historia se escribe con eufemismos. ¿Alguien de verdad cree que José Acevedo y Gómez dijo aquello de "si no aprovecháis estos momentos de efervescencia y calor, etcétera, ved los calabozos y las cadenas que os esperan"? Era un tipo de Charalá, Santander. Debió gritar, cuanto mucho: "Háganle, juepuercas, cásquenles a esos españoles o nos van a agarrar es ellos".

Lo digo a sabiendas de que mis conocimientos en historia patria no abundan. De hecho, cada vez que hablan de 'Carabobo' no sé todavía si se refieren a una batalla o a un departamento o a Juan Manuel Galán.

Pero el mismo Santos dijo que Uribe era nuestro segundo libertador y estuvo tentado a ponerle ya no recuerdo si la Orden de San Jorge o si la orden de captura.

Insto, pues, a que tratemos al doctor Uribe como el prócer que es: a que las futuras generaciones puedan hacer un tour por El Ubérrimo y tomarse fotos ante una estatua ecuestre en la que el ex presidente aparezca sorbiendo tinto; a que diseñen un paseo guiado por los lotes de la zona franca; a que construyan un bronce de José Obdulio, con el huevo escurriendo en la frente. Y a que florezcan sendos párrafos en los que se defienda su obra. No es difícil hacerlo. Es cierto que el ex presidente polarizó al país; pero eso es poco en comparación con un político como Javier Cáceres, que polarizó los vidrios de la sala. Y nadie puede negar que Uribe agilizó el sistema de salud. Antes, la gente llegaba a un hospital, esperaba siete horas en un pasillo y al final se moría. En su gobierno, en cambio, antes de morirse, el enfermo esperaba como mucho una hora y media.

Estoy con Juan Lozano, ese prohombre independiente; estoy con Fabio Valencia, ese faro de la ética. Uribe merece un gran lugar en nuestra historia. Propongo hacerle un busto. Un busto grande: 38D. Tengo al cirujano de Medellín que se lo hace gratis.

Pero es fundamental que no nos deje solos. Miren el abandono en el que estamos los uribistas de verdad: no hablo de Benedetti o de Rivera, que como buenos anfibios ya se adaptaron. Hablo de los cuadrúpedos. Ya nadie mira al 'Pincher' Arias, por ejemplo, que está al borde de una depresión: su amo se fue de viaje y no le dejó una prenda, un poncho siquiera, para ponerle en la caja en que duerme y que no extrañara.

Nadie niega que este nuevo gobierno esparció en el aire una espora de optimismo. La economía pinta bien. Las relaciones exteriores mejoraron. Y 'el Profe' Vélez anunció su retiro (cosa que, imagino, unos pocos apátridas celebrarán, pero que a mí me llena de congoja: ayayay, cómo lo extrañaré. Me siento ya mismo a escribirle un homenaje de despedida. Desde ahora lo anuncio).

Pero por bien que lo haya hecho, Juan Manuel no ha parado de ofender al ex presidente Uribe. Se convirtió en su antítesis: se arregló con Chávez, recibió a Piedad Córdoba, hizo las paces con las Cortes. Y está nombrando ministros técnicos, lo cual es grave, porque 'el Bolillo' Gómez puede terminar en el gabinete. No es coincidencia que la misma semana en que Juan Lozano salió a defender a Uribe, Julio Nava, el cantante famoso por morder narices prominentes, anunciara su regreso. Quieren intimidar al senador.

Por eso pedimos a gritos que Uribe abandone su cátedra en la universidad extranjera, donde dicta Chuzadas II en una facultad de Tecnología, y regrese cuanto antes al país. En un comienzo será extraño verlo caminar con su busto enorme, con sus tres huevos, mientras pide a gritos que lo respeten. Pero, como bien dijo don José Acevedo y Gómez, "hay que cascarles a esos jijuepuercas. O nos van a agarrar es ellos".

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