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Opinión

  • | 2009/10/10 00:00

    Un capítulo ya visto

    Mientras que los competidores tenían que poner de su bolsillo o apalancarse en el sistema financiero, los ganadores trabajaban con plata del estado

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No es la primera vez que el Presidente intenta capitalizar sus propios escándalos. Confiado en la credulidad sin límites de su fanaticada, Uribe espera sofocar con falsos enojos y frases pretendidamente enérgicas, las evidencias de un nuevo hecho de corrupción de su gobierno.

Ahora resulta que el reparto de millonarios regalos a financiadores de sus campañas de elección y reelección -e incluso a empresas a las que están vinculados funcionarios de su administración- fue un engaño que padecieron él y sus ministros de Agricultura; y no el resultado de una política deliberada para favorecer a sus poderosos amigos.

Tristemente para él -y como suele suceder en algunas telenovelas a las que su propio éxito condena a un alargue artificial-, los espectadores empiezan a conocer los trucos del libretista.

Hace un tiempo sucedió algo parecido.

El Grupo Nule, gigantesco contratista de construcción y experto en obras de infraestructura, ganó la codiciada concesión de la Autopista Bogotá-Fusa. La plata para financiar la obra vino de fondos públicos. La Dirección Nacional de Estupefacientes les prestó a los Nule, a una buena tasa de interés, cerca de 26.000 millones de pesos de dineros incautados a la mafia.

En esa ocasión -como en esta de Agro Ingreso Seguro- no había nada ilegal. Para impedir cualquier desvío, el dinero, aprobado en la administración de un señor Vives, fue manejado a través de una fiducia (casualmente Fiduagraria, dependiente del Ministerio de Agricultura). Estupefacientes recibiría un interés mejor que el de la inversión en títulos de la Nación. La deuda estaba garantizada por los desembolsos del propio Estado, a través del Inco, y por la solidez del grupo constructor.

Sólo había un detallito que hacía difícil la presentación de la operación: se supone que la Nación apela al sistema de concesiones viales para no usar sus propios recursos en la construcción de obras de infraestructura. Con la novedosa figura de los Nule, la propia Nación terminaba financiando a los particulares favorecidos por una concesión.

Mientras los competidores tenían que poner la plata de su bolsillo o apalancarse en el sistema financiero con sus tasas usuales, los ganadores trabajaban con la plata del Estado, que era a la vez otorgante y fiador del multimillonario negocio.

Pasaron semanas en la discusión sobre la conveniencia y la justicia de la figura, hasta que un buen día, en una entrevista de radio, el presidente Uribe le puso el punto final a la controversia.

Usando el encendido tono de la dignidad ofendida, el Jefe del Estado les exigió a los Nule la inmediata devolución de los dineros. Ordenó abrir investigación contra los funcionarios que aprobaron y firmaron el préstamo. Solicitó a los organismos de control que determinaran la existencia de un posible tráfico de influencias y remató diciendo que debería existir un responsable político de lo que él mismo calificó como una irregularidad.

La exaltada entrevista fue concedida a Caracol, el 16 de agosto de 2006. Han pasado más de tres años desde eso. Ningún funcionario fue investigado nunca por estos hechos. Nadie pagó la responsabilidad política por ellos.

En cuanto a los 26.000 millones, les cuento que -hace más de un año- le pregunté al amable empresario Guido Nule si su empresa los había devuelto tal como lo reclamaba el presidente Uribe. Él me informó que no y que jamás deshicieron el préstamo porque eso implicaría reconocer una ilegalidad que no existió. Me aclaró, eso sí, que pagaban puntualmente sus cuotas.

En unos meses -cuando este escándalo también se haya olvidado- sabremos si los Lacouture Dangond, los Lacouture Pinedo, los Vives Lacouture y los Dávila Abondano, entre otros, retornaron los millonarios regalos que -con plata de los colombianos- les entregó el gobierno del Presidente cuyas campañas ellos han financiado.
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