Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/02/16 00:00

Un culpable conveniente

Hay serios interrogantes sobre este testigo. Para la época, el cabo Villamizar no estaba en Bogotá sino en Granada, Meta.

Un culpable conveniente

La investigación del Palacio de Justicia se está desviando otra vez. La Fiscalía -que en buena hora reabrió el caso- parece estar conformándose con llevar a la hoguera a un chivo expiatorio obvio. En cambio, no ha vinculado a la investigación al alto mando de la época, ni a varios oficiales de inteligencia que tuvieron un papel estelar en ese teatro de la muerte.

La resolución de acusación contra el coronel Alfonso Plazas Vega, comandante de la Escuela de Caballería durante la retoma, tiene la virtud de arrancar muchos aplausos. Sin embargo, un análisis minucioso de esa decisión deja inmensas dudas.

Plazas Vega fue acusado de "secuestro agravado" y "desaparición forzada". Ya entrado en gastos, y en medio del júbilo mediático, el Fiscal General le agregó el cargo de "tortura sicológica", que no aparece siquiera en la resolución de acusación.

La decisión está sustentada, en gran medida, en el testimonio de un cabo retirado del ejército llamado Édgar Villamizar. El testigo apareció en el proceso en agosto del año pasado. El cabo Villamizar le aseguró a la Fiscalía que durante la toma, en 1985, le oyó decir al coronel Plazas Vega: "Cuelguen a esos h. p.", refiriéndose a un grupo de civiles que había sido llevado a la Casa del Florero.

El suboficial también dice que poco después, y en la vieja enfermería veterinaria de la Escuela de Caballería, vio cómo fueron torturadas dos personas, presumiblemente empleados de la cafetería del Palacio. Asegura que los civiles murieron durante esas sesiones de tormento y que oyó a un militar de apellido Arévalo gritar: "Manito, la cagué…maté a esa vieja". Según su testimonio, minutos después, otro de los torturadores le dijo a uno de sus compañeros: "Curso, curso, se me fue este H.P.".

Pero hay serios interrogantes sobre este testigo. En primer lugar, el documento que debe dar cuenta de todas las misiones de un militar -llamado el folio de vida- registra que para la época de la toma, el cabo Villamizar no estaba en Bogotá sino en Granada, Meta. El suboficial hacía parte del departamento de inteligencia del Batallón Vargas. No figuran en sus documentos órdenes de traslado, ni asignación de funciones, ni viáticos para hacerse presente en la capital en noviembre de 1985.

El folio muestra otro dato interesante: El cabo perteneció al arma de infantería y su base matriz era el batallón de inteligencia Charry Solano en Bogotá. Hay informaciones según las cuales, ha sido colaborador de la inteligencia militar aun después de su retiro.

Ahora bien, Plazas Vega estaba al mando de una unidad operativa durante la retoma. Su tarea no incluía interrogatorios ni labores de inteligencia.

Si el cabo Villamizar realmente hubiera estado en Bogotá, el procedimiento militar lo habría obligado a ponerse a órdenes de la Brigada 13, comandada por el general Arias Cabrales. Además, por ser adjunto de inteligencia, debía ser asignado al B-2 de la unidad, bajo el mando del coronel Edilberto Sánchez.

El testigo, en ningún caso, podía haber terminado bajo el comando de la Escuela de Caballería y de Plazas Vega.

Adicionalmente, la antigua enfermería equina, donde presumiblemente torturaron civiles desde la época del Estatuto de Seguridad, no estaba bajo el mando de Plazas Vega. Era una dependencia del B-2 dirigida por el entonces capitán Luis Roberto Vélez Bedoya, quien le reportaba al coronel Edilberto Sánchez, y no a Plazas Vega.

Vélez Bedoya, jamás ha sido llamado por la Fiscalía, se retiró con el grado de Coronel y dos felicitaciones por su participación en el "rescate del Palacio de Justicia".

Tampoco han sido vinculados a la investigación los generales Iván Ramírez, Rafael Samudio, Jesús Armando Arias Cabrales, Rafael Hernández, ni Carlos Alberto Fracica. Sin duda, Plazas Vega debe explicar su parte en el uso excesivo de la fuerza durante la retoma. Pero de ahí a culparlo por las desapariciones y torturas, hay un trecho grande.

Por eso, la decisión debe tener felices a los verdaderos responsables.

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