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Opinión

  • | 2003/03/17 00:00

    Un debate sostenible

    La semana pasada se realizó la conferencia 'Hacia una economía sostenible. Conflicto y posconflicto en Colombia', en el que participaron, entre otras personalidades, el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz y Dani Rodrik, director del Programa de Desarrollo Económico de la Universidad de Harvard. Cecilia López, presidenta de la fundación Agenda Colombia, hace un balance del encuentro.

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Colombia vive en permanente ebullición no siempre de ideas creativas y positivas sino de dogmas, de amores, de rencillas o desavenencias. No es fácil vivir de otra manera en medio de tantas dificultades que lejos de resolverse parecen complicarse día a día. Pero precisamente por estas características de la realidad colombiana actual, es fundamental refrescar el debate y oír voces, que por guardar distancia ante los acontecimientos nacionales, pueden aportar luces que tanto se requieren para encontrar el camino. Este sentimiento de un debate económico más abierto, más pluralista, más democrático, explica la gran demanda que tuvo la conferencia y en particular el interés de los jóvenes, lo cual es quizá el mejor de los augurios de un país cuyas incertidumbres demandan la contribución de las nuevas generaciones. Pareciera que se sintonizan con la corriente de agitación que sacude al mundo del letargo en que se encontraba sumido en los últimos años, ante los anuncios de una guerra mundial.

Contrario a lo que los pesimistas de siempre vaticinaban, la presencia de los ilustres expertos no desató una batalla campal sino un debate sereno, y constructivo, en el cual como es propio de este tipo de foros, se dieron acercamientos y también discrepancias. Este buen ambiente sin duda lo propiciaron en gran parte las altas esferas del gobierno nacional y su equipo económico que de una manera gallarda enfrentaron un debate que sabían de antemano no les iba a ser totalmente favorable. Pero con presencia de ánimo y un alto grado de preparación acudieron no sólo al debate público sino a las distintas mesas que se programaron como eventos paralelos en el marco de la conferencia. En esos escenarios que precisamente por ser cerrados se prestaban para una mayor beligerancia, se enfrentaron a representantes de corrientes opuestas con las que usualmente poco interactúan. Se ha dado un quiebre en la discusión económica dado que desde que ésta se politizó a principios de los 90, las notas altisonantes eran el sello característico propio de círculos pequeños con actores reconocidos y claramente posicionados entre ortodoxos y no ortodoxos.

Más que una simple conferencia lo que se trató de hacer fue desarrollar una nueva forma de debate. Se buscó que el auditorio no se limitara a aquellos que tienen el privilegio de vivir en la capital ni al círculo reducido de los economistas y dirigentes inveterados, gracias a haber logrado transmitir la conferencia a seis ciudades del país y cinco universidades en Bogotá. A su vez, los mencionados paneles y grupos de trabajo concentrados en la realidad colombiana permitieron a los invitados empaparse de los detalles de la realidad colombiana y le dieron la oportunidad a cerca de 100 representantes de distintos sectores de la sociedad colombiana y de todas las vertientes ideológicas, de interactuar con personalidades de talla mundial que sólo muy ocasionalmente nos visitan.

Sin embargo, ya pasada la conferencia, también se puede comprobar con sorpresa que muchas de las realidades en cuanto a la participación, no fueron las esperadas. Sorprendió la débil presencia de algunos caracterizados representantes de los movimientos de izquierda, salvo honrosas excepciones, que se suponía encontrarían su ambiente natural para fortalecer sus críticas al establecimiento. Algo similar sucedió con sectores reconocidos como progresistas dentro de la Iglesia que brillaron por su ausencia en mesas redondas como la dedicada a la crisis humanitaria que vive el país, donde sus luces hubieran sido de gran ayuda. Pero lo más sorprendente fue la poca respuesta de importantes organizaciones de la sociedad civil que han venido ganando significativos espacios en el país, las cuales se supone son la punta de lanza de la agitación de propuestas relacionadas con el conflicto, y el desarrollo social y humano.

La academia de todas las tendencias y el empresariado fueron tal vez los grupos más activos en los distintos escenarios de discusión. Contrario a lo que algunos medios han divulgado, fueron precisamente a quienes se califican de neoliberales los más aplicados y perseverantes en las discusiones. Una nota singular la dio el empresariado del país, de la industria, la agricultura, los servicios y el comercio, quienes de manera atenta y constructiva aportaron su visión a los debates sobre economía y conflicto en Colombia y crisis humanitaria y ajuste macroeconómico así como en los grupos de sindicalistas y empresarios. Esto parece ser un presagio de una élite empresarial que busca vías más autóctonas y más justas para ese nuevo país que sin duda debe encontrar su verdadero derrotero hacia el crecimiento sostenible.

¡Qué queda hacia delante? En lo económico los mensajes han sido claramente captados. Se requiere una estrategia de crecimiento y una acción clara contra el desempleo que parte el reconocimiento de volver a ser ambiciosos en cuanto a metas de desarrollo y no conformarnos con el mediocre desempeño de los últimos años. No tragar entero, para sacarle los beneficios potenciales a la globalización y minimizar sus costos en el reconocimiento de que las negociaciones mundiales en lo financiero y lo comercial se dan entre fuerzas desequilibradas, donde el pez grande se come al pequeño. Revalorizar el poder político de los países de ingreso medio a la hora de los acuerdos y no sobrevender la apertura ignorando el valor del esfuerzo interno en términos de ahorro, inversión y mercados potenciales.

Otro de los logros importantes es el haber ampliado el marco analítico del conflicto al vincular la economía con la guerra. Las agendas paralelas sobre estos dos temas estarán en el centro del debate nacional. Varias lecciones fueron planteadas. En primer lugar, la necesidad de encontrar los vínculos reales entre la confrontación armada y el comportamiento de las principales variables económicas. En segundo lugar, la primacía de los intereses económicos sobre lo político en los grupos armados lo cual revalida la necesidad de atacar sus fuentes de financiamiento nacional e internacionalmente. Por último, fue de gran utilidad reconocer el acervo de enseñanzas que Centroamérica tiene sobre su difícil período de confrontación armada, a pesar de que por diversos medios no se le ha dado la valoración que amerita esta experiencia adquirida.

La conferencia reiteró algo que todos intuíamos pero que se diluye frente al espejismo del mundo global. La solución de nuestro futuro es nuestra y de nadie más pero se enriquece con las experiencias de quienes han transitado con éxito hacia la mundialización.

La conclusión más importante de este evento es el reconocimiento de que somos menos polarizados de lo que nos han hecho creer. Por encima de nuestras diferencias nos une la voluntad irrestricta de construir nuevamente este país y está en nosotros aprovechar este momento histórico para tender puentes entre posiciones tradicionalmente encontradas.

*Presidenta de la fundación Agenda Colombia

E-mail celopezm@aol.com

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