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Opinión

  • | 2005/06/05 00:00

    Un delirio moralista

    Si alguien mata a otro por celos, le clavan 20 años. Pero si mata a 300 y se desmoviliza, le dan casa por cárcel y la posibilidad de ser senador

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El presidente Uribe ha propuesto que discutamos abiertamente qué se debe hacer con alguien que es o fue narcotraficante, y que al mismo tiempo es un líder paramilitar. Desde hace varios años, para la imaginación moral de los colombianos, el peor delito que existe sobre la tierra es ser narco. Analicemos la cosa despacio. Si uno se limita a producir o exportar cocaína (sin ma-

tar a nadie directa o deliberadamente) ese delito es menos grave que matar. Entre el delito de paramilitarismo -que consiste en matar- y el delito de narco -que consiste en traficar- es mucho más grave el primero. Así que cuando uno le perdona a un matón, con mayor razón le debería perdonar a un traficante.

Lo mismo se podría decir de la guerrilla. Muchos dicen, escandalizados, que los guerrilleros ya no son guerrilleros, que son unos simples narcotraficantes, y al decir esto parecería que los están descalificando como lo peor que existe sobre la Tierra. Un momento: mucho más grave que mandar cocaína a California en lanchas ultraveloces es secuestrar por años a civiles inocentes o masacrar indígenas que no están de acuerdo con la causa. Aquí también el escalafón de los delitos está completamente trastocado, como en un delirio moralista dictado por Estados Unidos. Tal vez uno de los crímenes menos graves de los que la guerrilla comete sea el de cultivar coca o traficar con drogas. Ahora, que eso les sirva para financiar los operativos de lo peor, es otra cosa. Pero ese delito en sí, es menos grave que los otros, por mucho que cientos de drogadictos acaben muertos a causa del consumo de drogas. Lo mismo puede decirse del tabaco y del alcohol y casi nadie acusa de asesinato a Philip

Morris o a Johnnie Walker.

Así como hay un proceso de paz con gente que mata, no veo por qué no podría haber también un proceso de paz con gente que trafica. Estos se comprometerían a dejar el negocio, a denunciar las rutas y los cómplices en Estados Unidos o donde sea, a acabar a mano con los cultivos, y las penas se les rebajan. No creo que esto acabe con el problema del tráfico (que sólo lo terminará una legalización que baje los márgenes de ganancia), pero al menos habría que esperar a que se organizara otra generación de traquetos, y como esa logística lleva tiempo, tendríamos un respiro.

Como el gobierno ha estado empeñado en un proceso de paz con las AUC (y yo mismo lo he apoyado), que ha sido el grupo más sanguinario de este país, si se puede más que la guerrilla, no veo por qué no deba entrar en conversaciones de paz hasta con el mismo Diablo. Alguien que, por ejemplo, esté pagando una condena de años porque se robó un banco a mano armada, o porque lo pillaron con 100 kilos de cocaína, tendría derecho a que le rebajaran la pena tanto o más que a los paramilitares, pues al fin y al cabo al atracador y al traficante no les estarían perdonando asesinatos, sino solo atracos y tráfico de sustancias prohibidas.

Si yo fuera ladrón de carros, en este momento, o cultivador de marihuana, o violador de mujeres, declararía desde ya que mis robos, cultivos y violaciones los estoy cometiendo por una causa política, y, mejor todavía, que pertenezco a un nuevo comando de autodefensa que necesita carros para su lucha, marihuana para el dolor y mujeres para no desfallecer. Así, si me están persiguiendo mucho, digo que me entrego, o que me desmovilizo, y de una me perdonan los carros robados, las hectáreas de marimba y las mujeres ultrajadas.

Lo cierto de las cosas, y lo más triste y desesperante, es que con uno negocian, y a uno le perdonan, siempre y cuando sea capaz de ser suficientemente bárbaro, siempre y cuando tenga un inmenso poder de asesinato e intimidación. Cuantas más personas mate alguien en este país, más posibilidades tiene de ser perdonado. Si se limita a matar a uno solo (digamos a un rival en un ataque de celos), lo clavan 20 años en el peor patio de una prisión hacinada, pero si mata a 300 en operativos bien organizados, se declara insurgente y se desmoviliza, le dan casa por cárcel y la posibilidad de ser senador.

Así que no hay nada más lógico que los mafiosos se hayan organizado ahora como narcodefensas. Por supuesto. Si son mafiosos a secas, los extraditan; si son narcodefensas, les perdonan. Ni bobos que fueran. Hasta los evasores de impuestos deben estar pensando, ahora que los pueden condenar a años de prisión si no pagan el IVA, que deberían organizar unos EUC (Evasores Unidos de Colombia), declararse insurgentes, decir que evaden impuestos como una forma de desobediencia civil, y después desmovilizarse. Así al menos estarán seguros de pagar su pena en una catedral.
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