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Opinión

  • | 1984/11/05 00:00

    UN FANTASMA LLAMADO "DINASTIA"

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Las series dramatizadas de nuestra T.V. ya tienen fantasma propio: se llama Disnatía y aunque no anda envuelto en una sabana, ni tiene por ojos dos cuencas profundas, hace más daño que estas imágenes de los cuentos infantiles porque se volvió punto de referencia y modelo obligado para todo.
Prueba de esto son las declaraciones de libretistas y directores que sueñan con hacer algún día "la Dinastía colombiana", de actrices que suspiran por papeles al estilo de las Carrington, de programadoras que lanzan series siguiendo la misma idea... Pero, además, cuando hay polémicas vuelve y juega Disnatía: se utiliza como "tate-quieto", si el tema es la moral; como ejemplo cuando se habla de ratings, como modelo cuando se exige calidad. Es justo lo que viene sucediendo con la telenovela Los Ejecutivos acusada de "no darle a los tobillos" a la serie gringa que hace derroche de mansiones, piscinas, jets, carros, joyas, vestuario y todo lo demás.
El fantasma Dinastía es más peligroso de lo que parece porque actúa como un sofisma de distracción poniéndonos un parámetro imposible de alcanzar (la diferencia no es de grados sino de dimensiones) y ocultando así nuestros errores más graves que tienen su origen en el manejo de la dramaturgía y en el desarrollo lógico de las historias.
Que Los Ejecutivos no convencen es un hecho real, pero la razón no son sus escritorios de madera bien diferentes a la mesa con patas de mármol que adorna el despacho de Alexis Carrington, ni los carros de ensamblaje nacional huerfanos de refulgentes escudos plateados. Este es un factor de apariencia que influye y le quita brillo a la dramatización, pero no es el definitivo. El problema grave de Los Ejecutivos es que se mueven dentro de un mundo ilógico y están definidos como unos ejecutivos inmaduros que van a la oficina a debatir sus problemas sentimentales, a curiosear la intimidad de sus vecinos de escritorio, a enviar pasquines en la terminología que lo haría una solterona amargada, en pocas palabras van a todo, menos a trabajar. Y es que, aunque quisieran trabajar parece que no tuvieran en qué. Hasta ahora no sabemos cuál es el producto que manejan. Algunas tomas rápidas a frascos que parecen champú o detergente, hacen suponer que ése es el negocio aunque el asunto nunca ha quedado claro; como tampoco cuál es esa materia prima que tanto les preocupa, pero no pueden adquirir. Y no lo digo por ironía sino porque una empresa armada de intangibles no convence a nadie, simplemente los problemas laborales no pueden concretarse y entonces sucede lo que estábamos viendo, que Los Ejecutivos desde que empezaron a salir al aire andan planeando un cambio de presidente, sin haberse decido, sin tomar una posición rápida, ellos que por ser Los Ejecutivos deberían ser... ¡tan ejecutivos!
Esa misma falta de lógica y de concreción se extiende a la vida personal de los protagonistas. Veamos sólo un ejemplo: Clemencia y Martín son un matrimonio en crisis que generalmente se traslada a la sala para pelear más a gusto. Ella está acusada de infidelidad y quiere irse llevándose a los niños. ¿Cuáles niños? Estas criaturas (2? 4? 5?) son seres invisibles que ni aparecen, ni hacen ruido, ni van al colegio, ¿ni lloran...? Otra pregunta: Clemencia y Martín ¿viven solos? Siendo tan ricos y teniendo niños, ¿no tienen servicio? Y si lo tienen, ¿dónde consiguieron esa muchacha tan discreta que jamás interrumpe, ni asea, pero tampoco ofrece un tinto? Esto para evidenciar cuánta vida y sobre todo cuánta lógica le hace falta a los ambientes en que se mueven Los Ejecutivos.
Hay otros problemas de orden dramático como el cambio abrupto de los personajes. En una escena, la esposa de Lucas se muestra comprensiva y amable, es la bondad hecha mujer; al diálogo siguiente ofende a su marido con frases hirientes aunque sabe que está enfermo y condenado a muerte (???).Leonardo va a buscar a Clemencia, no puede vivir sin ella un día más, destroza su matrimonio y grita: "Es mía, mía porque me va a dar un hijo" pero luego se olvida, pasan capítulos y capítulos en que ni la menciona. Fallas y fallas de lógica, lo que en dramaturgia es más grave que el mismísimo fantasma de Dinastía.
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