Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2008/11/15 00:00

Un fiscal de camuflado

Cuando Piedrahíta se desempeñaba en Fusagasugá, frecuentemente llevaba en la pretina, y a la vista, su pistola automática

Un fiscal de camuflado

El fiscal que hace unos días ordenó inspeccionar las bases de datos de universidades públicas y privadas en busca de presuntos guerrilleros tiene una historia personal interesante. Jorge Iván Piedrahíta Montoya -cuya decisión es absurda según calificados juristas, y persecutoria de acuerdo con rectores y estudiantes universitarios- está recién llegado al cargo de fiscal especializado de la unidad contra el terrorismo. Antes de serlo estuvo en otros puestos de la Fiscalía en Cundinamarca.

De caso en caso, y de pueblo en pueblo, el fiscal Piedrahíta ha ido dejando su huella.

Por ejemplo, en La Palma no lo recuerdan tanto por sus decisiones judiciales, como por su afición a hablar en la emisora local y por su Mágnum de cañón reforzado.

Y es que las armas le han gustado al fiscal Piedrahíta.

Un tiempo después, cuando se desempeñaba como coordinador de la Unidad de Fiscalías Seccionales de Fusagasugá, frecuentemente llevaba en la pretina, y a la vista, su pistola automática.

El tema sería apenas un detalle exótico de personalidad en un administrador de justicia -que teóricamente representa la civilidad- si no fuera porque además le gustan los uniformes. Tanto que, según algunos testigos, realizó allanamientos y capturas vestido de camuflado y portando dos armas de fuego.

Ocurrió en los últimos días del año 2005, en el municipio de Cabrera, Cundinamarca. Nidia Nery Delgado asegura que un grupo de militares allanó su casa, buscando guerrilleros. A la cabeza de la operación estaba el fiscal Jorge Iván Piedrahíta. Según la testigo, el funcionario judicial estaba "vestido con prendas militares, una pistola, botas militares y llevaba una subametralladora". Lo único sospechoso que los uniformados encontraron en la casa fueron varias medallas que Nidia Nery y sus hermanos habían ganado en la escuela. Al fiscal se le ocurrió que podían ser condecoraciones de la guerrilla.

Por orden del fiscal Piedrahíta, fueron capturados los hermanos y el padre de Nidia. Los sindicó de ser miembros de las Farc y de haber participado en un frustrado atentado contra el alcalde de Cabrera.

Similar suerte corrió un albañil que vivía en el mismo pueblo. Jaime Zambrano, cuyo pecado era ser miembro de la UP, fue apresado por el Ejército acusado por los mismos hechos. Un oficial le dijo que para salvarse debía declarar contra un grupo de personas, incluidos los familiares de Nidia y cuatro hombres más que él no conocía. Cuando lo llevaron ante el fiscal Piedrahíta, Zambrano le explicó que había recibido presiones y que no podía decir nada sobre esas personas.

La reacción del fiscal, según Zambrano, fue llamar al militar que había remitido al detenido y decirle:

—Para qué me hacen perder tiempo con este pingo. Llévenlo, pélenlo y háganle lo que quieran.

Zambrano asegura que, asustado por esas palabras, empezó a gritar y a correr hacia la puerta. Dice que se salvó de "la pelada" porque unos vecinos lo vieron.

Meses después, los Delgado y Jaime Zambrano fueron exonerados por la justicia y salieron de la cárcel. Sin embargo, no pudieron seguir viviendo en Cabrera. Las amenazas de los paramilitares los convirtieron en otros de los miles de desplazados por la violencia que malviven con sus familias en Bogotá.

En cambio, el fiscal Jorge Iván Piedrahíta llegó ascendido a la capital.

El hombre que con su error cambió dramáticamente la vida de estas familias es el mismo que se apresta a dictar decenas de órdenes de captura contra estudiantes y profesores universitarios.

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