Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2011/01/08 00:00

    Un gesto mínimo

    Por encima de la propaganda a la que estábamos acostumbrados, es imperativo reconocer que las cifras muestran que Colombia mantiene salarios bajos sin que esto haya significado un repunte en el empleo.

COMPARTIR

En pesos y centavos, la diferencia no es gran cosa. La súbita decisión del presidente Juan Manuel Santos de subir hasta el 4 por ciento el salario mínimo representará para un trabajador solamente un incremento de 3.090 pesos con relación a lo decretado en la última semana de diciembre. Apenas lo suficiente para pagar dos pasajes de bus (no de TransMilenio) y menos de lo necesario para tomar un almuerzo corriente en Bogotá.
 
La medida no es entonces una gran solución para los ingresos de los trabajadores. Sin embargo, es justo reconocer que se trata de un buen mensaje. Primero, por venir de Santos, economista forjado en la ortodoxia neoliberal y miembro de una recia estirpe patronal. Y segundo, porque deja en claro que los costos de la inflación no deben trasladarse a los trabajadores formales peor pagados del país.

Colombia viene desde hace años manteniendo estancado y, en algunos casos, restándoles ingreso real a los trabajadores. Las razones esgrimidas por algunos empresarios y por buena parte de los economistas suenan bastante convincentes, pero se han traducido en una pérdida de calidad de vida para la mayoría de los colombianos.

Esos importantes teóricos argumentan que las alzas salariales por encima del costo de vida producen más inflación. El análisis parte del hecho de que mayor dinero en circulación genera incremento en los precios. También dicen que los aumentos salariales generan desempleo e informalidad laboral. Según ellos, los costos del salario mínimo legal llevan a muchos empleadores a desistir de los trabajadores enrolados formalmente y a reemplazarlos por personas que hacen las mismas labores a destajo y con tarifas menores.

Así mismo, sostienen que algunos países han logrado desarrollo económico y ganado competitividad manteniendo bajos los costos laborales. Hacen énfasis en que el capital es escaso y la mano de obra, en cambio, es abundante.

Durante años, Colombia se ha guiado por el libro de recetas de estos economistas, pero los números parecen estar contradiciendo sus argumentos.

El salario mínimo colombiano está entre los más bajos del continente. Lo superan Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay, Panamá y Venezuela. Los 286 dólares que ganarán a partir de este mes los trabajadores colombianos son una cifra aparentemente competitiva para generar empleo.

Pero -vaya sorpresa- de acuerdo con las cifras de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), Colombia ostenta un triste récord: el mayor índice de desempleo del continente.

El indicador de crecimiento tampoco resultó estelar al finalizar 2010. Estuvo por debajo del promedio latinoamericano al ubicarse en un modesto sexto lugar. Los únicos países con peor desempeño en la región fueron Ecuador y Venezuela.

Es decir, por encima de la propaganda a la que estábamos acostumbrados, es imperativo reconocer que las cifras muestran que Colombia mantiene salarios bajos a sus trabajadores sin que esto haya significado un repunte en el empleo; por el contrario. Tampoco ha descendido la informalidad; al revés, está en aumento. Como si fuera poco, el país no ha consolidado un crecimiento económico que lo haga comparable a Perú, Argentina, Brasil, Chile o México.

Los años en los que Colombia tuvo mejores índices de crecimiento -por cierto, dentro de los promedios regionales- no se tradujeron en una mejora sustancial del empleo ni en aumento apreciable en la calidad de vida de los trabajadores.

Esta es una realidad que puede ser interpretada de muy diversas maneras, pero lo único indiscutible es que la situación no va a cambiar si el país sigue aplicando la misma fórmula.

Juan Manuel Santos tiene la oportunidad de dar un importante timonazo. Los malos salarios son a la vez síntoma de la pobreza y causa de ella.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.