Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2001/06/18 00:00

Un hombre equivocado

De cada millón que la Contraloría recupera, se van 126 millones en funcionamiento. Esta es una empresa ineficien te, aquí y en Cafarnaum

Un hombre equivocado

Un debate que debió tener mayores repercusiones en los medios fue, indudablemente, el que el presidente de la Cámara, Basilio Villamizar, le hizo la semana pasada a la gestión de la Contraloría.

En él quedó planteado todo lo que no debe ser, ni hacer, una institución estatal, ni antes ni después de que el decreto de austeridad impuesto por la aterradora situación fiscal que atraviesa el Estado colombiano obligara a toda serie de ajustes a los organismos públicos, que la Contraloría, ente fiscalizador, se está pasando por la faja de la manera más olímpica posible.

Yo francamente no creo que en la importante carrera pública de Carlos Ossa Escobar, colmada de equivocaciones (porque eso sí: hay que reconocerle que a diferencia de muchos otros, siempre está dispuesto, y lo ha hecho muchas veces, a decir: “Sí, me equivoqué, perdónenme”), figure el pecado de malversación de fondos. No lo creo capaz de tocar un peso del erario público, así como no lo creo capaz tampoco de darle un manejo apropiado al erario público, lo que es muy distinto de robar. Pero cuando se ha tratado de controvertir su gestión reacciona como si de lo que se le estuviese acusando fuera de lo segundo, y no de lo primero. Al auditor General de la Nación le nombró la madre (“sí, me equivoqué, perdónenme”) cuando este quiso escarbar en los manejos de Ossa en la Contraloría para ver, no si robaba, ni muchísimo menos, sino si dicho manejo era o no eficiente.

Y lo que descubrió el auditor fue alarmante: de cada millón que la Contraloría recupera, se van 126 millones de pesos en gastos de funcionamiento. Esta es una empresa ineficiente, aquí y en Cafarnaum.

Hay que reconocer que Ossa ha reducido la nómina de la Contraloría en más de 1.000 empleados. Pero lo cierto es que la Contraloría es una feria de contratación por sumas millonarias. Además de los 130.000 millones de pesos que cuesta anualmente su funcionamiento, en tres años de gestión Ossa se ha gastado 7.394 millones de pesos en lo que técnicamente se llama “servicios personales indirectos” (en el primer año triplicó lo que invirtieron sus antecesores, que están en la cárcel), rubro que en el fondo es, ni más ni menos, un paquete de nómina paralela. Porque dichos servicios deberían poder ser prestados por la planta oficial de la entidad, constituida por 4.000 y pico de empleados —muchos escogidos por cánones de excelencia por parte de la Universidad Nacional—, o figurar en el plan general de necesidades, o simplemente no haber sido contratados.

¿Y qué es lo que ha contratado Ossa con 7.394 millones de pesos, de los cuales 2.816 millones de pesos provienen del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud)?

Al azar escogí algunos de esos contratos: “Para realizar un informe de la consolidación de presupuestos en las contralorías departamentales”. (¿No hay ningún empleado de la nómina para eso?) “para pagar servicios profesionales para auditoría externa”. (¿Es que la Contraloría no tiene auditores?) para contratar unos “cursos de inglés básico”. (¿Generosa la entidad?) para capacitar a los empleados “en técnicas de pintura antigua”. (¿Idem?) Y otro curso “de tapices decorativos”. (Idem). O para “capacitar a los directivos en técnicas de redacción y estilo”. (Si investigan, ¿qué importa que no redacten?). O para la “reestructuración y desarrollo del nuevo discurso del control fiscal”. (¿Será por ello que Ossa volvió el control fiscal un discurso?).

Y son varios los contratos para “asesorar a la Contraloría General en temas relacionados con la imagen y comunicación que impulsen la participación ciudadana en el control fiscal de la gestión pública”. (¿Acaso la Contraloría necesita asesoría de imagen? ¿No basta con que cumpla su gestión fiscalizadora? ¿Necesita complementarla haciéndose propaganda? ¿Se justifica invertir en “monitorear la sintonía de las apariciones del Contralor en los medios de comunicación”, que es uno de los contratos que paga la Contraloría para el cuidado de su imagen?).

Pero eso no es nada. Seguramente la revista Economía Colombiana, que publica la Contraloría con la colaboración de prestigiosísimos académicos, tiene amplia circulación y gran lectura. Pero relanzarla costó en un solo año (1999), por cuenta de la circulación de sólo cuatro ejemplares anuales, la bobadita de 443 millones de pesos. Eso sin hablar de las otras publicaciones de la Contraloría, como Cambio y Control, una estrategia de comunicaciones para rendirle culto a la personalidad de Ossa, que también se paga con los recursos que suministra el Pnud. “Se trata de hacer visible lo invisible”, explica el vicecontralor en un artículo de la revista.

Sí. Ya sabemos lo que viene. Que se equivocó. Y que lo perdonemos. Otra vez.



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