Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/01/30 00:00

Un inversor vacilante

Un inversor vacilante

¿En qué piensas papá? -preguntó el hijo de nueve años al sorprender a su padre en el estado que Rodin dejó al Pensador. -Es que no sé si invertir una platica que me sobra en un país latinoamericano, -respondió el gringo. -Fácil papá, no la prestes. -¿Porqué?-, -Porque te atracan.

El sorprendido padre decidió documentarse sobre las asimetrías de los gobiernos progresistas de la región, y escuchar consejos de expertos; ante todo de quienes le decían que no inviertiera por la desintegración evidenciada en las diferencias ideológicas, la inestabilidad política y el desigual crecimiento económico.

En cierta revista leyó sobre la corrupción en las débiles instituciones mexicanas, y que el otro día a Kirchner lo habían recibido con escepticismo los inversores que quería atraer. Incluso el presidente del Citybank William Rhodes le alabó el desempeño de la economía Argentina depués de la crisis, pero dudaba de su futuro. En la víspera de las elecciones del Brasil, por una radiodifusora escuchó el agite por el nuevo escándalo de corrupción que salpicaba a Luis Inacio Lula.

Al amigo del norte lo seducían las extraordinarias rentabilidades de los mercados emergentes, pero sabía por igual que también podían ser una trampa ante una hipotética subida de los tipos de interés en los Estados Unidos, lo cual causaría la desbandada de capitales. Le aconsejaron prudencia y que mejor invirtiera el cinco por ciento de la cartera en renta variable.

Acudió a un fondo de valores y le indicaron que si la inversión era de corto plazo la podía diversificar entre oficial y privada; entre renta fija y variable. Que podía comprar acciones y bonos a un año, o a dos y venderlos al final del primero. Ubicó por Internet al especialista Gabriel Gasave, del Centro para la Prosperidad Global, quien le recomendó considerar títulos públicos o acciones de los países que han restructurado su deuda como Argentina. Como no le presta la banca multilateral, necesita captar fondos frescos, para lo cual ofrece buenas tasas de interés.

Tremendas dudas rondaban al inversionista quien ya indagaba por los tigres asiáticos, pero mostraba preferencia por Chile para colocar sus fondos. Por Internet ubicó la firma Standard & Poor's para un concepto final. Sus análisis destacaban ampliamente al país austral por su riqueza y creciente madurez política. Fue el único país latinoamericano con economía emergente que creció más rápido durante la última década, incluso por encima de los países del sureste asiático sin China, y el único que mantuvo un crecimiento de la productividad total en cada una de las tres últimas décadas. Sin embargo los analistas le aconsejaron tener un optimismo cauteloso con América Latina.

El potencial inversor seguro de haber tomado una posición de compra, subió con decisión hacia la oficina del fondo de valores pensando en el amigo que le dijo que todo lo que oliera a izquierda no era bueno para atraer capitales. Por alguna extraña razón pasaron por su cabeza imágenes de Hugo Chávez nacionalizando los 32 yacimientos poco después de la primera elección, y a Evo Morales recién posesionado haciendo lo propio con los hidrocarburos. Cuando sacudió la cabeza para salir de la alucinación, cayeron en pedazos los recuerdos de López Obrador cuando perdió las elecciones en México por una nariz, a Ollanta Humala dando la pelea en el Perú, a Rafael Correa cuando lanzaba un "¡Fin del neoliberalismo!", y de nuevo a Chavez en la otra posesión con un "Todo lo que fue privatizado será nacionalizado", "Socialismo o muerte, ¡lo juro!".

El gringo salió del marasmo, rumió las palabras tal vez intuitivas de su hijo, y decidió no invertir. Cuando descendió por las escaleras rumbo a su casa, escuchó decir al empleado que le preparaba el portafolio: "¿Qué se hizo el mono que quería prestar la 'platica'?".

*Periodista

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