Viernes, 20 de enero de 2017

| 2004/04/25 00:00

Un mes después de la tragedia

Hace poco más de un mes ocurrieron los ataques terroristas de Madrid. Como suele suceder, pasado un tiempo y tras el shock inicial, las hipótesis se han decantado y algunos interrogantes parecen en parte resueltos. El especialista en Negociación y Relaciones Internacionales, Pablo Enciso escribe sobre el tema.

Un mes después de la tragedia

Hace poco más de un mes ocurrieron los estremecedores ataques terroristas de Madrid. Como suele suceder, pasado un tiempo, y tras el shock inicial, las hipótesis se han decantado, y algunos interrogantes parecen en parte resueltos.

Quizás la primera lección del 11 de marzo podría ser, más que algo nuevo, la simple corroboración de que la globalización económica ha traído consigo también la globalización de la criminalidad, y en particular del terrorismo. El mundo efectivamente tiende con el paso del tiempo a convertirse, según una conocida definición de la globalización, en la "aldea global", con consecuencias por supuesto de índole diversa. Hoy, los intereses políticos, económicos, sociales, militares, culturales, religiosos, étnicos, etc., están entrelazados de tal manera, que las fronteras de antaño parecen un factor etéreo, una simple formalidad. El reto de analizar y conectar los intereses de los diferentes actores a escala internacional, e incluso local, en este escenario, es una tarea compleja hasta para los más avezados analistas.

El terrorismo siempre ha sido una estrategia de presión política. Esto tampoco es algo nuevo. Sin embargo, los resultados del proceso electoral español dejan en claro que el alcance de un acto de esta naturaleza, con el timing oportuno, calculado, puede tener un impacto definitivo en la voluble percepción de una opinión pública inmersa en un proceso electoral. Aunque pueda sonar exagerado, de cierta manera se puede aseverar que Al Qaeda tumbó al PP. No importa lo que el gobierno de turno, del país de turno, haya hecho en meses y años anteriores, el último round es el que queda en la mente de 'los jueces', parece ser el mensaje. Si a algún terrorista se le había olvidado el alcance y las consecuencias que sus acciones pueden tener en el ámbito político e internacional, tras los hechos de Madrid, la memoria le ha sido rápidamente refrescada.

Al respecto se da además una nueva lección en relación con las consecuencias del errático manejo de la información en medio de una crisis. Quienes no castigaron con su voto al gobierno de Aznar por el ataque bien pudieron haberlo hecho por el afán de culpar a la ETA y tratar de manipular la información. De cierta manera, la pobre estrategia de manejo de los medios, poscrisis en Madrid, multiplicó los efectos del hecho terrorista.

Los anteriores argumentos obligan por supuesto a pensar a corto plazo en las elecciones norteamericanas de octubre, y más adelante, en las elecciones presidenciales en Colombia, y en particular en los últimos meses del gobierno de Uribe Vélez. Las Farc y el Eln, a la luz de los hechos de Madrid, podrían estar pensado en función de golpear la Política de Seguridad Democrática, durante 'el último round', con miras a que las estadísticas de los primeros años de gobierno pasen a un segundo plano, y eventualmente allanando el camino para un triunfo de un gobierno más proclive a la "solución negociada" que trasnocha a un gran porcentaje de la clase política, y no solo a la guerrilla. Ya en el pasado reciente, una foto del entonces candidato Andrés Pastrana con 'Tirofijo' pudo haber marcado la diferencia que llevó al primero al Palacio de Nariño.

El corto circuito en la política de seguridad democrática que generaría un hipotético cambio a otro gobierno de orientación diferente rápidamente erosionaría el terreno abonado durante la etapa de Uribe.

Quizás es también factible decir que, en cierto sentido, la globalización e integración parecen estar funcionado mejor para los 'malos' que para los 'buenos'. Mientras los organismos de seguridad de uno u otro país, por el celo y la desconfianza que prevalece entre los 'buenos' y 'aliados', prefieren en ocasiones no intercambiar información y know how, los malos parecen más dispuestos a una posición más cooperativa, y a una fusión de intereses, así sea con carácter temporal (aunque sus causas no tengan en principio mucho en común). Con el agravante de que "los explosivos que resultaban difíciles de obtener están hoy al alcance, y el entrenamiento en estas artes ocultas se puede hallar en las páginas de Internet" .

Y no hay que llamarse a engaños al respecto, las promesas e intenciones de más cooperación internacional para combatir al terrorismo pueden ser sólo eso. Este tipo de cooperación en temas de seguridad nacional enfrenta barreras, incluso de tipo cultural, muy difíciles de superar. La división y compartimentación de los cuerpos de seguridad estatales, nacionales e internacionales es sin duda un aliado invisible que explotan las intrincadas redes del terrorismo global. Para nadie será una sorpresa que tras el trabajo de la Comisión Especial que investiga en Estados Unidos los hechos del 11 de septiembre, la conclusión principal sea que la CIA, el FBI, etc., tienen que buscar canales más efectivos de integración y coordinación de sus esfuerzos de búsqueda de información. En Colombia, SEMANA tenía recientemente en su portada a los entes de seguridad del Estado con guantes de boxeo puestos, en alusión a la falta de cooperación y los celos que reinan entre ellos. A escala internacional, el fenómeno es aún más complejo y está salpicado de todo tipo de consideraciones que rodean la política exterior de países incluso en teoría 'aliados'.

La conexión drogas y armas, o en otros términos criminalidad común u organizada y grupos terroristas (de ideología diversa), tal como los hechos parecen mostrar que ocurrió en Madrid, corroboran la existencia de una entrabada red de redes, una mezcla incomprensible de intereses criminales trasnacionales de naturaleza diversa, que hace supremamente compleja la tarea de prevenir nuevos incidentes . Mientras haya el dinero suficiente para financiar sofisticadas acciones, y en medio de múltiples fenómenos sociales como los procesos migratorios sur-norte, propiciados de cierta manera por la globalización (que poco tienen que ver con aduanas y fronteras), la amenaza seguirá latente en cualquier latitud. Y en particular, en las sociedades democráticas, cuyo sistema político conlleva ciertas debilidades: "Las sociedades occidentales (y de forma creciente otras también) ofrecen grandes libertades a las personas que viven ellas. Los terroristas se ocultan en esas libertades. Ahora hay que encontrarlos ". En países como Colombia, esta percepción del exceso de las libertades como un talón de Aquiles de la sociedad se ha pretendido abordar con proyectos de ley como el Estatuto Antiterrorista.

Por otra parte, mientras la capacidad de los organismos de seguridad, incluso en los países avanzados, ha probado reiterativamente ser bastante limitada (con el inconveniente adicional que ya se mencionó de una cooperación más retórica que práctica), los métodos terroristas parecen, según los hechos más recientes, ser cada vez más creativos y altamente coordinados. Mientras los terroristas se muestran más dispuestos a 'innovar', las autoridades parecen anquilosadas, expuestas a nuevas sorpresas y de cierta manera resignadas (de hecho, trasmitir este mensaje de indefensión es uno de los propósitos de los terroristas). Mientras funcionarios del gobierno inglés daban a entender hace pocos días ante los medios de comunicación que prácticamente era inevitable un hecho terrorista en su territorio, el presidente Bush en una rueda de prensa reciente se preguntaba ¿quién hubiera podido pensar antes del 11 de septiembre que era posible que terroristas pudieran chocar aviones contra el WTC? La lección en este orden de ideas parece ser que hay planear para lo esperado... y para lo inesperado... ¡así parezca en principio descabellado y pérdida de tiempo!

Aunque tampoco es una novedad que la población civil inerme sea el blanco, el 11 de septiembre y el 11 de marzo dejan en claro que el impacto de los hechos terroristas de comienzo de siglo es directamente proporcional al número de muertes y la devastación. Entre más dantesco el escenario, mejor, los medios de comunicación se encargan del resto. La lección en este sentido es poco esperanzadora. El terrorista de hoy se muestra mucho más sediento de sangre y mucho menos amarrado a conceptos morales. Incluso grupos guerrilleros como las Farc colombianas ya han mostrado en este sentido giros importantes con hechos como los del Nogal y otros indicios que evidencian su intención de atacar una represa, lo que muy probablemente habría generado una enorme catástrofe. En el escenario de hoy, el concepto guerrillero de que hay que ganarse a la población es anticuado, prima el precepto terrorista de que a la opinión pública hay que aterrorizarla.

Quizá sea factible decir que los hechos de Madrid, más que nuevas lecciones, son un repaso de viejas lecciones, desafortunadamente aún no bien asimiladas.

*Ingeniero naval. Máster en Ciencias Políticas de la Unuversidad Javeriana. Especialista en Negociación y Relaciones Internacionales de la Universdad de los Andes.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.