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Opinión

  • | 2004/09/24 00:00

    Un mundo triste

    Líder es quien apela al miedo, quien interpreta el miedo, quien encarna la respuesta primaria frente al miedo

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La época de la posguerra fría comenzó el 9 de noviembre de 1989 y terminó el 11 de septiembre de 2001. Fue pues un interludio breve en que creímos que la democracia triunfaría en todas partes, que el mercado crearía bienestar para todos y que la ley, no la fuerza, dirigiría las relaciones internacionales.

Fueron los años dorados de Clinton y Bill Gates, de los yuppies y su alegre reformismo en todas partes, cuando algún escritor declaró famosamente que ya "El fin de la Historia" había llegado.

Pero la Historia rebrotó en septiembre 11. El golpe de Al Qaeda fue la rabia destilada del mundo premoderno contra el mundo que parecía posmoderno, y la respuesta del mundo 'posmoderno' fue desandar el reloj de la Historia.

Si la ignorancia fanática y abstrusa del terrorismo nos despertó del sueño, la ignorancia fanática y mundana del señor Bush creó una pesadilla. La libertad, aquel hermoso leitmotiv de los 90, fue bruscamente reemplazada por el miedo. Miedo cerval y personal de cada gringo ante la bomba, el gas o el virus que acecha en cada esquina y que el gobierno cultiva con alarmas de todos los colores.

Miedo al malo, o al Mal. En un libro excelente y erudito (Evil, 1997), Baumesiter había encontrado que la religión, el cine, los noticieros, los cómics y los cuentos infantiles tienen la misma imagen del malo: es un extraño, un forastero sin motivos legítimos que siembra el caos entre víctimas totalmente inocentes y que algún día será derrotado por el Bien. Así que Osama y sus amigos son pobladores del raro mundo donde viven Lucifer, el Pingüino, Jack el Destripador, el Ogro y la Patasola.

El miedo como base de la política interna y la guerra contra el Mal como guía de política exterior. Es un retroceso abismal en la cultura, es comenzar una nueva Edad Media, volver al tiempo cuando el temor al Infierno mantenía a los reyes en sus tronos y las cruzadas eran la obsesión de los reyes.

Es regresar, por eso dije, al mundo premoderno, sin el Renacimiento y sin la Ilustración, para atacar a un enemigo premoderno que nunca tuvo su Renacimiento ni su Ilustración.

El enemigo es el Mal. Bush no entiende ni intenta entender de dónde viene la rabia de los árabes, y entonces piensa que Ben Laden, Hussein, al-Sadr y los otros son ogros o demonios, sin contexto social y sin historia, cuyo propósito es el daño por el daño hasta que sean derrotados por el Bien.

El enemigo es el Mal. El desconfiar de la gente que es distinta, la xenofobia, la intolerancia, los presos sin las pruebas, los reos sin abogado e incluso las torturas son parte de esta guerra sagrada contra el Mal.

El miedo como argumento esencial de la política. Líder es quien apela al miedo, quien interpreta el miedo, quien encarna la respuesta primaria frente al miedo. Su credo es fundamentalista y chovinista. Su programa de gobierno es un revuelto de pragmatismo y simplismo, de ignorar el matiz, lo complejo, el mañana. Su ética es creer que hay los buenos y hay los malos, no las acciones buenas y las malas. Su estética es machista y provinciana, sus lecturas no pasan de los 'memos'.

Líder es el que mantiene posiciones firmes, no el que toma decisiones acertadas. No importa pues que, por falta de análisis, el señor Bush haya cometido tantos y tan graves errores. Invadir Afganistán en vez de concentrarse en Al Qaeda, invocar la amenaza terrorista para atacar a Irak que no era terrorista, no haber ido acompañado de la ONU, no tener plan para un Irak sin Hussein, tolerar los excesos de Sharon y haber logrado en fin que crezca más y más el odio entre los árabes. En su guerra santa contra el terrorismo, Bush no ha hecho sino multiplicar el riesgo terrorista.

Tampoco importa que el miedo al extranjero se use para tapar los fracasos en política interna: la pérdida de empleos, la crisis del sistema de salud, el gigantesco déficit fiscal, el deterioro ambiental o la concentración creciente del ingreso.

Bush representa un retroceso cultural de siglos, está perdiendo la guerra en el extranjero y ha fracasado en su gestión interna. Pero en un mes será reelegido con los votos del miedo. Y el mundo, como dije, será triste.
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