Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2011/03/07 00:00

    Un partido que mutó a clásico

    Tolima y Once Caldas protagonizaron ayer domingo una fecha más del torneo: ganó el blanco blanco 3 a 1. Dos equipos que han sabido acumular crédito en un bien que se cotiza en oro actualmente: la jerarquía.

COMPARTIR

Desde que comenzaron los torneos cortos se ha convertido en un clásico. Vale para este duelo ampliar el concepto de “clásico” más allá de la ciudad de origen, como pasa en otros países del mundo, y calificarlo así, amén del gran pasado inmediato y del enorme presente de cada uno. Bajo el mismo techo y con el número cinco rodando, en los últimos años ambos acaparan la atención de toda la patria futbolera. Son Tolima y Once Caldas, protagonistas ayer domingo en Ibagué de una fecha más de la Liga Postobón. Perdió el local 3 a 1, fue un match entretenido, que dominó el visitante y ganó siendo punzante, pero sobre todo fue un partido cerrado, acaso porque chocaron dos estilos distintos pero con un denominador común: el buen pie de sus jugadores, el trato correcto del balón. Su primera opción es el pase corto y seguro, la comunicación al ras de piso, indicativo de una manera de entender el juego con la que me identifico, que prioriza la tenencia de la pelota sobre la pesca milagrosa del pelotazo.

Los dos tienen muy buenos arqueros, dato que confirmaría, por qué no, aquello que dice que los buenos equipos se arman de atrás para adelante. Quisiera detenerme un segundo en dos jugadas que hubo en el partido que culminaron en dos tiros penales, uno para cada lado, pero no para discutir si fue o no fue falta. Creo que la repetición televisiva de una jugada debe servir como apoyo complementario al comentario periodístico, especialmente si esta se reproduce en cámara lenta, imagen traicionera por su belleza pero que engaña, y mucho, y no como la gota que completa nuestra apreciación, que confirma o determina la decisión a tomar, o sea, si hubo o no hubo penal. Es una pelea desigual juzgar al referí después de tres repeticiones. Al menos darle la derecha y ser conscientes de que el tipo tiene que pitar en un segundo y decidir... Y la intuición; bien gracias.

Volviendo a lo nuestro, lo de Tolima y Once Caldas, que para mí pelearán por el título doméstico, es un ejemplo de cómo se puede formar un equipo competitivo, capaz, que se planta aquí y allá con personalidad, que posee los matices del talento, la juventud y la experiencia, un ejemplo dentro de la mediocridad de nuestro balompié. No tienen fortunas en sus arcas, pero sí tienen un proyecto al que apuestan diariamente y refrendan con tolerancia. Tolima no disfruta de un presupuesto millonario por eso vende hasta el último centímetro de su camiseta para publicidad, una de las fuentes de ingresos directa. Si tuviera plata, quizá su zamarra fuera sin marcas como la del Barsa. Estéticamente no es lo más lindo, no, pero es el mercado.

Además de vestir con convicción las propias ideas, Tolima y Once Caldas han ganado crédito con un valor que se cotiza en oro actualmente: la jerarquía. Este valor se alimenta y crece según las vueltas olímpicas, pero también mediante campañas decorosas y sudor de camiseta. De los cuatro títulos que ha ganado el equipo de Manizales, el primero fue en 1950 (en ese momento se llamaba Deportes Caldas, uno de sus muchos nombres), tres han sido en el siglo XXI: arrancó en el 2003, un año después de iniciados los torneos cortos, campeonato que ganó en la primera mitad del año; después ganó el torneo Apertura 2009 y, por último, alzó el trofeo del Finalización 2010. Tolima, en cambio, sólo tiene una estrella de campeón, fue en el torneo Finalización 2003 y además, nobleza obliga, salió subcampeón en el finalización 2006 y en el 2010, donde cayó contra el Once.
Y, como si fuera poco, ambos están vivos en la Copa Libertadores de América y, junto al Junior de Barranquilla, son los representantes de Colombia en esa competencia continental de enorme prestigio. El próximo partido será definitivo para la existencia de cada uno en ese torneo, sin embargo, y descontando el resultado, sus aspiraciones ya sobrepasaron los límites propios gracias al trabajo planificado y al carácter, y por eso y por sus valores invisibles se han convertido separados en referentes y juntos, en uno de los clásicos modernos del fútbol colombiano.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.