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Opinión

  • | 2007/05/12 00:00

    Un sainete

    El Estado es responsable por acción o por omisión, pero nadie es responsable por sus acciones u omisiones.

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Si no fuera por los muertos esto sería un sainete. Nada de lo que está pasando es serio, aunque sea grave.

No es serio este Congreso, que amenaza con ponerse en huelga cuando el Vicepresidente levanta una puntita de la manta que tapa las vergüenzas de la narcoparapolítica. Ni es serio el Vicepresidente, que a continuación le pide excusas al Congreso por haber dicho algo que todos saben que es cierto, pues el Presidente, que también lo sabe, le ha exigido que las pida. Ni es serio tampoco ese mismo Presidente, que se la pasa dándoles a sus subordinados lo que ellos mismos llaman, como niños, "tirones de orejas"; pero no como a los niños, por decir mentiras, sino por haber dicho la verdad: No es serio este país, ''en beneficio'' del cual, según nos dicen, los funcionarios tienen que retractarse por haber dicho la verdad y en cambio son premiados cuando inventan mentiras, cuando manipulan las cifras del secuestro o de la inflación, del desempleo o de la fumigación de los cultivos prohibidos: cuando inventan lo que ellos mismos llaman, sin rubor, "falsos positivos". Nada de eso es serio.

Pero es grave, porque los muertos son muchos. Se están buscando diez mil (o tal vez treinta mil, pues las cifras son cambiantes) cadáveres de campesinos asesinados por el narcoparamilitarismo. Y la marea de desplazados generada por esos asesinatos, que para eso se cometen, se cifra ya en tres millones de personas (o en un millón, dependiendo de quién la cifra). Y ya son cuatro millones (o tal vez sólo dos, también depende) los colombianos que han tenido que salir del país en busca del empleo que aquí no pueden encontrar: se van incluso a Ecuador, en donde tampoco hay empleo para los ecuatorianos, que por eso también se van.

Eso es grave, pero no importa. Y no sólo tiene la aprobación de muchos, como lo muestra la encuesta de SEMANA, sino que recibe oficialmente la explicación justificatoria de que si el narcoparamilitarismo existe, se ha visto obligado a existir, es a causa de la ausencia de Estado. ¿Ausencia? Como si no fueran representantes del Estado, alcaldes y gobernadores, parlamentarios y comandantes militares, los que han organizado (y no sólo permitido) la acción narcoparamilitar. El mismo presidente de la República Álvaro Uribe tuvo no hace mucho la desfachatez de proponer un juicio histórico al Estado por sus responsabilidades y carencias, como si él mismo no hubiera sido agente del Estado colombiano casi desde su niñez, e ininterrumpidamente, en todos los cargos que hayan podido caberle en su currículum, funcionario de las Empresas Públicas de Medellín, secretario general del Ministerio de Trabajo, director de la Aeronáutica Civil, alcalde de Medellín, concejal, representante, senador, gobernador de Antioquia, y dos veces (por ahora) Presidente de la República. El Estado es responsable, por acción o por omisión; pero nadie es responsable de las acciones u omisiones del Estado. Por eso cuando alguno de sus representantes dice por imprudencia o por inadvertencia algo que sea verdad, es necesario que a continuación se retracte: el sainete reposa sobre la mentira. Es una representación, algo que se hace para la galería.

Un ejemplo. Acaba de nombrar el Presidente a Paula Marcela Moreno Zapata, como nueva ministra de Cultura. Se trata de una mujer muy joven, de sólo veintiocho años, y con muy poca experiencia en temas culturales o administrativos. La prensa informa solamente que ha hecho trabajo comunitario y realizado investigaciones para organizaciones internacionales y educativas, y que fue asesora de la Dirección del Etnias del Ministerio del Interior. Es negra. O, para decirlo con la expresión "políticamente correcta" que hemos dado en copiar de la práctica norteamericana, "afrodescendiente". Y salta a la vista que fue nombrada por su condición de negra, atendiendo a la sugerencia que le hicieron hace unos días al presidente Uribe los congresistas negros, o afrodescendientes, norteamericanos, a cambio de que se inclinen a votar favorablemente el Tratado de Libre Comercio con Colombia. Pero Uribe niega la evidencia, y asegura que "no fue designada por el color de su piel, sino por sus méritos".

Y habiendo dicho eso, se queda tan ancho.
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