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Opinión

  • | 1991/12/09 00:00

    UN TAXI PARA DOS

    Para poder reconocer la existencia del otro, los hermanos enemigos del Oriente tuvieron que pasar por el trago de empezar a ser distintos de sí mismos.

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DE LA CONFERENCIA DE PAZ DE MADRID, contra toda previsión racional o más bien dado el carácter del conflicto contra toda previsión irracional quedo para la televisión y la prensa del mundo una imagen: la casi inconcebible imagen del jefe de la delegación palestina Haydar Abdul Shafi, y el de la delegación israelí El yakim Rubinstein, dándose la mano. Los dos ponen mala cara y se dan la mano de visible mala gana. Pero se dan la mano: reconocen que el otro existe.
No es la paz todavía ni muchísimo menos. Ha corrido demasiada sangre entre ambos pueblos y mucha más correra aún porque las posiciones de unos y otros siguen siendo prácticamente irreconciliables. Pero el punto simbólico central del conflicto israelo-palestino, que es a su vez la más envenenada espina del más amplio y complejo conflicto israelo-árabe, era la negativa de unos y otros a reconocer recíprocamente su existencia. Para los palestinos no habla israelíes sino judíos que debían ser arrojados de la tierra de Palestina al mar; para los israelíes no había palestinos sino árabes que debían ser expulsados de la tierra de Israel. Y lo malo es que se trata de la misma tierra. Una de las noches de la Conferencia, en la Puerta del Sol de Madrid, dos hombres esperaban un taxi y manoteaban agitados y brincones, y lo llamaban de lejos con esas voces de húmeda urgencia que se usan en el Oriente Medio.
-¿Palestinos?
-No Israelíes -dijo uno. Y el otro añadió, como disculpándose:
-Siempre nos confunden.
Es porque son iguales. No sólo en lo físico: manoteadores y cetrinos, y hablando en atropelladas lenguas semíticas de un sólo Dios único y total que sin embargo son dos dioses distintos (no como el de los cristianos que es uno pero son tres). También son iguales en su tragedia histórica: dos pueblos sin tierra, expulsados de la suya por la fuerza y perseguidos y dispersados por un mundo ajeno. Es significativo que para referirse al desperdigamiento de los palestinos por países extraños se use la palabra
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