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Opinión

  • | 2015/01/28 08:35

    Un testigo bajo presión

    En el proceso contra Luis Alfredo Ramos comparecerá un expolicía que ha dado diversas versiones y que ahora alega presión para hablar en contra del excongresista. Yo tengo mis dudas.

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Carlos Enrique Areiza comparecerá en el juicio que se sigue contra el excongresista y exgobernador de Antioquia Luis Alfredo Ramos por sus presuntos nexos con las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc). Este es un testigo bajo presión, cuyos efectos se sienten en la variación de sus versiones: comenzó diciendo que estuvo presente, como hombre de seguridad, en una reunión del político antioqueño con varios jefes paramilitares realizada en enero de 2005 en una finca del municipio de Bello, norte del Valle de Aburrá; y a finales del años pasado denunció que estaba siendo presionado por el senador Iván Cepeda para hacer falsas acusaciones.

Semana.com registró en una nota periodística la denuncia: “He venido recibiendo presiones por parte del señor Iván Cepeda para que declare ante la Corte y me ofrecieron 100 millones de pesos si yo les colaboraba o si no, me iban a hacer la vida imposible en la cárcel y mi familia iba a sufrir las consecuencias si yo no enredaba al expresidente Uribe, su hermano, al señor José Obdulio Gaviria y al exgobernador de Antioquia Luis Alfredo Ramos”. La carta, escrita con su puño y letra, ahora reposa en el expediente del excongresista Ramos.

Me llamó mucho la atención esta declaración porque contradice todo lo que ha dicho este expolicía años atrás, cuando se mostraba muy seguro de su testimonio y no dudaba en describir los nexos de políticos regionales, particularmente del municipio de Bello, con los jefes de las AUC y el aparato sicarial que dominaba esa zona del Valle de Aburrá. Y lo digo porque yo tuve la ocasión de entrevistarlo varias veces entre los años 2011 y 2013 en desarrollo de varias investigaciones periodísticas sobre el crimen organizado en Medellín y su área metropolitana.

De Areiza supe por varios fiscales de la Unidad de Justicia y Paz que venían documentando las acciones de los bloques Cacique Nutibara y Héroes de Granada de las AUC. Esas tareas los llevaron a consultar detenidos que conocieran del tema, así no estuvieran postulados a los beneficios de la Ley 975, que se aplica a exparamilitares y exguerrilleros.

Areiza fue uno de los consultados por los fiscales por su nivel de conocimiento de la criminalidad del área metropolitana. Lo que sabe se desprende tanto de su ejercicio como policía a finales de los años 90 como por los servicios de seguridad que por varios años le prestó a la empresa Bellanita de Transportes, uno de cuyos propietarios, Hugo Albeiro Quintero, estuvo detenido por sus actividades ilegales y en una de sus propiedades se realizó la reunión entre Ramos y los jefes de las AUC en enero del 2005.

Fueron varias las entrevistas que tuve con Areiza, algunas en la sede del Palacio de Justicia en Medellín y una más, la última, en la cárcel de máxima y mediana seguridad de Itagüí. En una de ellas me ofreció una información que, según él, era clave en el proceso contra Ramos y otros congresistas antioqueños. Se trataba de audios y fotografías que registraban reuniones de políticos con jefes paramilitares en Bello.

De acuerdo con la versión que me dio a finales del 2011, esos audios y fotografías estaban guardados en Ciudad de Panamá, bajo el cuidado de un amigo de su confianza. Para acceder a esa información le propuse que yo viajaba hasta allá y hacía copias, lo que inicialmente aceptó, pero días después me dijo que mejor enviaría a una prima de él, para lo cual necesitaba un millón de pesos. Yo accedí a darle parte del dinero, que consigné en una cuenta del Banco de Bogotá a nombre de su pariente, pero el famoso paquete nunca llegó. Pese a mi insistencia, no obtuve respuesta y opté por dejar el tema así.

Meses después escuché en radio una noticia que me llamó la atención: Carlos Enrique Areiza se había fugado de la cárcel, aprovechando una cita médica fuera del penal, pero dos días después se entregó de nuevo a la justicia. Luego de ese incidente, tuve la oportunidad de volver a hablar con él, esta vez en la cárcel de Itagüí, en noviembre del 2013. Dentro de los temas de conversación, le pregunté por la razón de su escape y me respondió: Todo se debe a las declaraciones que he venido rindiendo en la Corte Suprema y en Justicia y Paz”.

Y la conversación en ese momento derivó a lo que había dicho hasta ese momento ante las autoridades judiciales. Con mucha seguridad habló de la reunión en Bello y cuenta detalles que sólo sabría alguien que estuvo presente. “A la reunión llegaron en helicóptero ‘Ernesto Báez’ (Iván Roberto Duque) y ‘Julián Bolívar’ (Rodrigo Pérez Alzate), pero ‘Julián Bolívar’ no entra a la reunión, sale de ahí a visitar los hijos que los tiene viviendo en Copacabana, el único que entra a la reunión es ‘Báez’”.

Sobre la presencia de políticos en aquel encuentro, Areiza me precisó lo siguiente: “Cuando Óscar Arboleda llega, presencia 20 minutos y se enoja, y dice por qué están esos manes ahí, entonces sale y se va 'piedro' (bravo). Los que se quedan toda la reunión son Luis Alfredo y Óscar Suárez. Llegaron como a las 4 de la tarde y se fueron como a las 12 de la noche”. Le pregunto por Manuel Ramiro Velásquez y me dice que también estuvo ahí, “pero muy poco tiempo”.

Al preguntarle por otras reuniones de Ramos con jefes de las AUC, Areiza me dijo: “Yo tengo en mi poder unos videos de una reunión en el 2001 con Vicente y Carlos (Castaño Gil) y Albeiro”. Y a renglón seguido enumera un grupo de políticos que los paramilitares financiaron: “Óscar Suárez, Luis Alfredo Ramos, Mauricio Parodi, William Ortega”.

También dijo que tiene otro video, del 2006, cuando Ramos se reunió con Hugo Albeiro Quintero y Vicente Castaño para recibir 800 millones de pesos, sin que sea claro en decir para qué ese dinero. “Hay un videoclip de eso”, me dijo, y es uno de los que, según él, guardaba en Panamá.

No entiendo entonces cómo ahora Areiza alega que el senador Iván Cepeda lo presiona. Me desconcierta su denuncia de finales del año pasado. Lo que creo es que está bajo presión y no precisamente por aquellos que son detractores del excongresista Ramos y el grupo político que lo respalda. Creo que las presiones están por otro lado. Pero será la justicia la que determine si dice mentiras o no.

En Twitter: jdrestrepoe
(*) Periodista y docente universitario

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