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Opinión

  • | 2011/05/30 00:00

    Una alianza política con integridad moral

    Habría una gran diferencia entre la alianza Peñalosa-Uribe y una eventual alianza Mockus-Petro-Parody: la primera fue oportunista, la segunda sería consecuente.

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Ser consecuente es guardar correspondencia lógica con los principios que se profesan. Ser consecuente es no violar el viejo adagio popular: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Ser consecuentes fue también la petición de Immanuel Kant a los políticos prácticos, a quienes consideran que su oficio tan solo se alimenta de la experiencia y que, en consecuencia, poco o nada tendría la teoría moral y política para decirles.

Difícil petición. Mucho más hoy, aquí, en un país plagado de corrupción y oportunismo políticos. Porque si nuestra clase política no es capaz de sostener sus propios principios (aquellos que dicen tener), mucho menos atenderán a la mejor de las teorías. Siempre que no sea, por supuesto, de su conveniencia.

Consecuentes no han sido, claro está, Enrique Peñalosa Londoño y, ahora, su adalid Luis Eduardo Garzón. Porque cuánto recordamos esas palabras enfáticas de Peñalosa, al defender su negativa al acuerdo entre Antanas Mockus y Gustavo Petro: “(…) lo que buscamos es una alianza ciudadana, no hay alianzas con los partidos”; y cuánto nos indigna, hoy, verlo agradecer el apoyo del Partido de la U. Máxime, cuando a manera de trofeo es presentado por la U como quien ha respaldado las políticas del gobierno de Álvaro Uribe, en particular su reelección: como quien ha respaldado la postura del “todo vale”.

Realmente indignante. Así como lo es que, en defensa de Peñalosa, Garzón venga hoy –¡por favor!– a ‘indignarse’. A decir que no es justo que se diga que únicamente el ala de Mockus, dentro del PV, no es corrupto. Y, más aún, que venga a intentar desviar nuestra atención diciendo que el acuerdo del PV es con el partido del Presidente Santos, y no con el ex Presidente Uribe. Con todo, quién le va a pedir a Peñalosa y a Garzón que sean consecuentes, quién va a quemar pólvora en gallinazos.

Mejor haríamos en pedirles que sean consecuentes a aquellos miembros del PV que siguen defendiendo los principios con los que, justamente, se erigieron como partido. Y nos escuchan, valga decirlo. Antanas Mockus, Ángela Robledo y John Sudarsky, por ejemplo, han hecho pública su indignación frente a la decisión de Peñalosa. Tan solo cabría recordarles que ser consecuente no es, meramente, indignarse. Pues está bien que lo hagan, pero de indignados tenemos de sobra en este país. Y a decir verdad no somos de gran ayuda. Mucho menos cuando políticos como Garzón también se ‘indignan’.

Más valdría, entonces, que esas indignaciones se materializaran de una manera más eficaz. Como lo hizo Juan Carlos Flórez, por ejemplo, quien ante semejante contradicción ya ha presentado su renuncia al partido. Al parecer, él sí sabe que como están las cosas en el PV de nada sirve un disentimiento desde adentro. Porque hay que aceptar que Peñalosa ya se ganó ese partido, y no lo dejará por más que Mockus se lo pida. Más bien seguirá por la vía fácil, guardando silencio y dejando que sea Garzón quien se las vea con la opinión pública.

Gran decisión la de Flórez, si bien no suficiente, pues ya va siendo hora de que a la mejor parte de nuestra clase política no le siga faltando el centavito para el peso –ese que siempre le falta a nuestra selección–. Lo que no le compete únicamente al ala disidente del PV, sino también a los demás políticos que, como Gina Parody y Gustavo Petro, ejercen su labor política con no menor integridad moral. Va siendo hora de no quedarse en las buenas intenciones y de ser realmente consecuentes: de establecer alianzas.

Porque mientras Flórez no se ponga en la tarea de materializar su ejemplarizante forma de hacer política; mientras Parody y Petro, por su parte, sigan creyendo que una golondrina hace verano; mientras Robledo y Sudarsky sigan aferrados a sus curules; y mientras Mockus, sencillamente, se quede a la espera; la maquinaria tradicional, de la que ahora hace parte el ala de Peñalosa en el PV, volverá a llevarse el trofeo.

Así pues, parece paradójico que para derrotar las alianzas del oportunismo también haya que establecer alianzas. Pero no lo es. Habría una gran diferencia entre la alianza Peñalosa-Uribe y una eventual alianza Mockus-Petro-Parody: la primera fue oportunista, la segunda sería consecuente. En esta última no se iría en contra de la integridad moral, de los principios que se dice defender.

Más aún, me atrevería a afirmar que esta alianza sería el comienzo de una vivificante y nueva era en la política colombiana. Tanto, que de no darse estaríamos simplemente frente a tres rebeldes sin causa; para quienes, pese a sus excelentes principios e ideales, seguiría primando el interés propio y el protagonismo político por encima del interés común.

* Twitter: @Julian_Cubillos

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