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Opinión

  • | 2011/10/30 00:00

    Una campaña apasionada y dura

    Tendremos que escudriñar el resultado de las elecciones en 211 municipios donde las investigaciones previas mostraron influencia de parapolíticos o grupos armados ilegales.

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Viví esta campaña intensamente. Seguí paso a paso el debate en muchas regiones del país y estudié candidatos y programas. Participé en una juiciosa investigación sobre posibles vínculos entre grupos políticos y fuerzas ilegales para apropiarse de gobernaciones y alcaldías.

Asistí a reuniones del Comité de Seguimiento Electoral que orienta el ministro del Interior y me reuní con el presidente Juan Manuel Santos y con las fuerzas de seguridad del Estado para alertarlos sobre estos riesgos.

Escribí columnas, debatí en radio y televisión sobre los acontecimientos. He recibido varias demandas, un millón de improperios y muchas amenazas. No me arredro. Estoy plenamente convencido de que el mayor reto del país es sacar la violencia y la ilegalidad de la política.

A lo largo de la campaña estuvieron en juego tres cosas fundamentales: el grado de respaldo que tiene la nueva agenda del país; el nivel de incidencia que aún conservan la parapolítica, las mafias y las organizaciones armadas en la vida regional y local; y un reordenamiento del mapa político nacional.

El expresidente Uribe puso toda la carne en el asador. Se la jugó por Peñalosa en la capital y se fue a las regiones a llevar de la mano a un gran número de candidatos, a insistir en las ideas que puso en práctica en sus ocho años de gobierno, a defender en la plaza pública a los altos funcionarios de su administración vinculados a graves delitos, a cuestionar la reorientación de las relaciones internacionales y las reformas internas que ha emprendido el gobierno de Santos. No le fue bien. Es evidente que en el país se respira un nuevo ambiente.

Ahora tenemos la obligación de escudriñar el resultado de las elecciones en 211 municipios donde las investigaciones previas mostraron algún riesgo de influencia de personas procesadas por parapolítica o de grupos armados ilegales. Medir el volumen de alcaldías que quedan en sus manos. Contabilizar sus triunfos en gobernaciones, especialmente en 12 departamentos donde presentaron candidatos con gran opción. Seguirles la pista a estas administraciones para establecer el rumbo que tomarán en los próximos meses. Examinar con lupa los votos y la presencia del PIN, del Mío y de Afrovides, grupos políticos orientados por parlamentarios presos por vínculos con paramilitares.

Tendremos que pasar revista a la situación de cada uno de los partidos políticos, para saber qué tan fuertes o maltrechos quedaron después de la contienda. Confirmar si el avance del Partido Liberal, las dificultades del Partido de la U y la crisis de Cambio Radical le abren las puertas a la reunificación liberal que se ha estado discutiendo en los últimos meses.

Estudiar uno por uno los resultados del Partido Conservador y corroborar si resultó cierto el fracaso que anunció el expresidente Andrés Pastrana en la demoledora crítica que le hizo en estos días a José Darío Salazar por su mala gestión en la dirección conservadora; y si, dada esta situación, se abre paso la reorganización de esta fuerza en cabeza del propio Pastrana.

Analizar el debut del Partido Verde en la política local, para entender el futuro de un movimiento que creó muchas expectativas en la campaña presidencial y afrontó controversias y divisiones en los últimos meses que amenazan su existencia. Ahora tendrán que hacer una pausa, repensar su identidad y redefinir su orientación si quieren permanecer por largo tiempo en la vida nacional.

Particular examen merece la situación de la izquierda. El Polo Democrático se ha venido al suelo. Sus líderes, militantes y electores se han dispersado al menos en cinco agrupamientos: Progresistas, Verdes, del Centro Independiente ligado a Angelino Garzón, la Oposición Alternativa que integran cuatro senadores y la actual dirección del partido en cabeza de Jaime Dussán.

De cara a las elecciones de 2014, se verán obligados a explorar las posibilidades de una reunificación y a dedicar mucho tiempo al estudio y al debate de un nuevo ideario para dar respuesta a la indignación que sacude al mundo y que empieza a llegar a Colombia por la vía de la movilización estudiantil y la protesta social.
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