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Opinión

  • | 2015/05/01 10:00

    Una “carta bomba” llegó del Cauca

    Mientras una sola persona en este país se vea precisada a escribir cartas como ésta, la paz seguirá siendo en Colombia una simple utopía.

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Por estos días nos enteramos -gracias al estrépito mediático más desmesurado que yo recuerde para casos semejantes-, de la dolorosa muerte en medio de la guerra de 11 soldados en el Cauca. Igualmente fuimos sorprendidos por la ligereza del fiscal general cuando afirmaba que puesto que el ataque guerrillero se dio “mientras estos descansaban” ello se constituía en un “homicidio en persona protegida” por lo que sería una “infracción al Derecho Internacional Humanitario”. No, señores, una guerra es una guerra con su crueldad innata en donde los enemigos no anuncian sus golpes ni saben de cortesías. El ejército mató, como nos lo recuerda Yesid Arteta, a Alfonso Cano, el Mono Jojoy y Raúl Reyes, bombardeándolos mientras dormían.   

Los medios, inmersos en un frenesí informativo desconcertante, no parecían darse cuenta de que tanta leña en el fuego estaba alimentando no solo un sentimiento nacional de clamor por el recrudecimiento de la guerra, sino alentando una enconada oposición de la gente a los acuerdos de paz de la Habana. O sea, terminaron haciéndole eco al guerrerismo extremista de Uribe y Ordóñez, y volviendo añicos la aprobación al presidente Santos, buen o mal gobernante pero obstinado gestor de la paz, quien en la última encuesta pasó del 43 % al 29 %, con un incremento en la desaprobación a su gestión del 53 % al 64 %.           

Pero en fin, de lo que se trata ahora no es de hacerle un juicio de responsabilidades a los medios, y en particular a RCN, Caracol y El Tiempo, sino de ofrecerle mi espacio periodístico a una de esas voces que discriminadas, opacadas o simplemente ignoradas por ellos, son las que están escribiendo la verdadera historia del conflicto armado en Colombia.

No obstante, es nuestro deber denunciar la encerrona mental y conceptual a la que están sometiendo al pueblo colombiano. La información y las noticias en general se han venido transformando en mera propaganda institucional o política. De allí que haya decidido transcribir algunas de las palabras de Francia Elena Márquez Mina, la líder afro de la vereda Yolombó, del municipio de Buenos Aires, en el norte del Cauca, zona donde se dio el ataque con el saldo deplorable de los 11 militares muertos. Voces como la suya son las que la gran prensa -exceptuando a El Espectador que sí lo hizo- debería dimensionar con parecido cubrimiento al dado al lamentable incidente del Cauca.

Por su extensión, la carta escrita por Francia Elena he debido reducirla a algunas de sus más conmovedoras y explosivas frases. Veamos:

“Soy una mujer afrocolombiana, nací en una de esas montañas del departamento del Cauca, uno de los departamentos a quien la guerra más ha golpeado en este país. Por muchos años hemos convivido con nuestros hermanos indígenas y campesinos, sin mayores dificultades…

Al igual que a muchas mujeres, jóvenes, mayores y hombres, desde hace algunos meses me tocó salir huyendo de mi tierra porque actores armados me declararon objetivo militar con mis dos hijos a quienes también les tocó dejar sus estudios, sus compañeritos con los que han crecido, con los que aprendieron a pescar, a nadar, a sembrar y a miniar, entre muchas otras cosas.

Hoy me encuentro desplazada, con el horizonte un poco perdido. Más aún al saber que quizás regresar no será fácil. Más cuando la guerra absurda que no empezó hace 60 años si no hace 400, y que por más esfuerzos que hemos hecho, continúa bañando nuestros ríos de sangre, con la sangre de los que estamos abajo.

Antes de ayer me sentí supremamente frustrada, en la noche no pude dormir, toda la noche estuve preguntándome a mí misma, ¿cómo hacemos para parar la guerra? ¿Qué más tenemos que padecer? ¿Cómo estará la gente que vive en la zona alta del municipio de Suarez y Buenos Aires o la montaña?

Lamenté profundamente la muerte de los militares porque desafortunadamente son nuestros hermanos, primos o sobrinos, que por no tener oportunidades para ir a una universidad, o tener un trabajo digno, la única opción que les queda es irse a combatir en una guerra que no es de ellos, y que ni siquiera saben por qué empezó. Muchos dicen que es para defender la patria, y yo me pregunto: ¿cuál patria? ¿La patria de quién, si desde la esclavización hasta hoy las 10 familias que se creen las herederas de la corona española han ostentando el poder económico en este país, y han hecho lo que han querido con nosotros? Nos han llamado salvajes, esclavos, incivilizados, minorías, montañeros, etc. Y todo eso les ha servido para justificar el negocio de la guerra.

Es por eso que los medios de comunicación ayer todo el día hablaron de los héroes de la patria, que en realidad son campesinos que los usa el Estado para cuidar los intereses económicos de las 10 familias. Mucha gente diciendo con un odio profundo que salía desde sus corazones: “Señor Presidente, debe ordenar los bombardeos”.

Sin embargo, me parece muy irresponsable que la gente pida bombardear esos territorios, esos territorios no están vacíos, en ellos viven niños, niñas, mujeres, mayores, jóvenes, familias, en general gente que nada tiene que ver con esa maldita guerra absurda. Pero claro, la gente que dice eso es la que vive en la ciudad y nunca le ha tocado estar en medio del fuego cruzado, gente que no sabe lo que es tener los helicópteros encima de su casa disparando ráfagas. Los que no saben lo que significa que alguien vaya a su finca a desyerbar y cuando sienta es que su azadón haló el cable de la mina antipersona que se había sembrado y que terminó con su vida partiéndole por la mitad… gente que no sabe qué es vivir en una zona sin energía, sin agua potable, sin señal telefónica y además confinados todo el tiempo. Esa es la que dice: “Señor Presidente, debe ordenar los bombardeos”.

No va a haber paz con corrupción institucional, con destierro, no va a haber paz con amenazas de muerte a las comunidades y sus líderes y lideresas, no va a haber paz ordenando bombardear los territorios, no va haber paz con explotación minera a gran escala. Las locomotoras del desarrollo sólo generan miseria, hambre, contaminación, guerra y muerte. No habrá paz con medios de comunicación desinformativos…”

Gobierno y guerrilla y amigos y enemigos del proceso de paz quedan notificados: mientras una sola persona en este país tenga que escribir una carta como ésta, la paz seguirá siendo en Colombia una simple utopía.     

guribe3@gmail.com
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