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Opinión

  • | 2005/09/25 00:00

    Una casa en el aire

    La paz y la reconciliación no son tarea del Congreso ni de una Comisión: es tarea del estado, que debe desmontar las causas del conflicto.

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Hace casi dos siglos criticaba Simón Bolívar nuestra tendencia a edificar 'repúblicas aéreas' sin consultar los hechos de la realidad. Casas que no tienen cimientos. Se caían, claro, porque no las sostenían en el firmamento los angelitos que, en su canción famosa, el maestro Escalona le pedía a Dios. Lo mismo está haciendo ahora el gobierno con el sistema que ha inventado? para poner fin al conflicto: Ley de Justicia y Paz y Comisión de Reparación y Conciliación. Ni lo uno, ni lo otro, ni tampoco lo otro, ni lo otro. Pura canción.

A la Ley de Justicia y Paz se le hacen dos críticas, justas las dos, pero poco realistas: que no castiga a los victimarios y que no da reparación a las víctimas. Pero no es realista esperar castigo para los victimarios cuando su poder sigue intacto, y nadie que no haya sido derrotado, sea paramilitar o guerrillero, se entrega por las buenas si lo que le prometen a cambio es un castigo. Castigo sólo puede haber cuando han cambiado las tornas, como en Yugoslavia o Ruanda. ¿Acaso recibieron algún castigo los promotores y agentes de nuestra propia 'Violencia' de hace medio siglo? No. No hay que hacerse ilusiones. Ni fomentarlas, como está haciendo el gobierno. Dice Eduardo Pizarro, recién nombrado presidente de la flamante Comisión de Reparación y Conciliación, que, a diferencia de la impunidad absoluta que se ha visto en otros países del continente, "aquí habrá cárcel". No. Aquí no habrá cárcel.

Tampoco habrá reparación para las víctimas. Pizarro lo insinúa en su entrevista para la revista Cambio, y lo explica: "El número de víctimas es muy alto, y los recursos, escasos".

Así es. Las víctimas son literalmente innumerables, y siguen en aumento. Los desplazados internos suman unos dos millones, sin incluir las decenas de miles de exiliados políticos en otros países. Y esos son sólo los de los últimos diez años, cuando el conflicto armado (pese a las argucias semánticas del presidente Uribe, que él llama "convicciones") tiene ya más de cincuenta. Y están además las viudas, los huérfanos, los que han padecido el secuestro o se han arruinado por la extorsión. Frente a eso, los recursos, en efecto, son escasos. Si la guerra se traga cada año el diez por ciento del presupuesto del Estado, más el dinero del narcotráfico que le inyectan los guerrilleros y los paramilitares, más el de la vacuna y el secuestro, en cambio los recursos previstos para resarcir a las víctimas son grotescamente insignificantes: un 0,4 por ciento del presupuesto nacional. Propone Pizarro que, además del Estado, paguen los victimarios. Ilusión. No hicieron la guerra para acabar pobres, además de presos. Y la 'comunidad internacional'. Ilusión. Prefiere hacer negocio vendiéndoles las armas a los combatientes.

Pero además, ¿por qué (salvo por un sentido ético, o poético, de la equidad) habrían de recibir compensación las víctimas? Nunca se ha visto cosa así en la historia, salvo en algún caso excepcional. Por ejemplo, los judíos supervivientes del holocausto nazi recibieron de la 'comunidad internacional' las tierras de los palestinos (con los resultados que hoy vemos). ¿Se compensará a las víctimas del conflicto colombiano con tierras de Alemania? No lo creo. Como en el caso de la impunidad de los victimarios, nuestra tradición local en materia de conflictos internos apunta más bien a que las víctimas no recibirán nada. Como en la historia del coronel garciamarquiano que esperó toda la vida su pensión de ex combatiente, tendrán que resignarse a comer mierda.

Así son las cosas de la realidad, que no suele ser justa.

De modo que no habrá ni justicia, ni castigo, ni reparación. Lo que sí puede lograrse es Conciliación y Paz. Como señala Pizarro, "en Chile, Argentina, Uruguay, Guatemala y El Salvador las víctimas no están matando a sus victimarios". Las reconciliaciones y las paces pueden venir al cabo de conflictos feroces, porque los seres humanos, que son egoístas y rencorosos, también son generosos y saben olvidar. Pero la consecución de la paz y la reconciliación no es tarea de una ley del Congreso ni de una Comisión de notables: es tarea del Estado, que debe convencer a la sociedad de que es necesario desmontar las causas del conflicto. Y eso no lo está tratando de hacer este gobierno, que sostiene que en Colombia no hay conflicto, ni mucho menos causas del conflicto. Opinión extravagante que no comparte ni siquiera el presidente de la Comisión de Reparación y Conciliación. Dice Pizarro:

-Es la primera Comisión de estas características que se crea en el mundo sin que el conflicto haya terminado.

Chalaneos, o chaladuras, del presidente Uribe, a quien le gusta ensillar antes de traer las bestias.
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