Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/02/13 00:00

Una cita con José Obdulio

Si José Obdulio quiere tomarse los medios, adelante

Una cita con José Obdulio

Me he vuelto una persona fría y práctica, hagan de cuenta como era el presidente Gaviria hace unos años, cuando estaba entero y podía dar declaraciones sin que los dientes se le salieran disparados con gran peligro.

Por eso, cuando me enteré de que habían cerrado la revista Cambio no me alarmé. En otro momento de mi vida habría protestado: pero ya no. Si José Obdulio decide caminar por los corredores de El Tiempo, con el contrato del tercer canal en el bolsillo, y seguido por Francisco Solé para que tome nota de sus órdenes, allá él. Allá ellos. Ni siquiera me duele imaginarlos:

—¿Quién es ese señor con cara de bruja? -pregunta José Obdulio.

—Es Gabriel Meluk, de Deportes, doctor.

—¡Expúlsese! -ordena- ¡Empezó la cacería de brujas!

—Sí, doctor.

—Y échese, también, a Alfredo Molano.

—Ese es de El Espectador.

—¿Y no lo podemos echar?

—No, doctor.

—¡Lástima! -se lamenta-: ¿Y quién es ese de allá?

—Es un corrector.

—¿Y por qué está dormido?

—Debía estar corrigiendo una columna de Fernando Londoño.

—¡Despiértese y bótese!

—Claro que sí, doctor.

—¿Y allá, en ese espacio, qué queda?

—La revista El ABC del Bebé, doctor.

—¡Exprópiese! -grita ya con la voz idéntica a la de Chávez-: ¡nunca fueron capaces de darle portada a Pachito!

Que haga lo que quiera, digo: que ponga a Moreno de Caro de director de ADN; que ordene sacar en la portada de Elenco, de ahora en adelante, solamente a Lucero Cortés: pero, eso sí, que no se le ocurra tocar las influyentes columnas de Guillermo Santos, que son fundamentales. Yo las empasto. El otro día criticó Windows 2.0 y casi se cae el gobierno de Obama.

No pienso pelear contra nada. Si José Obdulio quiere tomarse los medios, adelante. Hace poco quería adueñarse de la radio nacional: ¿Qué programas quería hacer, acaso? ¿Pase las tardes con José Obdulio? ¿Las aventuras del profesor Yamhure, con un joven esbirro que explique la doctrina uribista en las veredas colombianas?

Como sea, si ya hay censura abierta, en lugar de llorar me dispongo a sacar provecho de la situación: quizá podamos conseguir que el gobierno cierre programas y persiga personajes que son francamente desesperantes.

Por eso, esta semana visité a José Obdulio en su oficina. Estaba exultante: celebraba la vulgar expulsión de Rodrigo Pardo, que de paso destruye las aspiraciones de Rafael Pardo porque volverán a confundirlos.

Me recibió en bata de satín, arropado el gaznate por un foulard de seda. Bebía una copa de cognac mientras observaba, arrobado, ido del éxtasis, un concierto de Luis Cobos. Distraídamente consentía con los dedos lo que a primera vista me pareció una mascota casera, un perrito con un saco de lana, y que luego, ya en una segunda mirada, pude distinguir mejor: era Andrés Felipe Arias, que se estiraba, perezoso, sobre sus muslos. Sobre los muslos, digo, de José Obdulio.

—Maestro -le dije-: ¡Qué oficina tan linda!

Sobre la mesa de centro había una porcelana de Lladró de un payaso triste, idéntico a Juan Manuel Santos. La biblioteca estaba llena de fotos familiares: José Obdulio en un paseo a la Hacienda Nápoles; José Obdulio visitando a un hermano en la cárcel; José Obdulio visitando a otro hermano en otra cárcel; José Obdulio visitando a su hijo en alguna de las embajadas en las que lo hizo nombrar. En fin: fotos domésticas de las que existen en cualquier familia normal.

El prohombre del régimen apagó el DVD, puso un disco de Richard Clayderman y me dijo que me sentara. Andrés Felipe se bajó del sofá y comenzó a rascarse el lomo contra las pantorrillas de su dueño mientras éste le acariciaba la cabeza.

—Cuénteme -me dijo, mientras entrecerraba los ojos para saborear los acordes del piano.

—Maestro -le respondí-: lo de Cambio es el comienzo. Debemos cerrar más cosas: ¡Estamos rodeados de terroristas!

—¿Dónde hay terroristas? -se sobrepuso, exaltado.

—El Padre Chucho, por ejemplo: lo oí hablando mal de Uribe.

—¿Sí?

—Sí -asentí con seguridad-. Dijo que el Mesías estaba por llegar, como si no estuviera ya acá, en Palacio.

—¡Maldito! -mordió el anzuelo, y comenzó a apuntar-: ¿Qué más sabe? -imprecó.

—El 'Profe' Vélez, maestro: habla mal del gobierno. Habla mal, en general. No sabe hablar, mejor dicho.

—¿Qué más? -dijo con rabia-. ¡¿Qué más

!

—Millonarios sólo contrata gente que juega por el sector izquierdo, lo cual muestra una clara inclinación política.

—¡Caramba! -golpeó la mesa, y por poco tumba al Juan Manuel Santos-: ¡Acabaré con esos canallas! ¡Siga, siga hablando!

Entonces me di el gusto de purgar de una vez por todas este país, y acusé de ser antiuribistas, así no lo fueran, a Walter Riso, a Jota Mario Valencia, a Ariel Armel y a quien me vino en gana. Ahí están, le dije: Todos critican a Uribe en voz baja. Quíteles las columnas; cierre sus programas; persígalos: haga patria.

Tomó nota de todo. Nos hicimos amigos. Me pidió que lo acompañara a pasear a Arias, que tan pronto vio un pedazo de tierra se abalanzó sobre él para hacer sus necesidades, que consisten en parcelarlo y regalárselo a un terrateniente millonario que posteriormente ayudará a financiar su campaña.

La sacó barata: Si el 'Píncher' Arias se hubiera hecho en una alfombra, José Obdulio lo habría castigado con un periódico. Seguramente con El Tiempo. Y ya estamos viendo lo que es capaz de hacer con un periódico en las manos.

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