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Opinión

  • | 2011/09/24 00:00

    Una colecta para Corzo

    Que cuatro no pobres aporten sus 190.000 pesos para que el senador llene el tanque.

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No me repongo de las conmovedoras declaraciones que dio a La W el senador Juan Manuel Corzo según las cuales necesitaba un subsidio de gasolina porque su sueldo de 18 millones no le alcanza para tanquear las dos camionetas con escoltas que el Estado le asigna. Las oí en un taxi, y recuerdo que al taxista se le encharcaron los ojos:

-Uno que se queja de bobadas, y tantos senadores que andan por ahí, sin tener con qué tanquear -me dijo con la voz quebrada.

Los taxistas sienten especial simpatía por Corzo porque fue él quien adujo razones de seguridad para comprarles carro a los congresistas que toman taxi en la calle. Al fin alguien se preocupa por la seguridad de los taxistas.

Conmovido por esas declaraciones, pasé varias noches sin dormir. Como muchos ciudadanos lo expresaron en las redes sociales, yo también imaginaba al pobre senador obligado a apretarse con sus guardaespaldas, e incluso a cargar a alguno en las rodillas, todo por ahorrarse la tanqueada de una camioneta. Incluso rogué para que le asignaran más escoltas por si, ay, el carro se varaba en una subida. Que empujen entre varios, pensaba: necesitamos al senador entero y descansado, dispuesto a sacar adelante la inmunidad parlamentaria que con gran generosidad le propuso al país, y listo a afirmar de nuevo que prefiere que le paguen la gasolina antes que robarle al Estado. He ahí un senador decente, de los que ya no quedan: de los que prefieren inducir al suicidio antes que matar.

En los dolorosos días en que imaginaba el sufrimiento del senador, aprendí a ver a los congresistas de otra manera. Pobres. Ahora, cada vez que me cierra la caravana de un político, ya no temo que me estrellen, sino que se varen.

Desesperado ante la idea de que el senador tuviera que empujar su camioneta, propuse pasar a gas los carros del Congreso, y que Angelino, en cuyo vientre hallaron abundantes reservas, garantizara su surtido. Pero Angelino no sabe de hidrocarburos: solo de carbohidratos. Y la única solución que queda es que el senador imite a Uribe y se compre una yegua. Para que no tenga que robarle al Estado, pagaríamos el pienso con nuestros impuestos. Pero no importa: el animal de Corzo no se destaca por el pienso.

Por los días en que el senador reclamaba su patente para la gasolina, el Ministerio de Hacienda determinó que una persona que gaste más de 190.000 pesos no debe considerarse pobre. Con 190.000 pesos uno puede vivir como una persona no-pobre o comprarse un postre en el nuevo restaurante de Harry: lo que prefiera.

Hice cálculos rápidos: se necesitan cuatro voluntarios no pobres y que cada uno aporte sus 190.000 pesos, para que el senador llene el tanque. Imposible que no los consigamos. Se trata de un sacrificio patriótico para salvaguardar nuestro sistema democrático. Porque si no hay gasolina para las camionetas de los senadores, tampoco la habrá para sus maquinarias. Y un senador sin maquinaria no existe.

Siempre he sentido debilidad por los dirigentes conservadores, por un lado, y por los políticos cucuteños, por el otro. Juan Fernando Cristo, por ejemplo, es de mis favoritos: fue ponente de la ley de víctimas, y a la vez permitió que su hermano se lanzara a la Alcaldía de Cúcuta con el apoyo de Ramiro Suárez, el célebre parapolítico: dedujo que de nada sirve una ley de víctimas sin víctimas, y por eso se alió con quienes garantizan su existencia. He ahí un prohombre.

Digo que siento debilidad por esas dos modalidades de servidor público, de modo que cuando supe que el doctor Corzo es conservador, y además cucuteño, casi me derrito. Y de inmediato me declaré corsario. A veces añoro a Armandito como presidente del Senado, pero la verdad es que nadie mejor que Corzo para dirigir una sesión ordinaria.

Entonces sucedió lo increíble: mientras me invadían las ganas de ayudarlo, me enteré de que la Fundación Manos Limpias, de Gustavo Bolívar, está organizando una Corzotón: una gran colecta para que al doctor Corzo nunca le falte dinero para tanquear.

¿Para qué ayudar a la niñez del África si acá mismo tenemos un senador desamparado? La caridad comienza en casa. Si tiene ropa que ya no usa, por ejemplo, dónesela a Petro, que ya se está yendo a los debates en chompa de sudadera. Si usted es un adulto mayor, comparta un chorreón de Corega con César Gaviria, que escupe dientes cuando da declaraciones. Regálele una frazada a Uribe, para que tape a sus exfuncionarios. Llévele un portacomidas al Pincher Arias. Y súmese a esta causa en pro del senador.

Esta vez no me quedaré con los brazos cruzados. Apoyaré la Corzotón porque yo también sueño con una sociedad diferente, en la que el gamín se acerque al carro blindado del senador no para pedirle una moneda, sino para regalársela; una sociedad en la que el congresista no tenga que robar por necesidad, y viaje y pida notarías sin que nadie lo moleste.

Colombiano: mañana puedes ser tú quien se gane 18 millones, te movilices en dos camionetas con escoltas y carezcas de subsidios para tanquearlas. Imprime el billete que cuelgo en la versión en línea de esta columna, y llévalo a la Plaza de Bolívar este martes 27 de septiembre, al mediodía, para depositarlo en una urna. Ponte la mano en el corzatón. Acompáñanos. Demuéstrale al senador Corzo cuánto lo quieres.
 

 
 

 
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