Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1993/09/27 00:00

UNA COLUMNA GOBERNISTA

César Gaviria no es un fenómeno político común y corriente

UNA COLUMNA GOBERNISTA

AL VERLO SENTADO HACE DOS SEMANAS en cartagena entre los empresarios, improvisando con una seguridad que le mereció ovación de medio minuto por parte de un auditorio que tenía mucho de qué quejársele a su gobierno, me vino a la cabeza la reflexión de que Gaviria conserva la dificil capacidad de seguir sorprendiendo al país.
Eso fue exactamente lo que hizo con los empresarios.
Sorprenderlos al aceptar estar presente todo un día en un escenario que tenía como único propósito sacarle los trapos al sol al Gobierno, y en el que con frecuencia les arrebató la palabra a sus Ministros para responder, en mangas de camisa y a veces hasta con palabras de regular recibo, todas las inquietudes habidas y por haber. Hasta los que permanecieron en desacuerdo tuvieron que reconocer que les quedó la impresión de que el Presidente tiene puestas las manos sobre el timón.
Gaviria no es un fenómeno político común y corriente. Con frecuencia se desprecia su trayectoria política y se le adjudica su presidencia básicamcnte a una cuestión de suerte, que se reduce a haber estado en el lugar apropiado, en el momento apropiado. Pero esa ha sido, precisamente, la constante de su vida: fue turbayista cuando lo que usaban " los buenos" era ser lleristas. Fue lopista cuando en ese entonces " los buenos" eran galanistas. Fue presidente de la Cámara con el apoyo del "grupo de la Contraloría".
Logró la casi imposible hazaña de ganarse la confianza de Barco. que lo nombró primero Ministro de Hacienda y después de Gobierno, y cuando hubiera podido cometer el mismo error de Humberto de la Calle, confiado en que su prestigio era suficiente para dar el salto a la candidatura, adhirió discretamente al proyecto de Galán.
Si en política, acertar una vez es difícil, acertarlas casi todas, como parece ser una constante en la vida política de Gaviria, demuestra algo que va más allá de la suerte.
A estos antecedentes políticos se suman ahora los resultados de su gobieno. Hay una nueva Constitución, ha puesto al liberalismo al día en materia ideológica, introdujo el neoliberalismo a Colombia, impuso un nuevo modelo económico que implicó renunciar a 80 años de proteccionismo y saltar a la apertura económica, ha impulsado masivas privatizaciones y ha transformado el concepto tradicional de la intervención del Estado en la economía.
El Presidente es sin duda alguna un hombre audaz. Permanentemente se la juega y corre riesgos. Ha perdido, algunas veces, como en el caso de la política de sometimiento, y ha ganado, como en el experimento del Ministro de Defensa civil. Y en ninguno de los temas que maneja se queda solamente en la faena, sino que la combina con la estocada, logrando llevar las cosas hasta sus resultados, en lo que indudablemente ayuda su singular manejo del Congreso, sobre el que ejerce una inusitada capacidad de persuasión, que para algunos es más bien una mal mirada capacidad para la transacción. Si hubiera que hablar mal de Gaviria sería aquí donde yo me detendría de primeras. Muchas veces he echado de menos una palabra suya de censura ante la falta de tono moral del Congreso. Pero mirada esta actitud con los ojos con los que se miran las cosas de para atrás.
de pronto más adelante aceptemos que es el precio de una manera de ser que podríamos llamar "idealismo pragmático", semejante al que un día llevó a Churchill a hacer pactos con Stalin para ganarle la guerra a Hitler. Quien sabe...
Pienso que ha logrado combinar las variables que son difíciles de reunir en el estadista: visión y poder político. Cuando una de estas variables falla, no se producen transformadores como ellos, sino otras cosas. Por ejemplo, cuando hay visión limitada y poder político limitado, se producen árbitros, como Guillermo León Valencia. Cuando hay gran capacidad política pero una visión limitada se producen jefes, como Julio César Turbay. Cuando hay gran visión pero poco poder político se producen grandes hombres impotentes, como Belisario Betancur.
La prueba de que el fenómeno político de Gaviria existe lo constituyen columnas como estas. Que se escriben cuando en lugar de escribir bien de los presidentes debería escribirse mal, porque es lo que se estila, porque es más fácil, porque es más rico y porque no se expone uno a que lo tachen de "sapo". -

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