Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2006/08/05 00:00

Una contribución involuntaria

La investigación señala que tres de los civiles muertos fueron presentados como guerrilleros de las farc para reclamar el positivo

Una contribución involuntaria

Estoy convencido de la buena fe del Ejército en esta equivocación. Si se tratara de un Ejército violador de los derechos humanos, quienes dispararon contra los campesinos habrían buscado el ocultamiento, la mentira o la desaparición de los cadáveres", dijo el Presidente al absolver tempranamente a los militares que asesinaron a cinco personas en Cajamarca, Tolima.

El mandatario, en alocución televisada, aseguró que no existían razones administrativas para sancionar a los soldados y a los oficiales. El Ministerio de Defensa explicó en un comunicado que era una noche oscura y que los militares dispararon en "dirección al ruido" que los inquietó.

De acuerdo con la versión oficial, cuando los miembros de la patrulla fueron a mirar qué era lo que ocasionaba "el ruido", se encontraron con los cadáveres de una pareja de adolescentes, un bebé de 6 meses, un niño de 14 años y un adulto de 24.

El cabo que comandaba la patrulla le reportó los hechos a su superior inmediato y éste, al comandante de la brigada, siempre según el comunicado del Ministerio. El documento concluye que los militares que participaron en la operación son "profesionales de buena conducta y de reconocido servicio a la patria".

El jefe de Estado, el Ministro de Defensa, el Comandante del Ejército y el Comandante de las Fuerzas Militares llegaron a la vereda dos días después de la muerte de los civiles. Se tomaron fotos, les dieron palmaditas en la espalda a los dolientes y emitieron su veredicto ante las cámaras: un lamentable error, comprensible por la tensión que vive la tropa en lugares como estos.

Muy pronto un juez de instrucción penal militar confirmó que el Presidente y los altos mandos tenían razón. Decidió que no había méritos para dictar medida de aseguramiento contra los uniformados.

Mientras tanto, los familiares de los caídos empezaron a recibir amenazas. Algunos tuvieron que irse, otros sufrieron las consecuencias del acoso. Héctor Mendoza, padre de dos de las víctimas, fue detenido por el Ejército. Cuando la defensoría preguntó la razón del arresto, lo liberaron diciendo que simplemente les pareció sospechoso que estuviera en un paraje solitario.

El caso hacía tránsito hacia la impunidad y el olvido -como tantos otros- cuando la Procuraduría encontró una prueba que contradecía el comunicado oficial. El examen forense determinó que por lo menos uno de los campesinos había sido ejecutado a corta distancia con un disparo de gracia.

El caso fue asignado a la justicia ordinaria y esta semana empezó el juicio contra los militares.

John Jairo Guzmán, uno de los soldados acusados, afirmó en la audiencia que el suboficial que los dirigía rifó entre ellos quién debía rematar al único sobreviviente. El ganador del macabro juego aseguró: "Mi cabo Gómez nos dijo que los muertos no hablaban y que tocaba matarlo".

El cabo y otro de los soldados contradicen parte de esa versión. Según ellos, "él fue el que disparó contra los campesinos por error, luego ejecutó al sobreviviente y nos amenazó si decíamos la verdad".

Todos coinciden en que el capitán Juan Carlos Rodríguez Agudelo les ordenó guardar silencio. "Nos dijo que teníamos que hacer un pacto de sangre, que el que hablara se iba para el hueco".

Para la época, el capitán Rodríguez era investigado por la masacre de otros campesinos, ocurrida seis meses antes en la misma zona. La investigación señala que tres de los civiles muertos fueron presentados como guerrilleros de las Farc para reclamar el positivo. Recientemente, el mismo oficial fue condenado a 12 años de cárcel por tráfico de armas y estupefacientes.

Él era uno de los "profesionales de buena conducta" que defendía el Ministerio. Hoy está claro que el "error militar" incluyó ocultamiento, mentira y desaparición de evidencias.

Una operación de encubrimiento de la que fueron víctimas todos los colombianos. Incluso el Presidente de la República, quien, sin saberlo, terminó contribuyendo a ella.

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