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Opinión

  • | 2014/10/27 00:00

    Una dosis de ‘traición’ y una porción de ‘venganza’

    Convirtió su cruzada personal en propaganda y luego en partido político. Y su objetivo no fue solo, como se cree, la Presidencia de la República sino la consumación de una venganza legendaria.

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Parece que al expresidente le resulta imposible mantener la boca cerrada por unas horas, un día, una semana. Cada vez que Coronell hurga en el fondo de esa “olla podrida” que es su pasado y saca a la luz un hecho oscuro, el exmandatario no sólo se va lanza en ristre contra el periodista, negando, claro está, todo lo que este afirma, sino que convoca una rueda de prensa y se da una vuelta por la Fiscalía para revivir el entuerto de los dos millones de dólares que, según sus fuentes, entraron a la campaña de su sucesor en la Casa de Nariño, o a denunciar la supuesta entrega de unos cheques que la mafia le hizo, hace 13 años, al hoy senador Jimmy Chamorro. No hay duda de que Freud le habría diagnosticado esquizofrenia por estar viendo complot y montajes en hechos que sólo buscan llegar a una verdad o dar claridad a sus constantes declaraciones donde se mezcla una fuerte dosis de “traición” y una buena porción de “venganza”.

Dudo mucho que el innombrable sufra de algo más que no sea de un profundo malestar por no haber podido exterminar la guerrilla como a él le hubiera gustado: con mucho plomo, muchas bombas y muchos cuerpos destrozados. Dudo mucho que esa rabia enfermiza que parece consumirlo día a día y que se pone de manifiesto en cada una de sus declaraciones temerarias no sea el resultado de su fracaso ante este hecho. La sentencia que afirma que aquello que no puedo alcanzar lo destruyo no es sólo la reacción del chico que ante la imposibilidad de conquistar a la mujer de sus sueños, le desfigura el rostro con ácido, ni la del lobo ante las uvas verdes que no pudo alcanzar, sino también la política de todo incapaz.

Convirtió su cruzada personal en propaganda y luego en partido político. Y su objetivo no fue, como se cree, la Presidencia de la República sino la consumación de una venganza legendaria  a través del máximo poder. Convirtió el país en un gigantesco teatro de operaciones militares donde sólo veía terroristas y a los que apoyaban a los terroristas. Entre estos, sin duda, estaban Daniel Coronell y un sinnúmero de comunicadores y opositores políticos a quienes no sólo les ‘chuzaron’ los teléfonos, sino que también los amenazaron de muerte.

Todos los que no estaban con él estaban contra él. En ese abanico, por supuesto, entró el ‘traidor’ de Juan Manuel Santos, quien al llegar a la Casa de Nariño les dio una patada en el trasero a las políticas guerreristas de su antecesor, les tendió un tapete a las FARC para un eventual diálogo de paz e hizo las paces con el bolivariano camorrero de Hugo Chávez, una ficha necesaria en la preparación de una mesa donde se pudieran sentar los descendientes de Marulanda y una comitiva del gobierno recién posesionado.

¿Polarizó el país? Claro. Un gran porcentaje de los colombianos cree todavía en las políticas del exmandatario. Cree en la posibilidad de darle fin a un conflicto de más de 50 años a través de las armas, sin importar las denuncias y los “graves abusos de poder y acciones ilegales del [anterior] gobierno colombiano bajo la máscara de combatir el terrorismo y el tráfico de drogas”, como lo denunció recientemente The Washington Post en un artículo polémico que le ha producido más de un escozor al hoy senador.

Pero las cosas no terminan en las denuncias de uno de los diarios más influyentes del planeta ni en esas notas de fondo escritas por Coronell en la revista SEMANA. Óscar Collazos, por su parte, en uno de sus artículos para El Tiempo, nos dice que “la polarización, que empezó con una querella personal, se acomodó a la brava en el debate público. El folletín que representa cada día el amante engañado arrastra, sin embargo, a más del 40 % de la Colombia políticamente activa. Casi la mitad del país cree que son oposición cuando, en realidad, son barras bravas del examante burlado” [22-10-2014].

Las barras bravas, como sabemos, son pasionales y su único mecanismo de defensa es la agresión. Lo que alcanzamos a ver entonces en las declaraciones del exmandatario y los acólitos de su grupo político no es sólo la tranca en la rueda de un proceso de diálogos que, si es cierto que no es perfecto, podría poner el país en la ruta del silencio de los fusiles, sino la leña que atizona el fuego del “rencor personal” y que, como la marea alta, desborda su propia orilla.

Quizás esto explique las constantes declaraciones desacertadas de una señora -esta sí esquizofrénica- que no sólo se conformó con mandar, el día de su muerte, a García Márquez al infierno, sino que ahora afirma, sin ruborizarse, que la Fundación para el Nuevo Periodismo, creada por el nobel, “es un instrumento de propaganda comunista”. Pero su polarización y su atrofia no se limitan a sazonar sus descerebradas afirmaciones con una buena dosis de baba, sino a defender la archivada teoría nazi de las razas superiores. Y pensar que los miembros que componen la camada política del Centro Democrático son clones ideológicos del exmandatario.

Pero su oposición va más allá de esa macabra idea de dinamitar los diálogos que el actual gobierno sostiene con las FÁRC. Como buenas barras bravas, su objetivo es la anarquía. No les importa el bien del país porque el trasfondo del asunto es acabar con el enemigo. Es decir, con el “traidor” y todo lo que él representa. De ahí los actos pendencieros de sus diarreicas declaraciones. Crear caos entre la masa y atacar con todo a los opositores es para ellos la victoria. Si las bandas criminales amenazan de muerte a quienes defienden la restitución de tierra, no es un acto criminal y condenable sino la legítima defensa de la propiedad privada porque lo que se está cocinando en La Habana es la entrega de las instituciones democráticas del país a los terroristas. Es decir, al ‘castrochavismo’. De ese tamaño es la venganza del ‘gran colombiano’, y mucho más amplia su ceguera.

En Twitter: @joarza
E-mail: robleszabala@gmail.com
*Docente universitario.
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