Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2009/06/13 00:00

Una encrucijada en el alma

Con una ouija espiaba una charla de la carnita del Presidente con su alma.

Una encrucijada en el alma

Antes de lo que me sucedió esta semana no creía en ninguna manifestación metafísica. Para mí la gente se moría y quedaba muerta del todo, más o menos como el Polo después de la alcaldía de Samuel.

Había excepciones como la del doctor Galat, a quien quiero y respeto, pero quien –no nos engañemos– murió a mediados del siglo pasado. Es duro, pero es así. Aceptémoslo con valor.

Salvo en el caso de Galat, digo, estaba seguro de que no existía vida después de la muerte, y ni siquiera me impresionaban experiencias místicas como las que narraron unos fanáticos de la Virgen en la última edición de Jet Set.

No sé si la leyeron. Salía una señora llamada Carolina Name comentando que a ella se le aparecía la Virgen con regularidad. La primera vez que la oyó, Nuestra Señora le decía textualmente: “Hijita mía, he venido a deciros que os amo; mi pequeñita, debéis decirles a todos: no juzguéis a mis sacerdotes, que son mis hijos predilectos”.

El episodio me despertó varias inquietudes: ¿por qué la Virgen hablaba como si fuera española? Está hablando con una niña de apellido Name. ¿No era más estratégico hablar con acento costeño, por ejemplo, ella que todo lo puede? ¿Y por qué ese mensaje tan extraño? ¿Seguro se trataba de la Virgen? ¿Revisaron detrás de las cortinas? ¿No sería el cura pedófilo de Chía que denunció La W, imitando la voz de la Santa Madre para salvar el pellejo?

No creía en esos temas, digo, hasta esta semana en que me vi con el brujo de la Fiscalía, Armando Martí.

El doctor Martí era un valioso sicólogo que en tiempos uribistas se volvió parasicólogo, del mismo modo que muchos políticos se volvieron para-políticos.

Tal y como lo hiciera alias ‘Job’ con Edmundo del Castillo, el doctor Martí me quería mostrar sus parapoderes. Cuando llegué a su consultorio estaba utilizando una ouija para espiar una conversación que sostenía la carnita del presidente Uribe con su alma. Quedé atónito. No sabía que el Presidente tuviera alma. Después de ver cómo ha manejado lo del cabo Moncayo, juraba que era un desalmado.

—¿Álvaro? ¿Eres tú?

—¿Carnita?

—Sí, sí. ¿Alma?

—¡Hola! ¡Tanto tiempo! ¿Esta ouija sí es segura o nos pueden chuzar?

—A mí no me pueden chuzar, carnita, porque soy etérea.

—¿Cómo Sergio Fajardo?

—Tampoco tanto, carnita, pero más o menos.

—Entonces démosle por acá: ¿qué más?

—Pues regular, carnita, porque tengo una encrucijada.

—¿Y esa vaina?

—No sé si salvar a este pobre pueblo que me necesita, o si abandonarlos a la miserable suerte que les espera sin mí. Qué dilema.

—Ay, almita: si me permites hablarte con confianza, no te pongas con pendejadas y quédate. Después te salen mal las cosas y uno no sabe.

—¿Y si luego me juzgan mal las generaciones venideras?

—Es mejor que te juzguen ellas a que te juzgue la Corte Penal, querida alma, y me perdonas.

—¿Tú crees?

—Claro. Definitivamente, salvo Almabeatriz Rengifo, ustedes las almas son muy poco prácticas.

—Pero Colombia tiene muy buenos líderes: ¿qué pasará por ejemplo con Andrés Felipe si me quedo ocho años más (porque, no nos engañemos: en 12 años no se hace nada; mínimo necesito 16)?

—Pues no pasará nada. En ocho años Andrés Felipe habrá cambiado de voz, se habrá desarrollado. Y eso va a ser muy positivo para el país.

—¿Y no da pena con la Constitución, la ley y todas esas cosas?

—No seas boba, almita, eso se arregla. Lo importante es lo que te diga tu conciencia: ¿has oído a tu conciencia?

—Sí, ya hablé con José Obdulio.

—¿Y qué te dijo?

—No sé, no le entendí: tú sabes que a él le gusta hablar con un diccionario de sinónimos al lado y se rebusca unas palabras rarísimas. Cree que eso le sube el estrato.

—Almita, quédate.

—¿Será?

—Si no te quedas, se acabará la seguridad democrática. ¿Te gustaría?

—Cómo se te ocurre.

—¿Quieres que se acabe la seguridad acaso?

—No, no: no me malinterpretes.

—¿Te me vas a poner cómplice de Lafar?

—Hola, vengo a deciros que os amo.

—Parece que hay una interferencia.

—Hijitos, os amo.

—Es la Virgen que se le apareció a Carolina Name…

—Hola Virgencita.

—No hablen en diminutivos los dos, que los confundo.

—Hola hijitos: oren por mí.

—¿Quién dijo eso?

—Yo, el almita.

—¡Terrorista! ¡Eres una terrorista si no te quedas!

—¿Yo?

—No, tú no, Virgencita: el almita.

—No juzguen a los sacerdotes.

—¿A quién?¿A César Mauricio? Ya el Procurador te obedeció.

—¡De Lafar! ¡Quédate o eres de Lafar!

—¿Hijitos?

—¡De Lafar!

—…

—¿Aló?

—…

—¿Virgencita? ¿Carnita?

—…

—Se cortó esta vaina: ¿y ahora en quién reencarno?

Huí antes de que se le ocurriera pensar en mí: que la Virgen me guarde de acabar como político.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.