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Opinión

  • | 2012/05/19 00:00

    Una fórmula para atajar a Uribe

    El único partido que se diferenciaría de Uribe, el abstemio, sería uno de borrachos. Senador Merlano, Luchito: ¡únanse! ¡dejen de lado esos egos!

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El trago me desinhibe. Con dos tragos canto; con cinco, saco a bailar; con ocho, monto un partido de izquierda. Alguna vez me sucedió: me pasé de tragos y traté de montar el Partido Bolivariano de Colombia. Traje a Pacheco a mi casa, le puse un kepis militar y una cachucha, y les dije a mis amigos de izquierda que era Raúl Castro en persona. Me creyeron hasta que comenzó a pedir que le diera letras para formar palabras y cantó con lo que le queda de voz "Yo tengo ya la cashita", en un guiño inaceptable al derechista de Vargas Lleras.

Pese a ese fracaso, creo que llegó el momento de fundar un nuevo partido; un partido que ataje a Uribe. Y creo que lo debe encabezar el senador de La U, Eduardo Merlano.

Pero voy por partes. Todos sabemos que desde el Ubérrimo planean el regreso al poder del expresidente. Y no quiero que se me entienda mal: sé que para Colombia sería extraordinario que regresen Uribe y mi maestro José Obdulio, quien, como dicen los jóvenes, es todo un capo. Me gustaría ver de nuevo a la Coneja Hurtado en Colombia al frente del nuevo DAS; al general Rito Alejo del Río manejando los derechos humanos; al doctor Valencia Cossio dándole delicadas puntadas de sastre artesanal a la Constitución, para remendarla a las necesidades de hoy.

Sin embargo, desde que supe que el maestro Gordillo ya no pinta gamines sino músicos de rock, como Paul McCartney, no veo viable el regreso del exmesías a la Casa de Nari: ¿quién pintaría su retrato para el hall de los presidentes?

Por ese motivo, retomo, es urgente impedir que regrese al poder. Y seamos francos: Juan Manuel Santos no lo va a derrotar: con las bombas siguen vendiéndonos la idea de que el país no necesita justicia social sino una persona de pantalones, y Santos los tiene, sí. Pero son amarillo pollito. Y no se engañen: Uribe se va a lanzar, así sea en cuerpo ajeno, porque, salvo él, los representantes de la ultraderecha están desprestigiados. El procurador se deslegitimó luego de una entrevista en la que confesó que juega en cuatro patas con una perrita y, peor aún, que le dice mamita: "mamita, no muerda el lápiz". En esa misma entrevista acudió a la desafortunada metáfora que alguna vez comenté, según la cual le están untando vaselina por detrás para hablar de legalización, y desde entonces hay quienes lo imaginan con los jeans pegados y una franela que le forra las tetillas mientras baila en Teatrón. Ojalá lo haga a ver si encuentra sosiego y se le ven mejor esos coqueteos que les lanza a otros varones, casi todos congresistas, para que lo reelijan.

El hecho es que el senador Merlano representa la única luz para vencer a Uribe. Merlano, como saben, se hizo célebre por un video en el que conduce sin licencia y se niega a practicar una prueba de alcoholemia en un retén. Véanlo en la versión web de esta columna. Para quebrantar la ley, adujo que tenía 50.000 votos, lo que hace suponer que si hubiera obtenido una mejor votación, probablemente andaría drogado. E hizo añorar a Gustavo Petro, que con Bacatá nos enseñó a todos que las perras no se esconden.

Al senador le llovieron múltiples críticas, pero yo lo respaldo: ¿quién, ebrio de gloria por tantos votos, no acudiría a un poquito de tráfico de influencias para que no lo molesten? Además, ya corrigió el impasse, si se me permite la expresión, porque una vez estalló el escándalo, sacó el pase casi tan rápido como Maradona en una fiesta. Y es cierto que no quería que le midieran los tragos, pero fue por responsable: la última autoridad que le pidió que le soplara un ojo fue la exfiscal Viviane Morales, para que lo entiendan.

Lejos de inventar rimas en su contra, por eso, pidámosle a Merlano que funde un nuevo partido. Un partido que contraste con la personalidad de Uribe, que confesó ser abstemio porque cada vez que bebe se le sale el diablo. De ahí que haga cosas de abstemio, como encerrarse en la casa y transmitir mensajes por internet con ojos de loco, por ejemplo. Si así es sobrio, ¿qué sucedía cuando se le salía el diablo? ¿Se iban juntos, el diablo y él, a comprar insumos agrícolas en los almacenes de Córdoba?

El único partido que se diferenciaría de Uribe, el abstemio, sería uno de borrachos. Y a eso voy: senador Merlano, Luchito: ¡únanse! ¡Dejen a un lado los egos! Yo sé que los dos tienen diferencias: que Lucho prefiere devolverse en taxi y el senador Merlano manejando. Pero todo puede arreglarse al calor de unos tragos. Ahí afuera hay un país que necesita ser representado: el país del Bolillo, el país del Tino, el país de Silvestre Dangond. Armen, pues, una bancada. Repartan un tamal; tómense un guarito. Convoquen al concejal embolador como vocero; denle la tesorería a Juan Carlos Martínez. E inscríbanse en la registraduría con una caja de whiskey de las que quedaron de la vez pasada.

Necesitamos a alguien que conduzca este país de verdad, aunque haya bebido; alguien que lo maneje en serio, aunque no tenga licencia, no importa: Uribe no tomaba y se daba todo tipo de licencias, como cambiar articulitos, y hay que ver cómo nos fue.

Atajemos, pues, la retoma del poder del uribismo. Y atajémosla con el partido de Merlano: si se trata de una retoma, nadie le ganaría.
 

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