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Opinión

  • | 1985/03/11 00:00

    ¡UNA IDEA, UNA IDEA!

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"¡Tierra! ¡Tierra!", gritó Rodrigo De Triana, al divisar continente americano después de una larga y penosa travesía por el océano.
"¡Una idea, una idea!", pudimos gritar los colombianos después de una travesía igualmente larga y penosa, pero no a través del océano sino del desierto ideológico. Nos habíamos acostumbrado a que ultimamente nadie dijera nada sobre nada, y que lo más trascendental, en materia de fabricación de ideas, fúera criticar el proceso de paz con la guerrilla, o simplemente defenderlo. Por fortuna, se acaba de lanzar una idea que es por lo menos 50 años más trascendental que el tema de la tregua. Pero acostumbrados, como veníamos a que las ideas tuvieran duración de jornada laboral, de 8 a 12 y de 2 a 6, muy pocos se dieron por enterados.
El caso se produjo hace dos semanas en el suplemento dominical de El Tiempo, en la página 8a. Los hechos sucedieron como consta a continuación. Para la segunda edición de su libro "Esbozos y Atisbos", el ex presidente Lopez Michelsen escribió lo que se llama un "prologo-campanazo". Lamentablemente las campanas de López estaban doblando por la posición doctrinaria de su propio partido. Lo que el ex presidente dijo, en resumidas cuentas, es la única idea que se ha echado a rodar en el país desde hace varios años. Y consiste en el reconocimiento de que ha hecho crisis el modelo político y económico imperante hace medio siglo en Colombia, inspirado en las teorías de Keynes y en el experimento del New Deal de Roosevelt.
La denuncia de López señala que el socialismo, que en Colombia no ha logrado triunfar ni por las vías electorales ni por las revolucionarias, sí logró infiltrarse soterradamente en la economía y en el sistema político bajo la forma de reivindicaciones sociales, prestaciones y beneficios laborales que lograron desarticular y conducir a la paralisis nuestro sistema capitalista. Por cuenta de esta deformación, Colombia ha ido acumulando pasivos laborales que serán impagables a finales de siglo. Y para empeorar las cosas, las cargas laborales y tributarias impuestas por este experimento político y económico lograron sofocar la iniciativa privada y debilitar peligrosamente la libre empresa, por ser desproporcionadas a la capacidad productiva del país. No dijo más el ex presidente. Y en realidad tampoco era necesario, puesto que había dicho lo suficiente para declarar oficialmente inaugurada la controversia que pondrá en vilo al país en las próximas elecciones presidenciales, probablemente las más definitivas de esta segunda mitad de siglo.
Uno de los pocos qué se dio por enterado fue el ex canciller Carlos Lemos Simmonds. El problema es que lo hizo en "Consigna", por lo que el país no pudo enterarse de que Lemos se había dado por enterado. Con su estilo inteligente y ameno el ex canciller agarró la bola que había lanzado López Michelsen, y la puso a rebotar en sus propios predios periodísticos."¿A qué viene Gómez?" Se pregunta el ex canciller en el último número de su revista. "A ofrecer una nueva estrategia", responde enseguida. "A proponerle al país otro modelo político y otra concepción del Estado". Con ello, afirma Lemos, probablemente Alvaro Gomez sorprenderá con la guardia baja al Partido Liberal, "que no parece tener a la mano alternativas serias para sustituir su deteriorado concepto de la función del Estado".
Lamentablemente ni el ex presidente López ni el ex canciller Lemos ahondaron en cuáles podrían ser esas alternativas. Para ambos resulta claro que el Partido Liberal debe reencontrar una posición doctrinaria lejos de la social-democracia, cuya fuente ideológica se agotó. ¿Pero dónde? ¿En la derecha o en la izquierda? ¿Cerca del capitalismo o del socialismo? ¿Ensanchando la libertad, o acortándola? ¿Ejerciendo el poder o ejerciendo la oposición? ¿Hoy, mañana, o pasado mañana? La única conclusión es que al liberalismo le llegó la hora de atravesar el puente. El peligro consiste en que sus fuerzas se desintegren antes de que alcance la otra orilla.
Por cuenta de la "Nueva Derecha" que está tan de moda en Occidente como "El amante", de Marguerite Duras, las gafas negras y el computador personal, soplan fuertes en este hemisferio los vientos de la desestatización. Y cobra más fuerza cada día la idea de que sólo un Estado más pequeño, que renuncie a su calidad de hombre orquesta, es capaz de recuperar la capacidad de dirección y de transformación que perdió el día en el que optó por usurparle a la iniciativa privada gran parte de su espacio económico y político.
En fin. Ya el ex presidente López esbozó el diagnóstico, y el ex canciller Lemos lo profundizo. Ahora le corresponde a alguno de los pre-candidatos liberales proponer la alternativa doctrinaria capaz de devolverle al liberalismo el derecho de subsistir como opción política. Este es el camino, y no en cambio el que, por táctica o por miopía, parecen hasta el momento preferir los pre-candidatos liberales: el de seguir viviendo estérilmente de la historia del partido.
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