Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2008/10/11 00:00

Una republiqueta

La idea de que toda norma es susceptible de ser cambiada para beneficio de unos pocos que están en el poder se ha convertido en dogma en este gobierno.

Una republiqueta

El sistema capitalista se estremece y las Bolsas del mundo caen como castillos de naipes, pero en esta república bananera, llamada Colombia, eso tiene sin cuidado a la Casa de Nari y a sus vasallos. Aquí ellos siguen en su burbuja, entretenidos en adivinar si Uribe, nuestro único César, va a repetir por tercera vez en 2010, o si lo va a hacer en 2014, luego de un justo y merecido descanso en su finca El ubérrimo.

Así se nos pasan los días en esta republiqueta: jugando al juego de la bolita, a sabiendas de que el dueño de la bolita no es otro que el todopoderoso presidente Álvaro Uribe. Esta semana, por ejemplo, mientras en Ocaña las madres de los jóvenes que aparecieron muertos por el Ejército en extrañas circunstancias, recibían los cuerpos de sus hijos, y el Fiscal desmentía al Presidente cuando dijo que habían sido muertos en combate, los áulicos del régimen andaban ocupadísimos tratando de ponerse de acuerdo en el tema de la reelección. Pero por más esfuerzos que hicieron, ninguno de ellos le pudo decir al país dónde estaba la bolita. Juzguen ustedes: el miércoles de la semana pasada, el partido de La U y Cambio Radical anunciaron con gran estridencia que todo estaba listo para escoger un candidato presidencial dentro de la coalición uribista. El anuncio dio la impresión de que el 'César' había optado por la vía del descanso para luego volver en 2014. Sin embargo, la certidumbre no duró mucho. Ipso facto, varios miembros de La U salieron a decir públicamente que a pesar de lo que estuvieran diciendo los medios, ellos seguían en la incansable y augusta tarea de sacar adelante el referendo que permite su reelección para 2010. Al final de la semana, como ninguno de ellos pudo saber en dónde es que Uribe ha puesto la bolita, un vasallo del partido de La U planteó la necesidad de extender esa posibilidad más allá de 2014 y propuso, sin mayor pudor, extender el período presidencial a cinco años luego de 2014 e incluir, de paso, la reelección indefinida.

Sobra decir que el hecho de que este jueguito sea un ultraje para con nuestra Carta, los tiene a ellos sin cuidado. Al fin y al cabo, si pudieron torcerle el pescuezo a la Constitución una vez, pueden volver a hacerlo cuantas veces quieran, así terminen descuartizándola viva, como de hecho viene pasando desde cuando la desvirgaron con la introducción del articulito.

Para José Obdulio Gaviria, el vasallo mayor del régimen, ese tipo de cercenamientos es más bien una conquista o, para ponerlo en sus palabras, "iniciativas de gran envergadura" que tienen que ser aprobadas.

En realidad lo que le está pasando al país ya lo predijimos las pocas voces que en su momento nos opusimos a la primera reelección. En esa ocasión, quienes formamos parte de inmensa minoría advertimos que por cuenta de la reforma al articulito se abría el boquete para que el país entrara en un proceso de desinstitucionalización.

La idea de que toda norma es susceptible de ser cambiada para beneficio de unos pocos que están en el poder se ha convertido en dogma en este gobierno. Si en la terna para Defensor del Pueblo debería ir una mujer, según la ley, pues hagamos caso omiso de la norma; qué importa que en el interregno su reelección termine empapelada, como ya sucedió. Si hay políticos uribistas que están siendo investigados por la Corte Suprema de Justicia por sus vínculos con los paras, pues hagamos una reforma dirigida a favorecerlos, y si hay fallos de esa misma Corte que no nos gustan -como el de Yidis-, pues desconozcámoslos. Con esa misma óptica es que ahora el gobierno se da el lujo de decretar la conmoción interior para penalizar la lucha sindical. Pero tranquilos: mientras el país se desencuaderna y el mundo se desangra económicamente, en la Casa de Nari los áulicos y los vasallos de Uribe siguen divirtiéndose jugando a la bolita. Un país en esas a lo único que se parece es a una republiqueta.

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