Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/03/19 00:00

Una segunda oportunidad

Esas políticas de que hablo, que para los colombianos han sido catastróficas, han tenido beneficiarios: sus promotores

Una segunda oportunidad

Al cabo de 10 años —en realidad casi 30— de recetas neoliberales para la economía colombiana hasta sus promotores se declaran perplejos ante los resultados: crisis, quiebras, saqueos, emigración, ruina, hambre. ¿Y qué proponen entonces? Más de lo mismo: profundizar en las medidas neoliberales. Con el argumento, irrebatible, de que si no hubiera sido por ellas estaríamos todavía peor.

Al cabo de 20 años de “guerra frontal contra la droga” dictada por los Estados Unidos, y en vista de sus efectos —violencia, corrupción, arrasamiento ecológico, desmoralización social, y más droga—, ¿qué proponen quienes la han librado? Más de lo mismo. Más erradicación, más policía antinarcóticos (y además, ejército), más leyes, más cárceles, más guerra. Con el argumento, también irrebatible, de que si no se hubiera emprendido la guerra frontal contra la droga la situación sería aún más grave.

Al cabo de 50 años de represión por la fuerza de la protesta popular y su expresión armada, y ante sus consecuencias —crecimiento y multiplicación de las guerrillas, aparición de los paramilitares, corrupción del ejército, éxodos masivos de población, ruina del campo, crecimiento de la violencia en las ciudades, desprecio por la vida, disminución de la autoridad del Estado, caos político, derrotas militares— ¿qué proponen? Más de lo mismo. Más helicópteros, más brigadas móviles, más pie de fuerza, más paramilitares, más asesores norteamericanos, más gasto, más guerra. Con el argumento, irrebatible por supuesto, de que sin ella la guerrilla ya se habría tomado el poder y los colombianos viviríamos en la barbarie, en vez de gozar de las delicias de este Estado de Derecho en el que vivimos y morimos contentos.

Digo que son irrebatibles los argumentos que los autores de esas políticas fracasadas dan en su defensa, porque no se pueden rebatir: no ocurre con los experimentos socioeconómicos como con los de laboratorio, que pueden repetirse. La lógica de los defensores de las políticas que nos han traído al horror que hoy vivimos —el neoliberalismo, la guerra frontal contra la droga, la represión brutal de la protesta— recuerda la de aquel señor que andaba por las calles de París parándose cada tres pasos para pegarse a sí mismo una violenta bofetada. Cuando le preguntaron por qué lo hacía, respondió:

—Para espantar a los elefantes.

—¡Pero si estamos en París! —le dijeron. — No hay ni un solo elefante en mil kilómetros a la redonda.

Y él reviró triunfal, irrebatible:

—¿Ven cómo el método sí funciona?

Lo cierto es que es mayor aún la estupidez de nuestros contumaces que la del señor de París, porque por lo menos a él nunca lo atacó un elefante; y en cambio las políticas aplicadas aquí han multiplicado los rebaños de esas bestias. La economía se destruye cada día más, el narcotráfico y la producción de drogas han aumentado, y la guerra se ha salido de madre. Las soluciones han agravado los problemas. Más: las soluciones han sido los problemas.

Pero no creo que se trate de simple estupidez. Creo más bien lo contrario. Porque esas políticas de que hablo, que para los colombianos en su conjunto han sido catastróficas, han tenido sin embargo beneficiarios directos: sus promotores, justamente. El neoliberalismo ha empobrecido al país, pero ha enriquecido a muchos. La guerra contra las drogas lo ha destruido, pero ha promovido las carreras políticas de muchos. La represión lo ha desangrado, pero a muchos les ha dado poder.

Por eso quieren todos ellos seguir aplicando las mismas recetas: les conviene. Como los hampones que el gobernador de Cundinamarca confirma en sus cargos, quieren tener una segunda oportunidad.

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