Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/11/03 00:00

Una semana hecatómbica

Creer que Samuel gobernará asesorado por las Farc ha llevado a suponer a muchos uribistas que el presidente, en este caso, está desconectado de la realidad

Una semana hecatómbica

El anuncio del presidente Uribe de que se lanzaría a una segunda reelección en caso de una hecatombe dio, por su ambigüedad, para todo.

Por un lado, para que El Tiempo publicara como un hecho que entre los planes de Uribe estaba su reelección en 2010. Por otro, para que El Colombiano dijera que Uribe no aspiraría a una nueva reelección.

Es que previamente a la frase de la "hecatombe", Uribe había dicho algo tan sensato como que "no es conveniente que un Presidente se perpetúe en el poder". Pero la "hecatombe" fue la que se robó los titulares de los periódicos.

Total, la mejor definición de lo que quiso decir el Presidente la da El Nuevo Siglo: "Es un no con un sí tácito y condicionado que deja, de todas maneras, las puertas abiertas a la posibilidad de un nuevo mandato".

Este despelote que armó el Presidente con sus declaraciones coincidió con el desplante de la Casa de Nariño hacia el alcalde electo de Bogotá, Samuel Moreno. A la hora de escribir esta columna la situación seguía en las mismas. Pero por primera vez tal vez en todo su mandato, una posición tan combativa del Presidente tenía desconcertados a muchos uribistas, que normalmente le han dado la razón en todas las broncas previas que él acostumbra a armar por cuenta de su fuerte temperamento.

Repasemos las más recientes: en sus peleas con los periodistas, como con Alejandro Santos y más recientemente con Daniel Coronell, el uribista raso se pone feliz. La opinión cree que muchas veces a los periodistas se nos va la mano, sobre todo a la hora de criticar a Uribe. Ve a SEMANA como un medio antiuribista y a Coronell como un columnista de oposición que pretende que cuando hay que llevar urgentemente al hospital al papá y al hermano heridos de gravedad por las Farc en una finca, uno se ponga a pedirle la hoja de vida al dueño del helicóptero. En cuanto a la confrontación verbal entre Presidente y columnista, no fueron pocos los que opinaron que Uribe tenía todo el derecho de defenderse. Y desde luego, la opinión que no está con Uribe considera que Daniel se batió como un león.

En la reciente pelea contra la Corte los uribistas le dieron también la razón. Ante la posibilidad de que se estuviera chantajeando a testigos para que salpicaran a Uribe de paramilitarismo, la Corte cerró filas en torno al magistrado señalado y archivó cualquier investigación al respecto. Los antiuribistas pensaron que el Presidente tenía delirio de persecución y cucarachas en la cabeza. Los uribistas, en cambio, que era inaceptable este complot contra el Presidente.

Sin embargo, en el conflicto con Samuel Moreno la unanimidad de los uribistas frente a las batallas campales que acostumbra a plantear el Presidente, está flaqueando.

A diferencia de lo que tradicionalmente el uribismo ha percibido en Uribe, un hombre de pantalones que dice verdades políticamente incorrectas pero al fin y al cabo verdades, casi nadie considera a Samuel Moreno una amenaza que justifique el tratamiento desobligante que el Presidente le está aplicando.

A Samuel algunos lo pueden criticar por light, por clientelista, por estar mal rodeado, (hasta por anapista, por quienes no gustan de su ascendiente político). Pero distinto de que las Farc simpaticen con unos miembros del Polo como el senador Dussán, que dice que no está con ellas pero tampoco contra ellas, yo no veo a Samuel gobernando al vaivén de los deseos de las Farc, así en sus años mozos hubiera exhibido en una entrevista recién desempolvada una tendencia burguesa a ver loables los objetivos de las Farc, cuando todavía no eran el mayor cartel de la droga.

Creer que Samuel gobernará asesorado por las Farc ha llevado a suponer a muchos uribistas que el Presidente, en este caso, se está desconectando de la realidad. Como consecuencia, mientras el antiuribismo reafirma su tesis de que los tres años que todavía restan de este gobierno son una locura de largos, muchos uribistas están opinando que ocho años, y no más, serán suficientes para que Álvaro Uribe haga lo que vino a hacer por el país.

Uno puede no comulgar con el Polo, pero la posibilidad de que Lucho Garzón o Carlos Gaviria lleguen a ser algún día presidentes de Colombia es muy distinta a la de tener a 'Tirofijo' y a 'Jojoy' en las colinas de Suba.

¿O será que al Presidente no le parece?

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