01 marzo 2013

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Una valorización degradada

Por Germán Uribe

OPINIÓNEsta valorización, entre iniquidades, incoherencias y contradicciones, atraviesa una crítica situación por el hacer las cosas a la topa tolondra.

Una valorización degradada. .

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La sola pregunta ofende. ¿Paga usted a gusto el impuesto de valorización? Y, con seguridad, quien emprenda tal encuesta se verá a gatas para que el Concejo, el IDU, o el alcalde, le acepten ese alarmante 99% del enfurecido no. Y qué raro: los responsables de nuestro bienestar nunca se dan por e
nterados de nuestro malestar. Y siguen tan campantes…

Si bien es cierto que la prensa, en este caso y por fortuna ejerciendo un valioso papel fiscalizador, ha hecho lo suyo para condenar o prevenir abusos, también lo es que no lo ha dicho y hecho todo. Me refiero a que de los impuestos antipáticos, sobredimensionados y peligrosos -como quiera que se dan eventos en los cuales la “víctima” prefiere vender su propiedad antes que seguir pagando “contribuciones” con lo poco que tiene para su sustento y sobrevivencia, o tirar piedra y quemar cuentas de cobro- éste es quizás, a más de desproporcionado, inequitativo y rayano en la perversidad, y el menos técnicamente elaborado. Y los medios deberían decirlo y repetirlo en voz alta y con toda claridad. 

Y es que todo indica que su diseño se hace a las volandas, valorando aportes obligatorios en conjunto sin consideración a circunstancias particulares y vendiendo la idea de que un puente peatonal, una ampliación vial o un parque ubicado a cuarenta o cincuenta cuadras del “beneficiado”, justifican su sacrificio económico. De ahí que insista en que la prensa no lo ha dicho todo. Por ejemplo, haber encuestado con minuciosidad a los miles y miles de propietarios de los estratos 1, 2 y 3 para denunciar que lo que se presenta con empaque de “contribución cívica al progreso de la ciudad” no es más que un cuasidespojo. Y que las millonadas recaudadas en los estratos 4, 5 y 6, no se usan todas para las obras prometidas y en su mayoría no cumplidas, sino que se va en muchos casos a las arcas de los oficinistas corruptos, de los contratistas inmorales y en sobrecostos debidamente consentidos por unos y otros.

El concepto y la aplicación de la valorización así, no son más que tiros de gracia al derecho a la vivienda que tenemos los colombianos y en donde así se aplica, ya sea en Bogotá o Cartagena, en Medellín o Armenia, en Ibagué o Bucaramanga, siempre prevalecerá el disgusto y la protesta.

No obstante lo anterior, nunca me he opuesto a la existencia de este mecanismo de contribución de los propietarios de viviendas y otros inmuebles a fin de que la ciudades mantengan un ritmo de desarrollo y modernización acordes con las necesidades poblacionales. Pero no en la forma como se viene haciendo, por ejemplo en Bogotá desde hace aproximadamente 70 años.  

Resumiendo, veamos los factores negativos que golpearían el bolsillo de 1’721.000 hogares capitalinos para la quimérica construcción de 35 obras y los diseños de otras 21.

En primer lugar, ni usted ni yo sabemos cuáles obras se hicieron con los aportes anteriores, cuáles están paralizadas y cuántas han pasado de agache luego de ser financiadas por la ciudadanía. La pregunta del ciudadano común sigue siendo la misma: ¿por qué no terminan primero lo ya iniciado y después sí comienzan los estudios de costos, diseños, planos, licencias y adquisición de predios para proponer las nuevas? Sólo ahora vinimos a saber con claridad de un rezago de 7 años y un déficit mayor a los 400.000 millones de pesos.

Pero hay más: valorizaciones de índole local, por la multiplicidad de obras y proyectos y el afán de recaudos impositivos, terminaron afectando sectores que asumirían costos de andenes o puentes peatonales “que nada qué ver” para los habitantes de Cedritos o el 20 de Julio, dándose paulatinamente la impresión de ser una valorización general con cobro disperso por toda la ciudad.

El censo de predios a los que se les asignó el cobro acusa fallas protuberantes habida cuenta de que no es nada fácil determinar individualmente una liquidación que comprende área, pisos, usos y estrato en relación con la cercanía de las nuevas obras en semejante cantidad de inmuebles. Y, por añadidura, tampoco se previó la capacidad económica de los aportantes. 

Igualmente, no es razonable que los costos administrativos causados por el cobro de la valorización también los tengan que asumir los esforzados contribuyentes. Muy parecido a lo que hacen los bancos cuando nos cobran hasta por informarnos sobre la cantidad de plata que nos están manejando.

La pretensión de pasar en recaudos de 850.000 millones a 1,4 billones de pesos no nos trasnocha si esto se hace con equidad y eficiencia. En cambio nos complace la intención de eximir del cobro de valorización a unos 400.000 predios de estratos 1, 2 y 3, con avalúos por debajo de 80 millones de pesos, el límite máximo de hasta dos veces lo que el dueño de un inmueble paga por impuesto predial al año y la nueva fórmula simplificada según la cual se tendrá rigurosamente en cuenta los avalúos catastrales y las cercanías precisas respecto de las nuevas obras.

En todo caso, si la valorización es un gravamen que se asigna a las propiedades inmuebles con destino a la construcción de una “obra, plan o conjunto de obras de interés público” y se fija sólo a los propietarios o poseedores de bienes inmuebles que se favorezcan directamente con ello, teniendo en cuenta, además, la exigua capacidad de pago de algunos contribuyentes, que así sea… y bienvenida. 

Pero es que la aplicación de esta valorización sobresaturada de iniquidades, tal como están las cosas, yendo y viniendo entre incoherencias y contradicciones, atraviesa una crítica situación debido al estilo habitual por parte de los últimos Concejos y alcaldías capitalinas de hacer las cosas a la topa tolondra. 

Es, entonces y por ello, ésta, definitivamente, la más desvalorizada de todas las valorizaciones.   

--

*Nota del autor: 

Ayer en la madrugada fui asaltado en mi finca de Subachoque, a dos minutos del pueblo, en donde vivo desde hace cerca de dos años. Estaba solo ya que mi mujer, actual Secretaria General de Ecopetrol, por razones de trabajo, no pudo viajar esa noche. Vendado los ojos, con un trapo entre la boca que por su camuflaje era sin duda una bufanda militar o paramilitar, atado fuertemente de los pies y de las manos en la espalda, me arrastraron por el piso infringiéndome torturas a punta de puños y patadas y rompiéndome la frente muy cerca de la sien con la cacha de un revólver lo que me costó una docena de puntos. Mallugado y en lenta recuperación.

No quisiera creer que este ataque sangriento haya sido producto de una “lección” por mis columnas en Semana.com escrita con independencia, crítica y contestataria y numerosas veces contra Uribe y sus nefastos gobiernos, y frentera contra el uribismo y toda la recalcitrante derecha de este país, tan abierta y convenientemente enemiga de la paz.

Correo electrónico: guribe3@gmail.com
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