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Opinión

  • | 2017/01/19 21:01

    Una voz contra los colados

    Quizás si Leonardo hubiera sentido ese respaldo ciudadano, hoy estaría aquí con nosotros, exigiéndole a los vándalos que cumplan las normas básicas de convivencia.

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A Leonardo Licht lo mataron en el centro de Bogotá. Él murió en las manos del vandalismo que recorre la ciudad, ese que se expresa, por ejemplo, colándose en Transmilenio. Este joven fue asesinado por decirle a un individuo que pagara los 2.000 pesos que cuesta el pasaje del sistema de transporte público. Leonardo, es una víctima del sistema judicial colombiano, el cual dio libertad a su atacante unos días antes del trágico hecho. Pero también, nosotros los ciudadanos que no denunciamos, que no alzamos nuestra voz de descontento ante los vándalos que sacuden Transmilenio, tenemos un grado de responsabilidad ante tan lamentable hecho.

Algunos personajes atribuyen el alto número de colados al sistema Transmilenio, al costo del pasaje. Sin embargo, vale la pena recordar que cuando las tarifas se redujeron por parte de la administración anterior, el fenómeno de los colados, no disminuyó. Por el contrario, ha sido una problemática que ha venido creciendo día a día y en parte, gracias a esa reducción de precios, el sistema hoy afronta un hueco fiscal cercano de los 800 mil millones de pesos. También es necesario ver otros ejemplos, como el del Metro de Medellín. Donde un viaje de tipo eventual cuesta 2.300 pesos, pero los colados se ven en menor proporción. Lo que demuestra que el problema no se debe exclusivamente al costo del pasaje, pues el del Metro es más caro que el del Transmilenio, sino y más grave, a un factor cultural.

Se estima que anualmente Transmilenio pierde 200 mil millones de pesos, esto se traduce en que cada 2.000 pesos que un usuario deje de pagar, los pagamos todos. Bien sea con recursos líquidos de nuestro bolsillo, por el aumento que se debe hacer en el sistema para estabilizar las finanzas del mismo, o para que pueda funcionar. Los colados también inciden en el aumento de tiempos en los viajes dentro del sistema y en deficientes condiciones de los buses, corredores y estaciones, poniendo en riesgo la vida de miles.

Es claro que hoy en día tenemos un sistema que se encuentra deteriorado por falta de voluntad gubernamental, dado que para el 2016 debería haber completado los 389 km de extensión, de acuerdo a los estipulado en el CONPES 3039 del 2000, pero solo cuenta con 112.9 km de longitud. Esto se traduce en la saturación del sistema. Pero a nosotros también nos corresponde la promoción del civismo: cuando un colado entra a la estación, nuestro silencio es cómplice de que esa situación se repita. No habrá código de policía, puertas anti colados o multas que valgan, sí nosotros los ciudadanos no alzamos conjuntamente la voz de rechazo contra todos aquellos que afectan el bien común. Quizás si Leonardo hubiera sentido ese respaldo ciudadano, hoy estaría aquí con nosotros, exigiéndole a los vándalos que cumplan las normas básicas de convivencia.

Asesor en temas de movilidad
Corporación Andina de Fomento

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