Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2010/10/16 00:00

Unámonos en torno a Edward Santos

Porque Edward es mucho más que la mascota personal del Presidente: es la maqueta de nuestra moral y simboliza lo que somos como país.

Unámonos en torno a Edward Santos

No son momentos fáciles para la patria: el jueves pasado un enano de Nepal le arrebató el título del hombre más pequeño del mundo a Edward Niño, llamado ahora Edward Santos desde que el Presidente decidió darle el apellido.

Se lo quita un enano nepalí que acaba de cumplir la mayoría de edad y mide tres centímetros menos que él.

La dicha nos duró apenas cinco semanas. Chile da lecciones de unidad nacional para rescatar a unos mineros, Perú se gana el Nobel con la portentosa obra de Vargas Llosa y nosotros, en cambio, perdemos lo único que teníamos para mostrar en el exterior. No son momentos fáciles para la patria. Estallada en pedazos la prótesis mamaria de Laura Acuña y destronado Edward de su récord mundial, ya no nos quedan motivos para sentir orgullo patrio ni símbolos que nos unan como país.

La economía se duele ante la noticia. El dólar está deprimido. Y no solo el dólar: yo también. Colombia vive de falsas esperanzas. Nos dicen que se retira 'el Profe' Vélez, pero lo seguimos viendo a diario. Y uno se sienta a trabajar, y el Alcalde no lo permite: monta un simulacro de terremoto tonto e innecesario. La verdad es que en Bogotá ya estamos acostumbrados a los siniestros desde que Iván Moreno y sus amigos se tomaron la capital. Lo único destacable de esa jornada lo protagonizó Angelino, que hizo un simulacro de evacuación, pero en el baño; asunto que, como es lógico, es preferible no ventilar.

No tenemos nada. A falta de verdaderos motivos de alegría, celebramos un bombardeo como si fuera un triunfo futbolístico. Aún recuerdo cuando mataron a Jojoy. Me descubrí a mí mismo dichoso, exultante, a punto de salir a la 15 a tirar harina. ¿Cómo no alegrarse, si bailaba música electrónica como si fuera joropo? Pese a que había un cadáver de por medio, me sentía feliz. Incluso comencé a soportar a Rodrigo Rivera, a quien en adelante llamaré 'el Sodomita' para que nadie le quite la autoría de la Operación Sodoma, y quien hasta entonces me parecía un hombre postizo. Mírenlo a la cara: ¿es idea mía o se está haciendo peeling? ¿No tiene algo raro en los ojos? ¿No se está depilando las cejas?

Bien: no puede ser sano un país que solo celebra bombardeos. Rodeemos a Edward. Basta con un solo brazo. Desde que perdió el título, en Palacio lo han visto bastante disminuido. Lo cual nos favorece, hay que decirlo.

Ayudarlo a que recupere su récord no será fácil. Dentro del mismo gobierno Edward cuenta con múltiples enemigos. Mauricio Santamaría es el primero. Está fundido de que el servicio de seguridad diga que hay un enano en Palacio cada vez que llega a una reunión de Conpes. Ministro: no se dé por aludido, no se confunda. Todo el mundo sabe que un enano a secas es cualquiera: José Obdulio, por ejemplo, o Morenito; que el hombre más bajo del mundo es 'el Pincher' Arias; pero que el colombiano más chiquito del mundo solo puede ser Edward, el pequeñín que le habla al Presidente, ya no digamos al oído, sino al tobillo; el minúsculo hombre al que el mandatario consiente sobre los muslos durante los consejos de ministros, y que duerme en la urna de cristal en la cual iban a mandar a Arias a Italia, antes de que 'el Pincher' renunciara con todos sus arrestos. Corrijo: antes de que 'el Pincher' renunciara por todos sus arrestos.

Advierto que Santos me ha sorprendido gratamente. Se ha rodeado de buenos ministros, como Germán Vargas, que se convirtió en la mano derecha del Presidente cuando, paradójicamente, quien necesita una mano derecha es Germán Vargas. Ha presentado leyes importantes, como la de las víctimas, y les restó importancia a propuestas vacías como la de anular los ceros de los billetes, medida que atentaría contra Angelino, que es un cero a la izquierda, y contra Ernesto Yamhure, que es un cero a la derecha.

Aprovecho que estamos en manos de un estadista para solicitarle que lidere la retoma del récord de Edward; que haga de ese empeño un propósito nacional que nos hermane a todos, como lo hizo su colega Piñera con los mineros.

Porque Edward es mucho más que la mascota personal del Presidente: es la maqueta de nuestra moral y simboliza lo que somos como país.

Señor Presidente: haga algo. No espere a que Pachito sea mayor de edad para que él le arrebate, a su vez, el título al nepalí: nadie nos garantiza que Pachito no fracase también en eso.

Basado en su estilo empresarial, ofrezca bonos de éxito a los funcionarios que den resultados: tiente al 'Sodomita' Rivera con tratamientos gratuitos en Bellísima, que incluyan cremas humectantes y depilación láser no solo en las cejas, sino en el biquini, para que monte un operativo que acabe con el enano de Nepal: quiero ver a ese enano disfrazado de guerrillero en Ocaña cuanto antes, por el bien de los intereses nacionales.

Señor Presidente: designe a Edward Santos como Alto Comisionado de su gobierno. Y póngalo a fumar. No permita que Colombia sea un país al que se le crecen los enanos, por que hoy empieza Edward pero mañana sigue Arias. Cambie un articulito en honor a él. Ordene que hagan una estatua suya en tamaño real y póngala sobre el pastel de celebración del bicentenario. Y deje en claro que a nuestro hombre récord nadie puede pordebajearlo.

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