Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2014/10/21 00:00

    Urbanizar el proceso de paz

    La discusión sobre los avances en las negociaciones con las FARC se centra en el sector rural. ¿Y dónde quedan las ciudades?

COMPARTIR

La población en Colombia es ahora más urbana que rural, sin embargo, se sigue pensando el país, en términos de acuerdos con la guerrilla de las FARC, desde el campo. Claro, desactivar la confrontación con este grupo subversivo pasa por resolver los graves problemas agrarios, pero, ¿qué pasa con las ciudades?

Centrar las discusiones en el agro, incluyendo allí el tema de los cultivos ilícitos, y no tener claro cuál será el impacto de los posibles acuerdos sobre las ciudades, genera un riesgo de gran calado: que el ciudadano de la ciudad, desentendido de estos temas por décadas, no participe en la refrendación de los acuerdos por la vía que se elija para ello.

Por muchos años, miles de habitantes de las grandes ciudades asumieron la guerra en el país como un asunto lejano, en las montañas y en las selvas, entre otras razones porque nunca fueron víctimas ni tuvieron entre sus familias afectaciones directas derivadas del accionar de los grupos armados ilegales, tanto de izquierda como de derecha, como de sectores criminales del Estado.

La confrontación armada les llegó a través de la radio, la televisión, la prensa impresa, el Internet y las conversaciones con amigos y vecinos. No tuvieron otros puntos de contacto que los sensibilizara sobre lo que estaba ocurriendo más allá de las fronteras de su ciudad. Y eso generó un desconocimiento que se siente en la coyuntura en la que estamos.

Durante este año particularmente se han convocado decenas de foros, congresos, seminarios, talleres y conversatorios, donde han confluido expertos de diversos temas relacionados con el conflicto armado, el desarrollo, la economía y los medios de comunicación. En algunos de ellos ha habido lleno completo, en otros, menos taquilleros, solo unos pocos curiosos.

Muchos de esos eventos centran sus contenidos en las víctimas del conflicto y acuden a ellos aquellas personas que sí fueron afectadas por las acciones bélicas. Escuchan las intervenciones con juicio y aportan a la reflexión. Así han pasado mañanas y tardes.

He tenido la oportunidad de asistir a algunos de ellos en diversas regiones del país y pese entrar en contacto con personas que me transmiten experiencias significativas de las cuales aprendo siempre, tengo la percepción de que el tema de las negociaciones con la guerrilla de las Farc en La Habana aún no le llega al ciudadano de las urbes colombianas, a ese hombre y mujer que trasiega las calles, los centros comerciales, las avenidas, los parques, los cines.

Siento que el proceso de negociación como el que se lleva con ese grupo subversivo, que cumplió dos años y ha generado toda clase de expectativas entre algunos sectores políticos, sociales, económicos y académicos,  aún no entusiasma en las ciudades. ¿Cuáles pueden ser los factores que estén incidiendo para esa falta de interés? Por el momento, expongo dos aspectos.

En primer lugar, pienso que centrar el discurso en las víctimas del conflicto se está volviendo contraproducente para los propósitos de masificar la idea de una salida negociada con las Farc. Muchos ciudadanos no afectados por la guerra se sienten marginados del debate de la guerra porque no la vivieron ni la padecieron y, por tal razón, el Estado no les llegó con ofertas preferenciales de educación, educación, salud y empleo.

Si bien en este país hay por lo menos seis millones de personas que son víctimas de la confrontación armada en las últimas décadas, hay otro gran volumen de población, particularmente urbano, que no fue afectada por esas acciones, pero que también tienen grandes necesidades básicas insatisfechas y que deben someterse a las grandes falencias que tiene el Estado para atenderlos.

Considero que el discurso de promoción de la paz debe ser más amplio, más ciudadano, más urbano, si se quiere tener a su favor un caudal de votos más amplio para respaldar los acuerdos, si es que se llega a esa fase del proceso con las FARC.

En segundo lugar considero que en esa apatía ciudadana de las grandes capitales colombianas está incidiendo no solo el vacío de información con respecto a lo que se viene acordando en La Habana, sino la ausencia de una conexión clara sobre los efectos que tendrían los acuerdos en las ciudades. ¿El gobierno nacional, que tiene la tarea de promoverlos, tiene claro ese impacto?

La gente tiene hoy un mayor acceso a los datos, los comentarios, las opiniones y a los documentos a través de los medios digitales, pero se requiere más que acceso a la información para entender lo que pasa en la isla de Cuba y respaldar lo que allí se decida. Si ese ciudadano que hoy está al margen de los diálogos no se involucra con conocimiento, es probable que esos acuerdos no tengan el suficiente apoyo urbano para concretarse en un posible escenario de posconflicto.

Una gran masa de gente de las ciudades, acostumbrada a ver a la distancia la guerra, sin sentir sus efectos directos, tendrá que decidir sobre problemas sustanciales del país de cara a una salida negociada con las FARC, pero aún está al margen, la paz también la ve a lo lejos, como un asunto del campo, y hasta ahora no se observan estrategias de gobierno ni de organizaciones privadas, de lucro o sin ánimo de lucro.

Si bien hay un énfasis en el sector rural como detonante de la guerra desatada por las FARC contra el Estado desde hace cincuenta años, un asunto tan complejo no puede resolverse sin la participación de los ciudadanos de las ciudades. El proceso de paz hay que urbanizarlo para garantizar su respaldo.

En Twitter: jdrestrepoe
(*) Periodista y docente universitario
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.