Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2004/04/25 00:00

Uribe otra vez

Nadie le obedece, nada le resulta, sus iniciativas políticas carecen por completo de efectos prácticos. Y no pasa nada

Uribe otra vez

Cada vez que escribo sobre algún tema internacional me regañan un montón de lectores. A los colombianos no les gusta (y no me incluyo yo, porque a mí sí) saber que el resto del mundo existe.

Salvo Miami, claro. Muchos de los lectores que me reprochan que no escriba exclusivamente sobre temas de Colombia lo hacen desde Miami.

Les voy a dar gusto. No voy a escribir sobre Bush, que está perdiendo su mentirosa guerra de Irak, y que la está perdiendo en buena parte por haber creído sus propias mentiras al respecto: aquella de que los iraquíes iban a recibir al ejército ocupante como a su salvador. Y que al perderla está incendiando todo el mundo árabe. Ni voy a escribir sobre Ariel Sharon, que con sus asesinatos de jefes palestinos, y su construcción del muro israelí de la vergüenza, y su decisión apoyada por Bush- de quedarse para siempre con la Cisjordania ocupada, está haciendo totalmente imposible que pueda haber paz en la región en el futuro previsible. No voy a escribir ni sobre Ben Laden ni sobre la nueva Constitución de la Unión Europea. Es decir: no voy a escribir sobre nada importante de lo que sucede en el mundo -y, aunque no lo queramos, nos afecta-.

Voy a escribir sobre el presidente Álvaro Uribe. Cuyas aventuras y desventuras, curiosamente, en nada nos afectan. Uribe va, viene, grita, regaña, viaja a Washington o a Bruselas, a Valledupar o al Huila, trabaja sin cesar. Y no pasa nada. Es muy raro: es como si fuera incorpóreo. Nadie le obedece, nada le resulta, sus iniciativas políticas carecen por completo de efectos prácticos. Y no pasa nada.

¿Se han fijado los lectores? ¡Cómo se agitó Uribe con su referendo, cuya no aprobación iba a significar la catástrofe definitiva para el país! Fue al Parlamento, fue al programa Gran Hermano de la televisión, fue a diez pueblos, tanto de tierra caliente como de tierra fría, convocó a sus leales, a sus adversarios, a los indiferentes. Se gastó una fortuna en hacer campaña a favor del referendo. Y el referendo no pasó. Y no pasó nada. Luego nos presentó la panacea para acabar con los paramilitares: la alternatividad penal, que consistía en que, si se los perdonaba y premiaba, ellos dejarían las armas. Ellos dijeron que no, que no dejaban las armas, y tanto dentro del uribismo mismo como en la llamada "comunidad internacional" -las Naciones Unidas, la Unión Europea, los propios Estados Unidos- hubo protestas: ese perdón generoso a los autores de masacres monstruosas no se ajustaba al derecho internacional, ni a la más laxa noción de la justicia. Con lo cual Uribe echó pie atrás, cambió el proyecto. y tampoco pasó nada. Luego se varó en el Congreso el proyecto estrella del estatuto antiterrorista, absolutamente necesario, por lo que decía el Presidente, para que funcionara su política de "seguridad democrática", que ni es democrática ni garantiza la seguridad, por el contrario. Pero se varó el proyecto. y tampoco pasó nada. Como no pasó nada cuando al cabo de menos de un año de iniciado su gobierno se le empezó a desgranar el gabinete que iba a durar cuatro años: murió Juan Luis Londoño, se fue Junguito, y poco después tuvieron que renunciar el superministro Londoño y la ministra Ramírez. Sin que pasara nada. Las muy cacareadas reformas políticas siguen sin aparecer. Pero no pasa nada. La anunciada reforma y racionalización de las Fuerzas Armadas está sumida en el caos. Y sin embargo tampoco pasa nada.

Y ya verán: cuando no pase tampoco la reelección, y se le hayan ido a Uribe en "trabajar y trabajar y trabajar" sus cuatro años de gobierno sin que pase nada, tampoco va a pasar nada.

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