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Opinión

  • | 2012/08/22 00:00

    Y Uribe qué: ¿complicidad o torpeza?

    Si una docena de elefantes -ya no uno- se le mete a la sala de su casa, ¿cómo hace usted para decir que no los vio?

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Con motivo de la confesión de culpa del general Mauricio Santoyo ante una corte de Virginia (Estados Unidos), Semana.com explicó así por qué éste prefirió aceptar los cargos en lugar de declararse inocente: “el sistema de justicia estadounidense tiene unas variables estadísticas que son usadas por las partes en cada uno de los procesos. Se llama Estudio de Probabilidad del Caso, que la Fiscalía aplicó con un resultado de 80 por ciento de probabilidades de vencer a Santoyo en juicio, con base en el alto volumen de pruebas que tenían en su contra. Santoyo y su abogado vieron que insistir en la inocencia podía ser letal para su futuro”.

Si este mismo “Estudio de Probabilidad del Caso” se le aplicara al expresidente Álvaro Uribe, no para identificar su grado de complicidad con Santoyo –que no se descarta- sino para determinar si tenía conocimiento de sus andanzas, resulta estadísticamente improbable que no lo supiera.

Ahora bien, si dicho estudio lo hiciéramos extensivo a la multiplicidad de casos en los cuales gente de su entorno se ha visto involucrada con actividades delictivas, resulta estadística y matemáticamente imposible que la gran mayoría hubiera ocurrido a sus espaldas, en consideración sobre todo a su obsesión por el tema de la seguridad. Parodiando al cardenal Pedro Rubiano del Proceso 8.000, si una docena de elefantes -ya no uno- se mete a la sala de su casa, ¿cómo hace usted para decir que no los vio?

Hablando precisamente de la Casa (de Nariño, para el caso que nos ocupa) resulta desde todo punto de vista incongruente, absurdo y delirante que el presidente de la República hubiera tenido durante varios años a Mauricio Santoyo como el jefe de su seguridad personal y a Jorge Noguera en la dirección del DAS (o sea en los dos más sensibles cargos de la Presidencia), y que ambos hubieran resultado un par de delincuentes de la más alta peligrosidad, que lograron burlar los férreos controles que –como es de suponer- debía aplicar Uribe en la escogencia de sus colaboradores.

En columna anterior ya habíamos reflexionado en torno a si tiene algún asidero lógico que dos individuos tan habilidosos y de tan refinada mente criminal le hayan metido al presidente de Colombia semejantes golazos a lo que constituía su primer círculo de seguridad personal, o si más bien fue que él mismo buscó y contrató a personas que reunieran esos perfiles para el desarrollo y aplicación de su muy particular visión de la Seguridad Democrática.

En busca de una respuesta coherente, son de obligatoria mención las famosas ‘chuzadas’ del DAS, definidas por la Sala Penal de la Corte Suprema como una “empresa criminal” que, con base en las evidencias recopiladas, habría sido fraguada y coordinada desde la propia Casa de Nariño. Es pertinente entonces recordar que por este caso está preso el exsecretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno, mientras que la exdirectora del DAS María del Pilar Hurtado logró evadir la acción de la justicia con la eficaz ayuda de su exjefe. Pero los traemos a colación porque hay un hilo conductor que une a los cuatro citados (Santoyo, Noguera, Moreno y Hurtado), como es la interceptación ilegal de líneas telefónicas a magistrados, periodistas, políticos opositores y defensores de derechos humanos.

Podríamos de aquí saltar a la más criminal de todas las operaciones que se adelantaron durante el gobierno de Álvaro Uribe, los también famosos ‘falsos positivos’, que si no fueron ordenados por él, sí contaron con su consentimiento (y falta ver si con su conocimiento), como lo demuestra la férrea defensa que viene haciendo de todos los soldados y oficiales involucrados, a los que sigue considerando “héroes de la patria injustamente perseguidos por la Fiscalía”.

Si a lo anterior sumamos los señalamientos que se le hacen a Andrés Felipe Arias por Agro Ingreso Seguro, a Luis Carlos Restrepo por las falsas desmovilizaciones, a su primo Mario, su hermano Santiago y los generales Rito Alejo del Río y Mario Montoya por nexos con grupos paramilitares (y dejamos por fuera casos como la Yidispolítica, la visita clandestina de alias Job a Palacio o tantos otros que harían la lista interminable), sería de obligatorio recibo concluir que hace diez años elegimos para presidente a una persona que demostró infinita torpeza para escoger a sus colaboradores, motivo por el cual cobraría vigencia cierto trino que en días pasados circuló por Twitter, falsamente atribuido a @ErikaSalamanca: “Uribe sigue siendo un gran hombre, cuya confianza fue traicionada por la manada de hampones que trabajaron a su lado”.

De remate: Hablando de Twitter, @AlvaroUribeVel escribió desde su cuenta que "GralSantoyo debe decir a la justicia si recibió mal ejemplo". La pregunta del millón no es esa, sino por qué el propio presidente de la República le dio tan mal ejemplo al país al escoger a semejante calaña de gente para trabajar tan cerca de él.

http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/
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