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Opinión

  • | 2011/07/01 00:00

    Uribe y el "tribunal de la opinión pública"

    Asistimos al reencauche del "Estado de opinión" en su versión post-presidencial: "el tribunal de la opinión pública, uno donde los jueces no fallan en derecho sino con control remoto en mano".

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Era inevitable. La falsa alianza entre Uribe y Santos, quienes representan dos proyectos de Estado diametralmente opuestos, debía desmoronarse más temprano que tarde. El conflicto entre un modelo agrario centrado en favorecer ilegalmente a los terratenientes, los ganaderos y - de carambola - a los paramilitares, de un lado; y otro, en favor de los desplazados, los campesinos y los desposeídos, en suma, de las principales víctimas de la violencia rural, era fundamentalmente inconciliable: sus impulsores no podían seguir de romance, mucho menos ahora que la justicia está desmantelando esa enorme red de corrupción que fueron los anteriores ocho años de gobierno.

A las escaramuzas iniciales en Twitter (el famoso RT de Uribe donde llamó “Judas colombiano” a Santos, como reacción a su afirmación de que cuando estuviera de ex presidente a él lo verían “dictando clase y no molestando al mandatario de turno”) siguió hace poco la declaración frontal de guerra. Uribe, en una delirante entrevista otorgada al diario La Tarde, dijo que este gobierno lo quería “graduar de corrupto”, como si no fueran todas las vergüenzas de su gobierno las que lo graduaron con mención magna cum laude en materia de corrupción.

Vino el contraataque de Santos en una declaración donde mencionó la existencia de “dos manos negras” en Colombia, una de ellas la de extrema derecha, que quiere difundir la sensación de inseguridad en el país y se opone a la reparación de las víctimas. Un mensaje cuyo destinatario directo era nítido, pues coincidió con la campaña de descrédito emprendida por Uribe y sus peones de los medios contra la gestión del gobierno.

La embestida mediática de Uribe no es casual. Está fríamente calculada para recuperar ante la opinión pública el capital político que ha perdido en los estrados judiciales. Después de su breve intervención de la semana pasada ante la Comisión de Acusaciones, quedó claro que su interés no es controvertir los argumentos jurídicos (¿acaso alguna vez lo ha hecho?) por los delitos que se le imputan debido a las chuzadas del DAS, sino hablarle directamente a los colombianos, apelar al que considera su árbitro natural, esto es, el televidente.

Ese mismo día, Uribe le dio una entrevista a Claudia Gurisatti en La Noche. Hubo dos cosas rescatables de la función:

En primer lugar, Uribe dejó claro que su estrategia en adelante consistirá en martirizarse ante sus seguidores, en presentarse como la víctima de una “persecución política”, que en el lenguaje uribista equivale básicamente a la “aplicación del Código Penal”. Tanto el tono, como las palabras utilizadas por el ex presidente durante toda la entrevista, fueron sintomáticas de su nueva economía de medios.

En segundo lugar, dijo Uribe que él creía en dos tribunales, el de la justicia y el que denominó “tribunal de la opinión pública”. Esta estrategia viene de atrás, es el manido método del “Estado de opinión”, la idea de que mientras cuente con el apoyo popular el político puede pisotear la justicia y las instituciones, ahora reencauchada para la etapa post-presidencial.

El tribunal de la opinión publica, aupado durante ocho años por varios grandes medios del país y el pseudoperiodismo de entrevistadores mediocres que le siguen a Uribe el juego de convertirse en su megáfono, no ha perdido vigencia. Si la corrupción pelechó y luego hizo metástasis hasta alcanzar los escandalosos niveles actuales, fue no solo debido a los funcionarios corruptos, sino en buena medida por culpa del mal periodismo. Pocas cosas le hacen tanto daño a una democracia como un periodista mediocre: mientras un funcionario corrupto encubre a su jefe en la oficina, un periodista de bolsillo puede llegar incluso a justificarlo ante el país.

La perspectiva del tribunal de la opinión pública, con base en la cual Uribe impulsó sus dos reelecciones (tanto la segunda, fallida, como la primera que fue consumada mediante delitos) reposa además en la creencia, alimentada por los medios y las firmas encuestadoras, de que la calidad de los gobiernos coincide con su popularidad. Un falso silogismo esperpéntico que de tomarse en serio terminaría justificando hasta el régimen nazi (recuérdese que Hitler fue muy “popular” mientras invadía Europa y masacraba judíos).

La relativa orfandad mediática en que se había sumido Uribe durante los últimos diez meses acaba de terminar. En la entrevista que le hizo Caracol Radio a Juan Manuel Santos el lunes pasado, hubo contraataque del presidente -con muchos más modales, desde luego- a la arremetida mediática de Álvaro Uribe para desacreditar a su gobierno.
 
Con la diferencia sustancial de que Santos sí responde lo que se le pregunta puesto que, al menos por el momento, no tiene nada que esconder. La propuesta del Ministro del Interior Germán Vargas de reformar el impeachment (la actual patente de corso para la delincuencia presidencial) y sus recientes críticas a los exfuncionarios del gobierno de Uribe, también hacen parte de la defensa del gobierno.

La gran tragedia de las democracias contemporáneas es que las discusiones más delicadas ya no se dan solo ante las cortes, sino también, y a veces sobre todo, ante el dudoso “tribunal de la opinión pública”, uno donde los jueces no fallan en derecho sino con control remoto en mano. La pregunta que surge ahora es quién ganará la contienda mediática.
 
De un lado tenemos un ex presidente que logró seducir buena parte de los medios durante su gobierno para que le sirvieran de caja de resonancia, pero cuyo descrédito crece exponencialmente a pesar de que se empeña en defender la cuadratura del círculo de que su gobierno fue impoluto, mientras los fallos judiciales lo refutan a diario. Del otro lado de la esquina, está el hijo natural de los medios ahora convertido en el presidente impulsor de la reforma agraria más ambiciosa de la historia de Colombia. Hagan sus apuestas, yo ya hice la mía.

@florezjose en Twitter

http://iuspoliticum.blogspot.com

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