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Opinión

  • | 2011/01/14 00:00

    Uribe, el ventrílocuo

    En dos recientes columnas de Ernesto Yamhure, una en El Espectador y otra en Caracol Radio, qué tanto hay de Yamhure y qué tanto de su mentor ideológico, Álvaro Uribe Vélez.

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El acontecimiento político de la semana es fácil de identificar: la columna escrita de Ernesto Yamhure en El Espectador del jueves pasado, donde dijo que el presidente Juan Manuel Santos Calderón es “de izquierda”, y la hablada del mismo autor ese mismo día en Caracol Radio con el mismo propósito: atacarlo de frente, sin contemplaciones.
 
Lo que mucha gente se pregunta es qué tanto hay de Yamhure y qué tanto de su mentor ideológico, Álvaro Uribe Vélez, en ambas columnas. ¿O acaso una columna es de uno, y la otra del otro? Mejor dicho, ¿hasta qué punto se trataría de un acto de ventriloquía de Uribe contra Santos, para decirle a rajatabla lo que la actual correlación de fuerzas entre el santismo y el uribismo le impide espetar, en su peculiar estilo frentero?

Para salir de dudas, basta un ejercicio sencillo: tomar la columna que Yamhure leyó en Caracol Radio, transcribirla a texto y, donde el quintacolumnista se refirió al ex presidente Uribe en tercera persona, convertirlo en primera persona, en boca de ya sabemos quién.

Ustedes juzguen:

“El pasado lunes, mientras el país terminaba la temporada de vacaciones, Juan Manuel Santos me visitó en mi casa de Rionegro. Llevaba dos semanas esperando que yo lo recibiera. Fueron muchos los mensajes de insistencia, hasta que –a pesar de las recomendaciones de mis más cercanos colaboradores para que no lo hiciera- resolví aceptar la visita de Santos. No fue ni mucho menos un encuentro cordial. Juan Manuel Santos me reclamó por los talleres democráticos que comenzarán en los próximos días, y que serán ejecutados como actos políticos de Primero Colombia, movimiento político que me llevó dos veces a la Presidencia de la República. Santos está angustiado por la realización de estos talleres, y más aún, porque se realicen por fuera del Partido de la U.

Pero el asunto no terminó ahí. Yo, fiel a mi talante directo, enemigo de la hipocresía y de los mensajes sibilinos, elevé mi queja por las actuaciones de quien conquistó el voto de nueve millones de colombianos, convencidos de que él en efecto encarnaba las políticas de continuidad llevadas a cabo por mí. Fue así como de mi boca salieron las siguientes inconformidades:

Primera: el nombramiento de mis peores enemigos en dos cargos ministeriales.

Segunda: haber convertido al dictador venezolano, ese mismo que ha dicho que soy un mafioso, un asesino, un maniobrero, en su nuevo mejor amigo, teniendo en cuenta que siendo Juan Manuel Santos mi ministro de Defensa, le generó tremendos líos diplomáticos a mi gobierno por cuenta de su incontinencia verbal frente al régimen chavista.

Tercera: haber metido a Juan Camilo Restrepo en el gabinete, después de que Santos me imploró que impidiera la elección de éste en la Federación de Cafeteros.

Cuarta: promover una Ley de Víctimas y Tierras que menoscaba el honor de la Fuerza Pública y que acabará la confianza inversionista en el sector agropecuario.

Así las cosas, no es difícil concluir que aunque de dientes para afuera haya mensajes de amistad y cordialidad entre Santos y yo, la relación política de nosotros dos está prácticamente liquidada.

Por ahora, seguiré en lo mío. No se sorprendan si en los próximos días anuncio públicamente que respaldaré a Enrique Peñalosa, a la alcaldía de Bogotá”.

http://www.jorgegomezpinilla.blogspot.com/
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