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Opinión

  • | 2003/03/03 00:00

    ¿Uribe vs Londoño, o Londoño vs Uribe?

    El ministro Londoño está a punto de que su inteligencia y brillantez terminen siendo opacadas por la ridiculización

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Nuevamente el ministro Londoño se expresó más de la cuenta en un auditorio. De manera bastante imprudente le dijo al presidente venezolano Hugo Chávez todo lo que los colombianos queremos decirle. Pero los gobernantes no están ahí para darle gusto a la gente en lo que quiere oír, porque eso no siempre coincide con lo que debe decirse o callarse en bien de los intereses generales del país.

Por la gravedad de la situación que Londoño había dejado planteada con Chávez, Uribe se vio obligado a desautorizarlo al día siguiente pidiendo moderación en la vehemencia de sus ministros y no intromisión en los asuntos de otras carteras. El incidente no era de poca monta: mereció primera página de El Tiempo.

Mas oh sorpresa: a los pocos días fue el propio Uribe el que salió a jalarle las orejas a Chávez, insinuando que de alguna manera su gobierno está facilitándoles la vida a las Farc. Algo muy grave debe estar pasando -que la opinión pública no conoce- desde que Colombia decide cambiar totalmente la estrategia de prudencia con la que hasta ahora, y por delicada que sea la situación para Colombia bajo el gobierno de Chávez, hemos venido utilizando con cuidado extremo.

Sin embargo, muchas cosas extrañas suceden aquí. ¿Por qué se atreve el ministro Londoño a 'mandársele' a Venezuela sin previa autorización del Presidente? ¿O será que sí la tenía? ¿Y si la tenía, por qué lo desautoriza? ¿Y si no estaba autorizado, por qué lo avaló posteriormente? Estas preguntas dan lugar a los siguientes escenarios:

a)Que Londoño está caído y quería que lo sacaran dando, previamente, un sonoro trompetazo.
b)Que Londoño estuviera actuando como mosquetero de Uribe, diciendo las cosas que el Presidente quiere pero no puede decir.
c)Que Londoño se haya emocionado tanto durante su discurso -él con frecuencia produce ovaciones en el auditorio cuando confunde su estatus de Ministro con el de candidato presidencial- hasta el punto de que se le haya 'chispoteado' la vaciada contra Chávez.

La correcta parece no ser la a), porque Londoño no se ha caído todavía.

Si la correcta es la b), no tiene sentido que el Presidente lo desautorice públicamente en términos tan tajantes para luego salir a apoyarlo en el tema Chávez, en el que se supone que Uribe utilizó a Londoño para no meterse tan de frente.

Todo parece indicar que la correcta es la c). Que nuestro hombre se emocionó, y después de insultar al juez del caso Rodríguez Orejuela, de agredir a los abstencionistas del referendo y de retar duramente a los narcos, se fue lanza en ristre contra Chávez.

Altas fuentes me dicen que al día siguiente llamó al Presidente y le ofreció miles de excusas "por haber metido la pata". Aquí es donde el Presidente reacciona con el primer comunicado pidiendo mesura en las expresiones y respeto por las carteras de otros Ministros.

Pero luego mis altas fuentes se quedan nuevamente sin respuesta ¿por qué entonces la segunda salida de Uribe contra Chávez, lo que de alguna manera avalaba lo dicho por su ministro Londoño?

Hay teorías: o que Londoño se haya sentido incómodo con la desautorizada del Presidente y hubiera ofrecido su cabeza, ante lo que el Presidente suavizó su posición. O que el presidente Uribe sepa que lo que Londoño dijo sobre Chávez es verdad, y haya decidido meterse en el tema, aprovechando para dejarle en claro a Londoño que si bien comparte su preocupación por la colaboración del gobierno venezolano con las Farc, no es ni Londoño el conducto para opinar sobre este tema en nombre del gobierno, ni era el tono que se necesitaba para no agravar aún más las relaciones con los vecinos.

No sale bien librado, sin embargo, el ministro Londoño de este episodio. Cuando logró posesionarse y todo el mundo comenzaba a captar su enorme inteligencia y su don de la oratoria, se ha venido descubriendo que el Ministro del Interior y de Justicia no es ni de lejos un ventrílocuo del Presidente. Sus intervenciones públicas son producto de su propio libreto y han adquirido una dimensión de espectáculo que entretiene a muchos -hasta los presentadores de televisión sonríen con su vehemencia- pero haciendo gala de un estilo que no es efectivo ni viable.

El ministro Londoño está a punto de que su inteligencia y brillantez terminen siendo opacadas por la ridiculización.

Como Ministro de la política, su única prioridad es crear consensos y no disensos. Lo seguro es que entre los 44 millones de colombianos el que menos consensos genera es Londoño.

El episodio de Venezuela deja una clara lección: lo que a Londoño le sobra en egolatría, le falta en equilibrio.
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