Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2010/02/27 00:00

¿Uribismo sin Uribe?

¿Uribismo sin Uribe?

Dos días antes del fallo del referendo reeleccionista, la Corte Constitucional recibió la visita de una persona cuyo nombre me reservo. Se presentó como garante de una propuesta: si la Corte declaraba exequible el referendo, él les garantizaba que el Presidente renunciaría a sus pretensiones re-reeleccionistas. De esa forma, agregó, "se evitaría que el mandatario saliera por la puerta de atrás".

Esa propuesta, propia de una republiqueta, fue tan sólo una de las tantas presiones que de manera soterrada se ejercieron contra los nueve magistrados de la Corte Constitucional. Para fortuna de nuestra averiada democracia, el alto tribunal, de manera valiente, hizo caso omiso de estas presiones y hundió el referendo por vicios de forma y de fondo, cerrándole para siempre al presidente Uribe la posibilidad de volver al poder por las vías democráticas. Sin embargo, para el uribismo este fallo puede significar el inicio de su desmoronamiento.

Por lo que hemos visto, ni siquiera Juan Manuel Santos tiene ganado su título como heredero del uribismo. Así todo indique lo contrario luego de la reunión que presidió en las vísperas del fallo de la Corte en el Metropolitan Club; reunión que fue convocada por José Obdulio Gaviria en calidad de alto dirigente de la U y a la que asistieron reconocidos contratistas de este gobierno como Luis Fernando Jaramillo -quien también aportó dineros en el proceso irregular de recolección de firmas para el referendo-; funcionarios públicos como Bernardo Moreno, secretario general de Palacio, y como Edmundo del Castillo, secretario jurídico de la Presidencia, quien ese mismo día había hecho una visita de toda una mañana a la Corte Constitucional. Mejor dicho: a esa reunión sólo faltó que llegara el procurador Alejandro Ordóñez y su pupila, la ternada para la Fiscalía, Margarita Cabello -ella también estuvo visitando la Corte-, para concentrar lo más granado del uribismo que se dice respetuoso de las normas y de las garantías electorales.

Entre tanta personalidad tan encumbrada nadie se dio cuenta de que había alguien que no había asistido a ese cónclave del uribismo. Ni de que esa persona era nada más ni nada menos que Rodrigo Rivera. Las dudas de por qué Rivera no asistió esa noche a la reunión en el Metropolitan quedaron disipadas el viernes a los pocos minutos de conocido el fallo de la Corte Constitucional. Vicky Dávila le preguntó a Rodrigo Rivera si Juan Manuel Santos era el heredero del uribismo. Rivera, para sorpresa de quienes lo estábamos viendo, respondió con una carga de profundidad. Según él, había muchos con esa posibilidad y de plano descartó el nombre de Juan Manuel como heredero de ese legado político. Eso sin contar con el hecho de que en la U hay senadores abiertamente opositores a la jefatura de Juan Manuel Santos, como sucede con Armando Benedetti y Jairo Clopatofsky. En otras palabras, en el uribismo sin Uribe, Juan Manuel Santos va a tener que pelear su carrera hacia el poder como si fuera un plebeyo.

Pero no sólo hay una pelea abierta entre Rivera y Santos por la heredad de la seguridad democrática; también hay figurones políticos que sin Uribe en escena pueden terminar sin gasolina. No creo que José Obdulio vaya a detentar el mismo poder que hoy tiene en las altas esferas si Juan Manuel Santos o Rodrigo Rivera llegan a ser los jefes del uribismo. Sin Uribe es probable que José Obdulio Gaviria tenga sus días contados. Y sin Uribe es probable que muchos de los políticos que integran el PIN -el brazo armado del uribismo- no se sientan tan a gusto y opten por hacer toldo aparte o ingresar al Partido Conservador, como de hecho ha sucedido con muchos de los integrantes de Convergencia Ciudadana que hoy han sido recibidos como hijos pródigos en las toldas azules. Sin Uribe en la campaña, el Partido Conservador se va a alejar del uribismo y Uribito perderá lo que le queda de fuelle, al tiempo que una figura como Noemí Sanín, la más antiuribista de las uribistas, sale fortalecida.

Sin Uribe, el uribismo difícilmente puede mantenerse unido. Y su fraccionamiento en pequeñas islas está ya cantado. Ese es el destino que corren los movimientos que concentran en la persona y no en las políticas el ejercicio del poder.

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