Viernes, 24 de febrero de 2017

| 2006/02/12 00:00

Uribismos varios

Uribe se lanzó solo. Porque se sabe que partidos uribistas hay muchos, tantos como jefecillos politiqueros. Y que lo que cuenta no es el número de partidos, sino de votos

Uribismos varios

Hay actualmente en Colombia, según calculan los politólogos, nada menos que seis partidos uribistas, sin contar el partido conservador, que también lo es, ni el liberal, que pretende volver a serlo. Y sin embargo, cuando el presidente Álvaro Uribe anuncia el nuevo lanzamiento de su nueva candidatura presidencial, no lo hace a nombre de ninguno de los seis, ni de los ocho. Ocho partidos uribistas distintos, y un solo Uribe verdadero. En verdad en verdad os digo que grandes son los prodigios que le ha sido dado ver a esta generación de colombianos. Lanza de nuevo su candidatura el presidente Uribe, y no lo hace a nombre de ninguno de los ocho uribismos. Ni a nombre de aquel que la presentó hace cuatro años: nombre que ya he olvidado, que todos, incluido Uribe, hemos olvidado. Partidito de bolsillo, de usar y tirar cuando está sucio. Pero tampoco a nombre de ese que prometían que sería un magno "partido de partidos": el llamado "partido de la U", coordinado por Juan Manuel Santos desde las chompas de Tony Hilfiger que heredó de Andrés Pastrana, aquel a quien él mismo, cuando era su ministro, comparaba con Churchill. Partido "de la U": la U de Uribe. Todos los hijos de Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler, tenían un nombre que empezaba con H, para así homenajear al Führer: Helga, Hildegard, Helmut... ¿Cómo les irá a poner Juan Manuel Santos a los próximos hijos (políticos o biológicos) que tenga? Úrsula, Urbano, Urías... Pobres niños. Tiene que ser terrible tener un papá lambón. Los hijos de Goebbels lo pagaron con la vida, envenenados con arsénico por sus amantes padres en el búnker de Hitler sitiado por los rusos. Cuando Uribe pierda las elecciones ¿se suicidará Juan Manuel Santos con su mujer y sus hijos en la Casa Privada del Palacio de Nariño? No lo creo. Sobrevivirá. Aceptará un ministerio de Mockus o de Garzón. Santos es santista, como lo fue el doctor Santos. No se lanzó Uribe a nombre del santista "partido de la U" (el partido de los partidarios del gobierno, de tan vieja raigambre republicana). Pero tampoco a nombre de su principal rival uribista, el llerista "Cambio Radical" de Germán Vargas Lleras. ¿Cambio? Si lo que propone ese partido es otra vez lo mismo: a Uribe. Y en cuanto a lo de "radical", que significa "de raíz", no hablemos: su objetivo es el habitual "giro de 360 grados" que consiste en quedar otra vez mirando hacia el mismo sitio. Tampoco se lanzó Uribe a nombre del partido "Colombia Democrática", el partido familiar y casi unipersonal de su primo Mario Uribe. Ni a nombre del partido monógamo de Gina Parody, ni del paramilitar de Rocío Arias. Ni a nombre del partidito que absorbió el "de la U" para chupar su número (el uno) en el tarjetón electoral, llamado "Colombia Viva", que es un partido ya muerto. Ni a nombre del partido conservador, que como dije atrás es uribista en sus dos alas: la llamada oficialista, o sea, la que hasta ahora ha recibido de Uribe los puestos burocráticos que, como los tubos de suero a los moribundos, la mantienen en vida; y la pastranista, que acaba de engancharse también al aparato. ¿Queda algo más? Ah, sí. Se me olvidaba el Gran Partido Liberal. Bueno: pues resulta que tampoco lanzó esta vez su candidatura Álvaro Uribe a nombre del Gran Partido Liberal, que le brindó desde niño los peldaños sucesivos de su ascendente carrera, desde el de director de Aerocivil hasta el de gobernador de Antioquia. Ni la lanzó a nombre de la versión liberal prouribista del ex presidente Ernesto Samper, que sostiene que el antiuribismo es el suicidio, ni a nombre de la versión liberal antiuribista del ex presidente Alfonso López, que considera que el uribismo equivale a la eutanasia. Uribe se lanzó solo, y por su propia cuenta. Porque sabe que partidos uribistas hay muchos: tantos, quizá, como jefecillos politiqueros. Pero sabe también que lo que cuenta no es el número de partidos, sino el número de votos. Bueno. Vamos a ver ahora si por lo menos consigue el número de firmas.

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