Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2015/11/05 12:36

Paz y proyectos posconflicto

Mucho se está hablando sobre la firma del acuerdo de paz, anhelo de todos los colombianos, sin embargo, para llegar a ella, falta mucho camino por recorrer.

Paz y proyectos posconflicto

Podríamos decir que de la firma del acuerdo de paz a los proyectos posconflicto hay una enorme distancia, puesto que si bien se están dando pasos importantes para conseguirla, finalmente no vamos a saber qué hacer con ella cuando llegue el momento de empezar a alimentarla con los programas de: justicia transicional, restitución de tierras, el resarcimiento de las víctimas y lo más importante los proyectos posconflicto, que analizados en una u otra forma son la columna vertebral para sostenerla perdurable, duradera y sin repetición.
 
Debemos reconocer que la paz en los actuales momentos, es como la dama hermosa de finos ademanes, pero muy exigente, que solamente se compromete con el mejor postor, quien le brinde estabilidad social, económica permanente y duradera, puesto que de lo contrario, resultará yéndose para otros predios donde le ofrezcan una vida llena de halagos y buenas formas de vida, que no le implique sacrificios, puesto que de acuerdo a su origen, viene de ser conquistada por los altos mandos del poder; arrebatada a los grupos guerrilleros que la miman, la consienten y la quieren eternamente para sí.

Debemos entender que si bien el grupo guerrillero de las FARC ha cumplido con el cese unilateral al fuego decretado desde el mes de julio del año en curso, aún no cesan las hostilidades contra la población civil, la entrega de menores de edad que hay en sus filas que prometieron hacerlo, tampoco se ha cumplido; así como la explotación de la minería ilegal y las actividades de cultivo, producción y comercialización de drogas ilícitas, continua su rumbo, total, hay que señalarles linderos específicos de parte del gobierno para hacerles entender hasta donde les está permitido ciertos comportamientos ilegales en la antesala de la firma del acuerdo de paz, previsto según el presidente Santos, para el 23 de marzo del 2016.

Todas estas actividades deben ir enfocadas en acuerdos posconflicto, que finalmente se traduzcan en proyectos productivos, puesto que se trata de la valoración del recurso humano –grupos de las Farc– los cuales deben prepararse frente a los diferentes procesos de desarrollo de acuerdo a las capacidades y experiencias que manifiesten tener, sin ir a desviarles su vocación, puesto que en el pasado estos procesos han sido tan mal manejados que finalmente los recursos invertidos fueron a parar a organizaciones piratas o a los bolsillos de delincuentes de cuello blanco, muchos de ellos incrustados en las altas esferas del Estado.
 
De los cinco puntos acordados entre las partes, para llegar a un final feliz, no existe claridad en ninguno de ellos, y todo parece indicar que nuestro gobierno lo que pretende a toda costa es darles gabela, comprometiendo nuestro Estado de Derecho y dejando a sus víctimas en la más completa incertidumbre jurídica, que si bien diga, que serán resarcidas económicamente, no existe ninguna garantía de que ello vaya a ocurrir, puesto que son más de doce millones de compatriotas que se harán sentir en forma personal o por medio de apoderado y el gobierno no tendría presupuesto para responderles.

De otra parte, no nos  podemos precipitar a firmar el acuerdo de paz, sin haber definido cómo va a ser su refrendación por parte del pueblo colombiano, si mediante un plebiscito o una asamblea constituyente, mecanismos de participación ciudadanos que si bien están contemplados en el artículo 103 de nuestra constitución, hay que precisarlos y además agotar toda una pedagogía para que el día de votarlo no se vaya a incurrir en errores.

No olvidemos que los cinco puntos de la agenda de diálogo acordados, aún no están terminados y existen confusiones en varios de ellos que comprometen las instituciones democráticas, no hay claridad tampoco sobre la justicia transicional y la participación en política de los grupos guerrilleros de las FARC, que aun teniendo ánimo de  reincorporarse a la vida civil los acosa un pasado que ha sido violento y perjudicial para la estabilidad social y económica de nuestro país.

Sin embargo, como lo expresamos por esta columna en meses anteriores, consideramos que la Asamblea Nacional Constituyente, sería el camino más viable para que los colombianos hagan su refrendación, es el más claro, puesto que no debe contener preguntas en abstracto, sino concretas, sobre cómo debe el proceso de paz refrendado en las urnas.

Con el debido respeto por el Gobierno y el Congreso de la República, eso de darle al ejecutivo poderes omnímodos para que legisle durante noventa días sobre el proceso de paz, prorrogables por otros noventa, sería como hacernos el hara-kiri, aceptar que hemos entregado nuestros medios de defensa para que se señale nuestro futuro, por eso, considero que en la Asamblea Nacional Constituyente, esto no podrá ocurrir, y tanto colombianos como guerrilla de las FARC, quedaríamos en igualdad de circunstancias para labrar nuestro propio destino.

Puede que el camino de la Asamblea Nacional Constituyente, sea el más dispendioso, pero, para procurarnos una paz, segura y verdadera, con serios canales de sustitución, reparación y no repetición, es el camino más viable, la cual debe ser convocada por el Congreso de la República  y una vez sea votada pasará a conformarse teniendo en cuenta el censo electoral y fijando su hoja de ruta para que en un tiempo determinado señalado en la misma, proceda de conformidad con el mandato emitido por constituyente primario que es el pueblo.

Hacer lo contrario, sería darle papaya al presidente Santos para que se nos convierta en un dictadorzuelo, y empiece a recibir cátedras del tirano de Venezuela, Nicolás Maduro, que va camino a desconocer las elecciones que muy seguramente perderá en el mes de diciembre.

urielos@telmex.net.co

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