Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/04/29 10:47

Reforma política debe estar fuera del Congreso

Dejar la reforma política en manos de los congresistas es pecar de ingenuos. Ellos la harán a su acomodo, jamás en contra de sus propios intereses, con el fin de perpetuarse en el poder.

Uriel Ortiz Soto.

Pero también, es indudable que tenemos que hacer la reforma política para la etapa del postconflicto, puesto que muy seguramente, de acuerdo a como van las cosas, muchos de los guerrilleros reinsertados, querrán hacerse elegir: alcaldes y gobernadores, así mismo llegar a las corporaciones legislativas.

La reforma política requiere del plan tijera: transformando el congreso en Unicameral, reduciendo el número de congresistas a un máximo de cinco por departamento. Sin embargo, prever que ninguno se quede sin representación; se hace indispensable revisar también sus emolumentos, fijándolos en proporción a su asistencia, y de los proyectos de ley que presenten para beneficio de sus regiones.

Los legisladores de todo orden, podrán ser reelegidos por una sola vez, para evitar que se atornillen en el poder y empiecen a parir micos y orangutanes, que asfixian la vida democrática y administrativa de nuestro País, convirtiéndose en serios problemas de gobernabilidad para sus departamentos y municipios.    

Las Asambleas Departamentales, deberían ser reestructuradas o en lo que sea posible suprimirlas, en este caso fortalecer los Concejos Municipales y crear las veedurias ciudadanas como organismos ad honorem, para supervigilar los contratos y dineros públicos que ingresen a sus arcas por concepto de regalías, impuestos y otros.   

La elección popular de alcaldes también debe revisarse, en lo que sea posible dejarla para las ciudades capitales y municipios con más de cien mil habitantes. No se justifica una campaña política en municipios con menos de cien mil habitantes y un pírrico presupuesto, que se compromete en vigencias futuras, para elegir al candidato de turno de la rosca municipal.   

Para que una reforma política sea eficiente y confiable, se requiere de una convocatoria nacional, donde participen las universidades, las cámaras de comercio, las organizaciones gremiales de industria y comercio, los sindicatos, las organizaciones campesinas, las organizaciones femeninas y en fin, todas las que tengan que ver con programas de desarrollo comunitario, pero, muy especialmente las organizaciones de juventudes que deberán ser en todo momento los abanderados de tan importante causa.  

La convocatoria para la reforma política la deben liderar los partidos políticos que gocen de personería jurídica, y debería estar coordinada por el ministerio del Interior, esto con el fin  que se convoque a audiencias públicas en diferentes regiones del país, para escuchar los diferentes  puntos de vista de los ciudadanos y organizaciones.

Todos los municipios y departamentos, en mayor o menor grado, han sido víctimas de los malos manejos electorales, que mediante marrullas y caciquismos saben armas los políticos deshonestos, sin importarles el futuro de sus regiones, que en últimas son las más perjudicadas.

Por esta columna nos hemos pronunciado varias veces sobre este tema. Considero que llegó la hora para que los colombianos aunados esfuerzos, exijamos una reforma política que nos dé confianza de concurrir a las urnas a cumplir con nuestro deber de ciudadanos, eligiendo representantes en las corporaciones legislativas y cargos por elección popular: presidente de la República, gobernadores y alcaldes, a ciudadanos que sean verdadera prenda de garantía para nuestro bienestar y desarrollo de las regiones.

Es bastante decepcionante que después de pasadas unas elecciones y posesionados los nuevos funcionarios y legisladores, se venga una racha de demandas, puesto que se cometieron todo tipo de abusos como falsedades, trasteo de votos y en fin, toda una tramoya de inexactitudes que es hasta vergonzoso seguirlas enumerando, puesto que en nuestro país, los delincuentes electorales le salen adelante a los legisladores, son los que sugieren las normas para poderlas violar con pleno conocimiento de causa.   

Una de las razones del abstencionismo en Colombia es precisamente la falta de confianza del ciudadano en el sistema político electoral. Cada que pasa una elección siempre queda el sabor de que hubo fraude en determinados departamentos o municipios, precisamente, porque la organización electoral en nuestro país es sumamente precaria, para corroborar lo que estamos diciendo, basta tomar como referencia las últimas elecciones del 25 de octubre, donde se eligieron personas con problemas con la justicia o con pignoraciones en los organismos de control o inhabilitadas: doce gobernadores, cientos de alcaldes, diputados, miles de concejales y ediles; los tribunales y las altas cortes están atiborrados de procesos electorales, que vergonzosamente se fallan cuando el funcionario o legislador ya han cumplido su periodo.  

Esto no tiene por qué suceder cuando existen partidos políticos los suficientemente estructurados, que sean responsables por los avales que expiden y exijan de los candidatos, serios compromisos con sus electores. Lamentablemente esto no ocurre, en tiempo de elecciones conseguir una aval es sumamente fácil, dependiendo del tipo de cargo y del presupuesto que se disponga, se consigue a la vuelta de la esquina.    

El país vive angustiado por el caso de algunos congresistas que se atornillaron en sus curules, generando de paso el gamonalismo en las regiones y todos los demás vicios electorales habidos y por haber, tenemos por ejemplo el caso del senador Roberto Herlein Echavarria, que lleva más de cincuenta años rezongando en su curul, y sin embargo, no le parece “sucio y excremental”, estarle taponando la oportunidad a presentes y futuras generaciones que desean prestar un servicio serio y eficiente a sus regiones.

Considero que en la reforma política debe quedar estipulado que todo colombiano que llegue a una corporación legislativa, solamente tenga derecho a ser reelegido para un solo período, puesto que de lo contrario a partir del tercero, empezará a parir micos y orangutanes, con la consecuente cola burocrática y los demás vicios de corrupción, muy propios de quienes se consideran intocables.

Cuando el legislador se perpetúa en el poder, por lo regular en las postrimerías de sus reelecciones, empieza a perder la majestad de su grandeza, y sus adeptos a defraudarse, puesto que los proyectos ya no tienen la misma seriedad de la primera elección cuando se consagró como el líder indiscutible del municipio o departamento.

*urielos@telmex.net.co

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